Opinión
Hace 1 hora
Triunfó el embate Demócrata, y no resistieron las defensas republicanas. Fallaron los intentos de último minuto de los Republicanos para darle la vuelta a una elección que ya estaba cantada por las encuestas, los mercados de predicción y tal parece ser, inclusive por los propios miembros del “Gran Viejo Partido”. De este proceso electoral se pueden hacer mil análisis, teorías y extraer información que estoy seguro será usada como un punto referencia para comparar resultados electorales en el futuro. Ese no es el propósito de esta columna.
El propósito de esta columna, que en realidad estuvo repartida en tres partes, es documentar de la manera más fidedigna posible el momento histórico en el que nos encontramos. Y digo histórico no por adjudicar un valor específico, sino porque a todas luces, esta elección fue un gran tsunami azul, admitido por las más altas esferas del partido Republicano, donadores, personalidades y ciudadanos estadounidenses. Pocas veces se logra un consenso tan amplio sobre un tema coyuntural, y lo que sucedió la noche del martes 3 de noviembre, no fue para menos.
Pero vamos por partes. Hay que dejar en claro algo importante: todas las encuestadoras y mercados de predicción se quedaron cortos. No hubo nadie que pudiera prever el cataclismo que hubo en la política en Estados Unidos, más que los votantes. Las y los estadounidenses eran los únicos que sabían por quién iban a votar y por qué. El electorado ya sabía que Texas iba a tener a su primera gobernadora de ascendencia latinoamericana, y primera Demócrata en 35 años en asumir el gobierno del estado.
El electorado ya sabía que los Demócratas iban a obtener la mayoría en la Cámara de Representantes y el Senado por márgenes que ni la más holgada medición había previsto, pues en el Senado está por verse si obtienen 55 o 56 asientos, cuando las predicciones más generosas les daban como mucho 52 asientos. Estados como Kansas jamás estuvieron en el imaginario colectivo como territorios donde los del partido azul pudieran tener oportunidad de ser competitivos, mucho menos ganar.
El electorado ya sabía que los Demócratas iban a obtener más de 250 escaños en la Cámara Baja, cuando se avizoraba cuando mucho una ventaja de 240, e inclusive menos. Territorios como el “sur profundo” estuvieron al alcance en esta elección para cambiar de partido. Eso hace un año hubiera sido impensable.
Lo imposible sucedió, se establecieron nuevos récords, y la historia se hizo. Por eso y muchas razones más que otros analistas e historiadores irán recontando conforme pase el tiempo, es que las elecciones intermedias de 2026 quedarán para los anales de la historia como un parteaguas de un antes y un después en la política de Estados Unidos.
Pero, ¿qué sigue? Esa es la gran pregunta. Y aquí es donde me voy a atrever a hacer mis propias predicciones basado solamente en lo que he observado hasta ahora. En primer lugar, el partido Republicano se va a refundar. Estoy seguro que antes de que se acabe el año varios perfiles buscarán el liderazgo del partido y tendrán como objetivo recuperar el terreno cedido en esta elección.
En el caso de los Demócratas, es muy probable que busquen administrar la ventaja y se darán a la tarea de buscar a los perfiles más competitivos para la elección presidencial de 2028, donde varios nombres ya empiezan a sonar. ¿Aprenderán los Republicanos y llegarán a la próxima elección con un liderazgo y una plataforma diferente? ¿Serán los Demócratas quienes cedan los espacios históricos que acaban de ganar? Que cada quien saque sus propias conclusiones.
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