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| El autor aboga por una nueva visión del cuidado a partir del plantado en jardines y huertos.

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‘Las plantas cultivan en nosotros valores como la paciencia, la gratitud y la humildad; hablará hoy Santiago Beruete de jardines en Saltillo

  Por Agencia Reforma

Publicado el viernes, 11 de septiembre del 2026 a las 05:20


Tendrá el filósofo y escritor español Santiago Beruete un diálogo y presentará su libro Filosíntesis

Ciudad de México.- Cuidar una planta es un acto radicalmente político, afirma el antropólogo, filósofo y escritor español Santiago Beruete, autor de una obra que define como “fruto de la fecundación cruzada” entre literatura, jardinería, filosofía, educación y espiritualidad.

Jardinosofía: Una Historia Filosófica de los Jardines (2016) fue el primero de una serie de libros dedicados al tema –escrito con manos encallecidas por el uso de azadón, podadora, pala y rastrillo– y cuyo más reciente título es Filosíntesis: Espiritualidad y Filosofía Desde el Jardín, que presentará hoy a las 19:00 horas en la librería Los Librakos, localizada en el bulevar Venustiano Carranza 2551.

“Muchas veces pensamos que el tema de los jardines o de los huertos son las plantas, pero en realidad de lo que tratan, el cometido de los jardines y de los huertos, es de la belleza y el cuidado. Por eso creo que son un acto político.

“Creo que el mejor antónimo de guerra es jardín, porque el trozo de tierra cultivado para provecho humano es un símbolo más elocuente, más convincente que la paloma blanca o la rama de olivo que está en la bandera de las Naciones Unidas. Cultura, cultivo y culto están emparentados”, argumenta el autor (Pamplona, 1961).

Jardinósofo, escritor y profesor radicado en la isla de Ibiza, en España, reflexiona en entrevista acerca de cómo las plantas no sólo se cultivan, sino que también, ellas, “nos cultivan”.

“Las plantas cultivan en nosotros valores como la paciencia, la gratitud, el tesón, la perseverancia y la humildad.

“Estas virtudes inherentes al cultivo de un huerto, de un jardín, representan la antítesis del ardor guerrero, del instinto bélico, del furor destructivo. Por eso la cultura del jardín es la cultura de la paz y por eso también el jardín es un símbolo espiritual, pero también es un acto político”, puntualiza.

Verdor que arropa

Los recuerdos más apreciados de su primera infancia, cuenta Beruete, están asociados al jardín y a las rosas que cultivaba su abuela paterna.

“Ella era una mujer de mano verde que cultivaba un jardín de rosas y también tenía su huerto productivo; comíamos a veces de lo que ella cultivaba. Para mí ese jardín era una extensión del amor materno”, evoca quien se crió con su abuela tras perder a su madre.

En la adultez y ante la muerte de su padre, una separación y otras pérdidas, los jardines se convirtieron en refugio y terminaron por cobijar también su vida académica.

“Para entonces era profesor de filosofía y de sociología. Fue como si mi mundo profesional, académico y mi mundo íntimo, personal, confluyesen en el cultivo del jardín”.

De su tesis doctoral de filosofía Los Jardines de la Utopía: Ética, Estética y Política surgió Jardinosofía, que explora la relación entre la filosofía y el jardín. Luego siguieron Verdolatría: La Naturaleza nos Enseña a Ser Humanos; Aprendívoros: El Cultivo de la Curiosidad; Un Trozo de Tierra, y Filosíntesis.

Los primeros títulos aparecieron originalmente en Turner; en 2026 Penguin Random House los recuperó en nuevas ediciones bajo el sello Debolsillo y publica ahora el más reciente en Taurus.

Sentimiento militante

La cultura jardinera aboga por los límites y cuestiona el mito del crecimiento ilimitado, apunta Beruete, quien ha escrito también varios poemarios, colecciones de relatos, novelas y ensayos merecedores de diferentes premios.

En el planeta, que es un jardín terráqueo, la noción de límite es esencial, previene.

Refiere el aforismo “La valla hace al jardín”, que recoge en su obra y que considera una de las grandes ideas de la jardinería de todos los tiempos.

“En nuestro jardín planetario esa noción de límite es también el principio rector del pensamiento ecológico, del pensamiento verde. De la misma manera podríamos decir que este jardín planetario impugna la idea de un crecimiento ilimitado porque tiene unos límites biofísicos que llamamos biosfera”, dijo el autor que se ha presentado también en espacios como el Hay Festival.

La cultura jardinera también cuestiona la centralidad humana, porque la relación con las plantas supone comprender otras formas de inteligencia, apunta.

“Otro elemento que me parece que estimula mucho la cultura jardinera frente a estos mitos de la prisa, de la celeridad, del consumo desaforado, del expolio y del extractivismo es la idea de que el crecimiento material desvinculado del espiritual no nos conduce a ningún lado.

“Más allá de cultos, de credos, es la idea de que todo lo vivo está hermanado, de que todas las formas de vida están conectadas. Para decirlo con una frase del escritor León Tolstói: ‘La verdadera religión es el amor a lo vivo’”.

Recuerda que el filósofo Ernst Bloch definía la esperanza como un sentimiento militante y opina que nadie la encarna mejor que quienes cultivan.

“Ellos ponen en juego lo mejor de la especie humana: tesón, paciencia, gratitud, confianza… Nada que merezca la pena en esta vida se puede conseguir sin esas cualidades”.

Nueva conducción

Beruete advierte que no romantiza los jardines ni los huertos, porque también pueden ser un símbolo de estatus, marca de distinción e incluso escenario de luchas de poder.

“He escrito mucho sobre los jardines históricos, los jardines de la tradición, pero también hablo de los huertos vecinales, de los huertos comunitarios, de las terrazas, incluso de los jardines en las zonas marginales de las ciudades. Me interesa la cultura del cultivo.

“Cuando hablo de expandir esa cultura, creo que hay que ir hacia los espacios públicos, cultivarlos todo lo posible, reverdecer las ciudades, renaturalizarlas, frenar la frontera entre campo y ciudad, difuminarla todo lo posible, generar espacios colectivos donde todo el mundo tenga el derecho a estar cerca de un espacio verde, tenga un apartamentito de 15 metros o tenga una magnífica casa.

“No podremos encontrar solución a los males que nos afligen sin contar con las plantas. Y si reducimos (el jardín) a una marca de privilegio o de distinción iríamos hacia un caos insalvable”.

Para preservar el mundo, sus habitantes tendrían que asumirse como jardineros, insta: “Como custodios de ese jardín planetario del que forman parte y dependen para sobrevivir”.

“Al final no amamos más que lo que cuidamos y cuidamos lo que amamos”.

 

 

HOY:

Diálogo:

Escribir el Paisaje: Poesía y Naturaleza

Con Claudia Luna y Santiago Beruete

12:00 horas

Universidad Carolina (calzada Antonio Narro 707, Zona Centro)

Entrada libre

 

Presentación  de libro

Filosíntesis

De Santiago Beruete

Presenta Alan Argüello

19:00 horas

Librería Los Librakos (bulevar Venustiano Carranza 2551, Col. República)

Entrada libre

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