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Coahuila

Las personas impulso

Por Irene Spigno

Hace 1 mes

Hace unos meses, en este mismo espacio, hablamos de las “personas hogar”. No sé si se acuerdan, pero hicimos referencia a aquellas personas que se sienten como un lugar seguro al que siempre podemos regresar.

Aquellas que nos cobijan, que nos reciben como somos y que, cuando estamos con ellas, podemos bajar la guardia, porque sentimos que estamos en casa.

Querida amiga, querido amigo: espero que tú también tengas en tu vida a alguna de esas personas, a las que siempre quieres regresar, y con las que todo intento de fuga cesa.

Sin embargo, hoy quisiera preguntarte algo diferente: ¿alguna vez has conocido a alguien que te haya transmitido las ganas de ser mejor?

Una persona que no necesariamente nos diga qué tendríamos que hacer, ni que intente cambiarnos. Alguien que no señale nuestros defectos ni pretenda explicarnos en qué deberíamos convertirnos.

Son esas personas que, de alguna manera, nos ponen en movimiento. Para mí, son las “personas impulso”.

Se trata de esas personas con las que, simplemente, algo sucede. Quizás nos generan ganas de hacer cosas: de empezar un proyecto que llevábamos demasiado tiempo posponiendo o de emprender algo nuevo.

Tal vez sean personas que nos inspiren a salir de nuestra zona de confort, a viajar, a escribir, a componer alguna canción. A hacer deporte y cuidar más nuestra salud física y mental. A atrevernos y volver a intentar aquello a lo que ya habíamos renunciado.

Son las personas que nos contagian posibilidades y nos impulsan a recuperar nuestros sueños e ilusiones, e incluso aquellas partes de nosotras y nosotros mismos que, por miedo o inseguridad, empezamos a olvidar.

Son las personas que despiertan en nuestro interior el deseo de crecer, que nos hacen sentir que somos suficientes, pero que todavía podemos brillar mucho más y que ponen el foco de nuestra atención en nuestras capacidades y posibilidades.

Muchas veces las situaciones y las relaciones que vivimos nos reducen y nos limitan: nos hacen dudar de quiénes somos y de nuestro valor, nos obligan a medir lo que pensamos y lo que decimos y, de alguna manera, nos llevan a perdernos.

Pero las personas impulso hacen exactamente lo contrario: nos ayudan a expandirnos. Después de compartir tiempo y energía con ellas podemos llegar a tener más ideas, más curiosidad, más ganas de hacer cosas, de crear y, simplemente, de vivir de una forma más plena.

No necesariamente nos transforman: quizás se limitan a revelar una versión de quienes somos que ya estaba ahí, esperando encontrar el impulso necesario para salir a la luz.

Quizás también valdría la pena que empecemos a considerar que la importancia de las personas en nuestra vida –sean familiares, amistades, parejas o colegas de trabajo– no debería medirse solamente por lo que sentimos por ellas, sino también por lo que esas personas consiguen que sintamos por nuestra propria persona y, especialmente, por las ganas que despiertan de avanzar y trabajar para construir nuestra mejor versión.

Sin embargo, no deberíamos limitarnos a buscar a nuestra –o nuestras– “persona impulso”. También tenemos que asumir la responsabilidad de intentar convertirnos en una de ellas.

¿Cómo? Con pasos sencillos: quizás creyendo en alguien cuando está dudando; celebrando e impulsando los sueños de otras personas; alegrándonos sinceramente cuando alguien más brilla; animando a alguien a intentarlo otra vez cuando algo no salió como esperado.

Si tienes a tu lado a una “persona impulso”, cuídala, agradécele y, sobre todo, déjate impulsar. Porque es una enorme suerte encontrar a alguien que nos impulse a ser mejores.

Pero quizás sea una suerte todavía mayor descubrir que también podemos convertirnos en ese impulso para alguien más.

 

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