“Los maestros no sólo nos dejan huella, nos enseñan a caminar y con el tiempo nos convierten en parte de su legado” .
Francisco Juaristi Santos
Quienes asistimos el pasado jueves 3 de septiembre, disfrutamos de un evento donde no sé si reconocer o felicitar a los maestros homenajeados o a los organizadores de la ceremonia y editores de un hermoso libro, Maestros que Dejan Huella, símil del nombre de la sección semanal que fue ideada por Jesús Alfonso Jiménez Álvarez en Tele Saltillo de Grupo Zócalo, de los señores Juaristi.
Fue un acto que reunió a las familias de los homenajeados, pero además contó con la presencia de quienes guían los destinos de la ciudad y del estado. Cincuenta maestros fueron incluidos en el famoso documento, y el proyecto no para ahí, pues Jiménez Álvarez reveló que hay en lista de espera más de 200 mentores que ha entrevistado a lo largo de este segmento de Maestros que Dejan Huella.
En honor a la verdad, la labor de un maestro es de las pocas que deja una huella imborrable en el alma. Reconocer su trayectoria, esfuerzo y dedicación no es sólo un acto formal, es un espacio de profunda gratitud y justicia histórica para quienes construyen el futuro en el presente.
Por eso mi afectuoso reconocimiento al contador Francisco Juaristi Santos, a su señor padre, don Francisco Juaristi Septién, principales directivos de Grupo Zócalo, de prensa, radio y televisión, porque cuando se premia a un docente se está reconociendo a la columna vertebral de la sociedad, y porque detrás de cada uno de nosotros hubo un gran maestro.
La ceremonia del 3 de septiembre, da para muchas columnas. A quienes participaron en la presentación del libro, ¡muchas gracias!, palabra que muchas veces se queda en silencio en el día a día, pero que hoy hay que resaltarla.
Me quedo con la intervención de Francisco Juaristi Santos, quien hizo una perfecta reseña de su llegada a Saltillo siendo un adolescente para estudiar la carrera profesional, que tuvo la oportunidad de hospedarse en tres casas, atendidas por maestros, pero además invitó a la ceremonia a cuatro de sus maestros del Tecnológico de Monterrey Campus Saltillo, donde se graduó de contador: Antonio Escobedo, Carlos Gutiérrez Aguilar, Ernesto Arroyo y Jesús Ochoa Galindo. Ellos le enseñaron las materias más complejas y desafiantes de la carrera, aquellas que a más de uno le quitaron el sueño. “Pero cuando uno vuelve a encontrarlos, tantos años después, los datos duros desaparecen y aparecen los recuerdos del corazón”.
La participación del contador Juaristi es para guardarse con ella, como parte de la historia de un joven profesionista, todo ejemplo y bondad, que plasma la gratitud, el reconocimiento y el humanismo de quienes fueron sus mentores. “Su presencia tiene para mí un significado especial, porque, al final, las huellas que recibimos a lo largo de la vida, terminan también formando parte de aquello que transmitimos a quienes vienen detrás de nosotros”.
Y es de admirarse la trayectoria de este joven profesionista de la contaduría y la comunicación, porque al dirigir las empresas de su familia, demuestra energía transformadora, visión y audacia para desafiar lo establecido, y no es lisonja lo que digo, ni alabanzas exageradas o con la intención interesada de ganar la voluntad, el favor o la confianza de él, es como coloquialmente de dice ahora: “la neta”, la verdad.
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