A propósito del Día de Muertos, hace unos días conversaba con unas amigas sobre un tema que la mayoría de las personas evita a toda costa: la muerte. Coincidíamos en que es lo único seguro que tenemos en esta vida, porque tarde o temprano llegará. El problema es que no sabemos cuándo, cómo ni dónde sucederá.
La muerte no respeta edades, sexo, condición económica ni religión. Todos, inevitablemente, llegaremos a ese momento. A algunas personas, hablar sobre la muerte les causa angustia o miedo, por ello prefieren evitar el tema. Considero que es un grave error. Creo que lo mejor es prepararnos para morir en paz y no dejar problemas a nuestros seres queridos.
Durante la plática, una de ellas recomendó preparar estos dos documentos importantes: el testamento patrimonial y el testamento vital o documento de voluntades anticipadas. El primero establece cómo se repartirán los bienes entre las personas que se decida beneficiar. En el segundo se dejan por escrito nuestras decisiones sobre la atención médica que queremos recibir en caso de padecer una enfermedad grave, irreversible o terminal, y encontrarnos imposibilitados para comunicar nuestra voluntad. También es importante dejar indicaciones sobre los servicios funerarios, como el tipo de entierro, ceremonia y el destino que deseamos dar a nuestro cuerpo. ¡Qué importante es morir en paz, sabiendo que todo está en orden!
Recordé la situación que viven unos parientes. El padre hizo una gran fortuna en terrenos, casas, entre otras cosas, pero nunca hizo testamento. Murió hace más de 30 años y, desde entonces, sus ocho hijos continúan en una gran batalla por los bienes. Como dice el refrán: “ni para Dios ni para el Diablo”. Una situación frecuente en las familias por dejar asuntos tan importantes sin resolver.
Sin embargo, lo que más llamó mi atención durante la conversación con mis amigas fue conocer una nueva alternativa funeraria de la que nunca había oído hablar: el funeral verde o entierro ecológico que se está utilizando en otros países. Este entierro tiene como objetivo minimizar el impacto ambiental y darle la oportunidad al cuerpo de regresar de forma natural al ciclo de la tierra. Entre sus características están las siguientes: en primer lugar, no se permite el embalsamamiento del cuerpo, ya que se utilizan sustancias químicas, como el formaldehído que representa riesgos ambientales. Se emplean sudarios elaborados con materiales naturales, como algodón, lino o petate. Tampoco se utilizan bóvedas de concreto ni ataúdes metálicos, con el propósito de facilitar la descomposición natural y reducir el uso de materiales contaminantes.
Se utilizan urnas biodegradables. Después de la cremación, las cenizas se colocan en contenedores elaborados con materiales orgánicos que se desintegran fácilmente en la tierra. Otra alternativa es la hidrólisis alcalina o cremación con agua o aquamación, que se utiliza como alternativa a la cremación tradicional. Consiste en la descomposición de los tejidos mediante agua, sustancias alcalinas, calor y presión, en lugar de fuego. También existe el compostaje humano o terramación, un proceso controlado en el que los restos se transforman en un material semejante a la tierra mediante el uso de materiales orgánicos como paja y aserrín.
Lo importante es tener presente que, en algún momento, la muerte llegará. Por eso, pensemos cómo evitar problemas a nuestra familia. Uno de los obstáculos son las creencias negativas que existen en torno a la elaboración de un testamento. Algunas personas piensan que, al hacerlo, “llamamos o invitamos a la muerte a llevarnos”. Lo asocian con la vejez o con la idea de que el fallecimiento está cerca. Otras consideran que hacerlo puede provocar rencores en la familia. ¿Usted qué piensa?
Reflexionemos acerca de la muerte y preparémonos para cuando ese momento llegue. Porque morir en paz significa dejarles a quienes amamos la certeza de que hicimos todo lo posible para evitarles problemas y conflictos. ¿Está de acuerdo conmigo en que el último viaje también se prepara?
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