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Coahuila

Entre dos sillas: una historia de la vida real

Por Carlos Gaytán Dávila

Hace 3 semanas

No sé cuántos belgas haya en Saltillo, lo que sí sé es que, hace algunos años, la empresa radiofónica y televisiva Jaubert Organización de esta ciudad tenía un guardia de ese origen.
Recientemente, me encontré con un ciudadano venido de Bélgica, hace más de 40 años, a la capital del estado; Laurent Slowack, un alegre individuo, nativo de la comunidad denominada Sint-Niklaas, en ese país.

Él estudio filología germánica, pero sus inquietudes y gustos lo llevaron a radicar en nuestra ciudad, donde vive y trabaja en el área educativa desde 1980, quien me entregó su libro, Entre dos sillas, México y Bélgica o Bélgica y México, donde en perfecto español nos comparte sus felices gustos por sus dos tierras, dice que, en Saltillo, vive de vacaciones siempre bajo el sol mexicano, pues en Bélgica, dice, el astro rey, “es un invitado causal, repentino en los días de verano, cuando solamente se asoma muy de vez en cuando”.

Él se casó con una saltillense y tiene tres hijos y seis nietos. Ama esta tierra, como ama a la propia, pero se resigna porque cada vez son más esporádicos los viajes, a su tierra y máxime porque murieron sus padres.

El libro Entre dos sillas es una narrativa muy amena, con un lenguaje sencillo, como platicado, donde da cuenta desde el principio, cuando dijo a sus padres que emigraría y cómo escogió México, para radicar e iniciar una nueva vida. Él pudo quedarse en Estados Unidos, pero no quiso y decidió cruzar el río Bravo, “de mojado”, metafóricamente, pues ingresó por Piedras Negras, como indocumentado, y de ahí hasta Saltillo, donde fincó su residencia. Y, como afirma en su libro: “Contemplar la vida desde una u otra silla es un ejercicio de equilibrio”.

Atrás quedaron sus padres, sus familiares y amigos, que ahora cuenta con los dedos de la mano. Por años guardaron sus padres aquella hojita del calendario que marcaba el 23 de febrero de 1980, fecha en que abandonó su hogar para siempre.

De acuerdo con los datos más recientes del Inegi en Coahuila viven más de 25 mil personas nacidas en otro país, siendo Saltillo una de las cuatro ciudades con la mayor concentración de residentes extranjeros en la entidad (junto a Piedras Negras, Acuña y Torreón), de acuerdo con los datos sociodemográficos oficiales.

La Casa del Migrante de Saltillo señalan cree que cerca del 10% de los migrantes internacionales en tránsito deciden establecer su residencia permanente en el municipio en calidad de refugiados o asilados políticos, otros como Lauren Slowack, deciden nacionalizarse o conserva las dos nacionalidades.

Aquel 23 de febrero de 1980, Lorenzo como ahora adopta ese nombre en español, sale por última vez de su casa; ya nunca será volver igual, ni con los mismos sueños, menos con los mismos hábitos. “Me llaman Laurent, cuando salgo de Bélgica, en mi nueva tierra ahora me dicen Lorenzo, al parecer por el resto de mis días”. Aquel sábado 23 de febrero salió de su país, convencido de su misión, donde ni familiares, ni amigos verán sus lágrimas.

Para Laurent o Lorenzo, el recuerdo de su lugar de origen se convierte en una cicatriz que acompaña cada paso, recordando sabores, rostros y voces que ya no están cerca.
Muchos como él a veces enfrentan el miedo latente al rechazo, a la incomprensión y a la incertidumbre sobre el futuro legal o familiar.

“Migrar es dejar una parte de uno mismo en la tierra natal para sembrar la esperanza en un lugar desconocido. Esta travesía transforma el alma y redefine el significado del hogar”.

A pesar de aportar con su trabajo y esfuerzo al desarrollo de nuevas sociedades, el migrante muchas veces choca con la falta de reconocimiento institucional y social.

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