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Coahuila

Ventanas de sospecha

Por Guillermo Robles Ramírez

Hace 10 horas

Dieciséis años de cristales negros. No es necedad; es costumbre arraigada. Usted los ve pasar a mediodía por el bulevar Constitución en Torreón, o metidos en el tráfico pesado de las colonias del sureste de Saltillo. Camionetas pick-up, Suburban impecables, sedanes modestos y hasta taxis sin concesión clara. Ventanas oscurecidas al extremo. Tan negras que adentro solo se adivina un bulto, una sombra que maneja. A veces el parabrisas lleva la misma mímica.

En octubre de 2010 se quiso frenar esto. Fernando de las Fuentes, desde la Junta de Gobierno del Congreso local, empujó una ley para meter a la cárcel a los que mandaban polarizar sus naves. La propuesta sonaba lógica. Detrás del plástico oscuro se movían secuestradores, halcones y ladrones comunes aprovechando que la policía vial miraba para otro lado. Las multas en los bandos de buen gobierno ya estaban escritas. Pero retirarle la mica al infractor salía más caro que el cobro administrativo. Los alcaldes prefirieron no desgastarse. El polarizado se quedó. No se movió un milímetro.

Hoy las cosas cambiaron en el papel. El ayuntamiento de Saltillo aplica el artículo 37 de su reglamento vial. Si te cachan con micas que tapen la vista, el chiste te cuesta cuatro mil ciento siete pesos. Casi nada. En Torreón arman retenes relámpago cada semana. En la capital dicen las actas que multan apenas a cuatro cristianos por semana. ¿Y los talleres? Llenos. Siguen operando con normalidad en Monclova y Piedras Negras. El negocio no muere porque la demanda no baja. Según cortes del INEGI al cierre de 2025, el padrón del estado ya rasguña el millón cuatrocientas diez mil unidades. Son más de doscientas ochenta mil máquinas nuevas rodando en apenas tres años. Mucho coche nuevo. La misma maña de tapar al pasaje.

Por ahí andan presumiendo la ENVIPE 2026. Los números oficiales ponen a Coahuila con el 71.5 por ciento en percepción de seguridad. Primer lugar en todo México. Una medalla que contrasta con la media nacional que apenas roza el 24 por ciento. Hay músculo en las calles. Doce mil botas sumando al Ejército, la Guardia Nacional y las corporaciones estatales. Acaban de mover mil quinientos efectivos en el Operativo Espejo para blindar la frontera con Nuevo León.

Solo queda la duda incómoda. ¿Para qué sirven los millones invertidos en cámaras de video inteligencia y arcos carreteros si el coche que pasa enfrente es una caja fuerte de plástico negro? Un tipo con una corta en la cintura o un cristiano amordazado atrás no esperan a que la tecnología funcione. Les basta con ser invisibles tres segundos en el retén.

Aquella propuesta de hacer el delito penal terminó en el archivo muerto. Nadie pisó el cereso por traer los vidrios ahumados. Todo se arregló con una infracción que se paga con descuento si vas temprano, un operativo que dura dos días y promesas. Faltó mano firme. Mientras el tiempo pasa, la opacidad sirve para que cualquiera mueva lo que le dé la gana sin rendir cuentas. El fenómeno creció feo con la oleada de autos chocolate regularizados y el dinamismo de las plantas automotrices de la región.

Sale barato saltarse la tranca. Usted le entrega los billetes al oficial, arranca la película plástica con las uñas ahí mismo para que lo dejen ir y, a la media hora, ya se está estacionando en el local de la esquina para que se la peguen de nuevo. Privacidad exprés. El costo de mantener el anonimato sigue siendo un chiste comparado con el riesgo de que una lente del estado te registre la cara. En este Coahuila que se promociona como el oasis del norte, el vidrio oscuro es el elefante en la sala. Nadie lo quiere sacar porque implica pelearse con el ciudadano común que ya se acostumbró al lujo de esconderse, con el que tiene billete para pagar las multas y con los otros, los que de verdad necesitan que nadie sepa qué cargan.

¿Cuántas de esas sombras sobre ruedas cruzaron a Nuevo León o Durango mientras los helicópteros daban vueltas? Es pregunta sin respuesta. La paz pública se calcula con estadísticas de escritorio y despliegues de tropa. El éxito del cristal negro es más simple. Se mide en los ojos que tienen que cerrarse cuando deberían estar bien abiertos. (Premio Estatal de Periodismo 2011 y 2013, Presea Trayectoria Antonio Estrada Salazar 2018, finalista en Excelencia Periodística 2018 representando a México, Presea Trayectoria Humberto Gaona Silva 2023) www.intersip.org

 

 

 

 

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