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Publicado el domingo, 27 de julio del 2008 a las 14:00
Piedras Negras, Coah. Una infancia humilde
El noveno mes del año 1956 trajo la alegría que se extendería por 51 años al humilde matrimonio formado por el señor Antonio Duéñez Olguín y Virginia Robles.
Bajo el nombre de Sofía fue bautizada y durante los primeros diez años su inocente vida transcurrió en medio de polvaredas que abrazaban olores campiranos: Una viña a lo lejos, establos y animales de granja proveedores del alimento diario, sudor paternal prueba del arduo trabajo en la cosecha de don Toño y el nixtamal convertido en tortilla a manos de doña Virginia.
Segunda de una familia de siete hermanos (Fermín, Refugio, Melitón, Benito, Francisca e Ileana), el ejido Santa Ana de Arriba, del municipio de San Pedro de las Colonias, Coahuila la vio crecer y ver su reacción de tristeza cuando sus padres decidieron buscar mejores oportunidades en la ciudad: Piedras Negras los esperaba con más trabas, pero ni su ignorancia los detuvo; y cargados con dos que tres cachivaches y su tercer hijo llegaron para hacer frente al desafío; salir adelante sin dejar de ser una familia unida.
Las carencias y sufrimientos no afectaron sus deseos de ser alguien provechoso en la vida, su fuerza interior le permitió vencer los obstáculos durante sus estudios de nivel primaria y secundaria, pero al cursar el bachillerato se tuvo que convertir en estudiante, sostén de la casa y por si fuera poco, cuidar de sus hermanos.
Salió y sacó adelante a su familia gracias al ejemplo que heredó de sus padres, su carácter es gran legado adoptado por cada miembro.
Nuevo lazo de familia… Con él procreó a Jorge y a Marisa, ellos pasaron a ser un preciado regalo tras una vida en la que nunca dejó de luchar para ser y hacer siempre lo mejor.
Sin descuidar su posición de madre y esposa retomó la idea de estudiar, como resultado obtuvo oportunidades de trabajo que aprovechó al máximo, la mayoría en el área educativa, donde se ganó amistades y conservó las que ya formaban parte de su círculo social.
La prueba más difícil y un regalo familiar… Su hijo Jorge tuvo oportunidad de ofrecerle un regalo por demás especial: “Mi Álex”, diría ella, su primer nieto.
Su hija Marisa, por su parte, convertirse en profesionista con un futuro exitoso por delante…
“Me temo que el cáncer regresó, esta vez en su cerebro. Hay que iniciar un tratamiento más agresivo de inmediato”, las palabras del doctor cimbraron su ser.
“Adelante, no me di por vencida la primera vez, ahora menos que sé a qué me voy a enfrentar”.
Casi cinco meses que iniciaron con radiaciones y posteriores quimioterapias la fueron debilitando físicamente, mas no espiritualmente, su sonrisa nunca dejó de dibujarse y hasta ahora es el recuerdo de “Mi Noa”, como en vida le decía de cariño su papá don Toño.
“M’ija, te toca la pastilla”, le decía su mamá doña Virginia mientras le preparaba su caldo de pollo con calabacitas. “Sabes m’ija, eres mi adoración, no te voy a dejar hasta que te pongas bien”.
Te fuiste Sofía, no sin dejarnos a todos un ejemplo de lucha y fe digno de admirar. Muchos pensarán que perdiste una batalla cruel, yo diría más bien que luchaste como gran guerrera y ganaste unas alas que extienden tu amor desde el cielo hasta el último rincón de la Tierra.
Para formar su propia familia unió su vida a la de Higinio Chacón, con quien tomó como reto afrontar la migración a Estados Unidos y donde la barrera del idioma no fue impedimento para su superación personal.
Nunca dejó de sonreírle a la vida, ni cuando le detectaron cáncer por primera vez, “si ésta es una guerra la voy a pelear hasta el final”… y así lo hizo, libró la prueba con apoyo de su familia y gracias a Dios y a las oraciones a las que muchos se unieron sin conocerla.
¡Descansa en paz!
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