Los republicanos merecen perder, pero los demócratas no merecen ganar”.
Ron Paul, 3.11.2026
Al final fue una derrota personal de Donald Trump. Su negación de la realidad no hace más que subrayar su responsabilidad. El martes en la noche, cuando ya la magnitud de la derrota era evidente, el Presidente mandó un mensaje en redes que decía: “No estuve en la Boleta, si hubiera estado, habríamos ganado EN UNA AVALANCHA” (sus mayúsculas). Sin embargo, 47 veces durante la campaña pidió a los electores que imaginaran que estaba en la boleta. y lo hicieron, sólo que por eso votaron en contra.
En 2024 los republicanos parecían imbatibles ante una campaña demócrata encabezada primero por un debilitado Joe Biden y luego por una Kamala Harris seleccionada por dedazo y con poca popularidad personal. El cambio en dos años ha sido radical. Es común que el partido en el poder pierda terreno en unas elecciones intermedias en la Unión Americana, pero la marejada demócrata de este 3 de noviembre supera por mucho lo habitual.
Si James Carville le puso a Bill Clinton en 1992 un letrero en la oficina para recordarle el tema fundamental de la campaña, “¡Es la economía, estúpido!”, la encuesta de salida de la AP mostró este 3 de noviembre que 39% de los electores estadunidenses consideraron que la economía es el problema más importante del país. Sabían que los aranceles de Trump eran simplemente un impuesto más para ellos.
El segundo tema de preocupación en la encuesta de la AP, con 32%, es “el estado de la democracia”. Y sí, muchos electores vieron, con razón, que Trump era —y es— un peligro para la democracia.
El vicepresidente J.D. Vance declaró ayer en redes sociales: “La razón por la que perdimos es la guerra”. Y sí fue un factor, pero no el único. El elector estadunidense no ha entendido las razones de la guerra contra Irán, que quizá ni el propio Trump comprenda, pero sí se da cuenta de que le pega por el aumento en el precio de la gasolina.
Los votantes hispanos votaban antes casi en automático por los candidatos demócratas, pero en 2024 millones optaron por apoyar a Trump. En este 2026, sin embargo, muchos regresaron a los demócratas. Las redadas de ICE, la policía migratoria, contra inmigrantes ilegales afectaron en muchos casos a los documentados, pero también a ciudadanos estadunidenses de piel morena. La violencia de los operativos generó reacciones adversas de los electores. Los agentes encapuchados de ICE son lo más parecido que han visto los estadunidenses a la Gestapo nazi.
Quizá la mayor lección de la elección de 2026 en Estados Unidos es que, mientras se mantengan las reglas de la democracia, el pueblo bueno y sabio siempre tendrá la posibilidad de corregir sus errores. Por eso preocupa tanto que en México la 4T esté eliminando o cooptando las instituciones democráticas para asegurar que el régimen permanezca en el poder por tiempo indefinido.
La verdadera prueba de fuego de una democracia es ––y siempre ha sido–– la alternancia de partidos en el poder. Lo estamos viendo ahora en las elecciones de la Unión Americana. La alternancia ratifica que México vivió una democracia entre 1997 y 2024, cuando la mayor parte de las elecciones terminaban en triunfos de la oposición. Hoy, sin embargo, el régimen aplaude la alternancia democrática en Estados Unidos, sin duda bienvenida después de los abusos y ocurrencias de Trump, pero toma medidas para asegurar que nunca más en México pueda haber un triunfo de la oposición.
Renuncia
Al renunciar ayer a su cargo, el político socialista Óscar Puente declaró: “Un ministro de transportes de un país como España no puede continuar en su cargo con dos accidentes de esta gravedad en menos de un año, por muy distintos que sean y tenga o no responsabilidad directa en ellos”. En México, en contraste, no hubo renuncias ni tras el desplome de la Línea 12 del Metro ni después del descarrilamiento del Tren Interoceánico”.
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