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Coahuila

Playlist de sombras

Por Lizbeth Ogazón Nava

Hace 1 semana

“Ni la muerte, ni la fatalidad, ni la ansiedad pueden producir la insoportable desesperación que resulta de perder la propia identidad. Sumergirse en la nada supone caer en un olvido apacible”.H.P. Lovecraft.

El sábado 10 de octubre en The Sphere, el imponente recinto de tecnología inmersiva en Las Vegas, James Hetfield, vocalista de la banda Metallica, tras agradecer al público su tiempo y esfuerzo dijo que el grupo del cual también es guitarrista, “no estaba en ese lugar como otros artistas para influenciarlos con sus m#%&@s, que estaban ahí para olvidarse de toda la m#%&¡@ de fuera, porque su agenda musical es amor, energía y Heavy Metal”.

Aunque el cantante no mencionó a ningún otro rockero en específico, su discurso se viralizó inmediatamente debido al debate en la industria musical sobre el uso de los conciertos para promover posturas ideológicas.

Aunque Hetfield ya había declarado su preferencia para mantener las opiniones sobre política en el ámbito privado, a fin de no condicionar a sus seguidores, ese deslinde absoluto constituye una pérdida de identidad de una banda que bajo la influencia literaria del bajista Cliff Burton, construyó una ideología anti autoritaria en contra de la opresión del individuo, particularmente respecto de la guerra, el sistema político y el control a través de la religión.

A esta, la acompañó una subcultura global auto gestionada donde los seguidores copiaban y enviaban las canciones grabadas en cassette a través de correo para evadir el control de las grandes disqueras, como ejemplo de una mentalidad rebelde e inconforme.

La manifestación de James Hetfield es una renuncia a la identidad intelectual, en un triple dilema con la ideología contracultural que se inventó a Metallica.

Más aún, cuando se capitula desde el recinto tecnológico cúspide del hiperconsumismo y se valida la censura blanda en favor de lo establecido.

No se puede cantar Blackened al mismo tiempo que se adopta el papel de bufón apolítico para salvaguardar el colapso social exterior.

Metallica traicionó su historia para convertirse en un instrumento más de alienación.

 

Abismos de negrura y de locura,

donde el tiempo no rige su medida,

bajo el mar una sombra sumergida

sueña con despertar su edad oscura.

 

y el alma que se vende, enajenada,

ante la conveniencia al fin se entrega

al ver que la cordura está ya muerta.

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