Saltillo

Publicado el lunes, 12 de octubre del 2026 a las 08:35
Ramos Arizpe, Coahuila.– Cuando la ciudad duerme y el silencio se apodera de las calles, hay quienes aseguran que, en el antiguo panteón San Nicolás de Tolentino, las voces de los niños vuelven a escucharse. No son gritos de dolor ni lamentos de despedida, sino cantos, risas y juegos infantiles que, según los testimonios, parecen romper la tranquilidad de la madrugada.
Los llaman “Los Niños de la Oscuridad”, un grupo de pequeños que, según con las historias platicadas por antiguos trabajadores del cementerio y personas que transitaban por el lugar durante la noche, jugarían entre las tumbas cuando el reloj marca las dos de la mañana.

El escenario de estas narraciones es el panteón San Nicolás de Tolentino, un camposanto que data de 1870 y se encuentra en el barrio de La Loma, en el cruce de las calles Hipólito Charles y David Martínez Soto, a un costado del bulevar Miguel Ramos Arizpe.
En uno de sus rincones se encuentra una sección con alrededor de 15 criptas infantiles. Allí descansan pequeños que fallecieron por diversas causas durante las décadas de los cuarenta, cincuenta y sesenta.

Algunas de esas tumbas aún conservan los nombres de quienes alguna vez llenaron de alegría sus hogares; otras, deterioradas por el paso de los años, parecen haber quedado fuera de la memoria de los vivos.
Entre las historias que rodean este lugar sobresale el testimonio del antiguo panteonero Javier del Bosque Alcántar, conocido por el apodo de “Valley”, quien, según le contó al cronista de la ciudad, Raymundo de la Rosa Galván, confesó sentir temor al acercarse a esa parte del cementerio.

Aquel sitio le provocaba una sensación difícil de explicar. Hablaba de un aire extraño que le recorría el cuerpo y le erizaba los cabellos, una impresión que lo hacía sentir que no estaba solo, incluso cuando aparentemente no había nadie más entre las sepulturas.
De la Rosa Galván refirió la existencia de este pequeño sector infantil y las historias vinculadas con sus antiguos ocupantes. A través de las conversaciones que sostuvo con el panteonero, conoció relatos de personas que caminaban por la calle Hipólito Charles durante la madrugada y aseguraban haber escuchado cantos y rondas infantiles provenientes del camposanto.
” “Quienes cuentan estas historias describen sonidos semejantes a los juegos que se escuchan en cualquier patio escolar: voces pequeñas, canciones y rondas que parecían continuar alegremente en medio de la oscuridad”, relató el historiador.

Entre los nombres que permanecen ligados a esta sección está el de Norma Tadeo, quien falleció hace aproximadamente 78 años. Su recuerdo forma parte de las narraciones que alimentan la creencia de que algunos de aquellos niños y niñas siguen recorriendo, en forma de espíritus, los andadores del viejo cementerio.
También descansan allí Manuel Zaragoza, Margarita Solís y Julieta Pérez, nombres que sobreviven al paso de las generaciones. Para quienes conservan estas tradiciones orales, los niños fallecidos son considerados angelitos: almas inocentes que dejaron este mundo antes de conocer plenamente la vida.

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