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Publicado el lunes, 28 de julio del 2008 a las 14:00
Piedras Negras, Coah. Sus primeras infracciones las cometió siendo apenas un niño, a los 15 años ya conocía las cárceles para menores y antes de cumplir los 17 purgó su primera sentencia en un centro de readaptación, el tristemente célebre penal viejo de Piedras Negras, en la colonia Presidentes.
Con un largo historial delictivo y la mayor parte de su vida pasada en prisión, José Castillo Chávez “La Tocha”, es considerado como uno de los decanos de los centros de readaptación social.
La humanidad de este nigropetense, originario del ejido Villa de Fuente, ingresó por vez primera a una cárcel para adultos el 22 de diciembre de 1972, acusado por el delito de robo.
Bajo el proceso penal número 239/972 recibió su libertad unos meses más tarde, dentro de un paquete de preliberaciones aprobado por el entonces gobernador constitucional del estado, Eulalio Gutiérrez Treviño.
El 3 de mayo de 1973 volvió a las calles, pero su vida a partir de entonces se convertiría en una serie de constantes ingresos y libertades en diversos centros penitenciarios, incluyendo tres en Piedras Negras, uno en Saltillo y otros tres en los Estados Unidos.
En los años siguientes pasaría apenas unas cuantas semanas bajo la luz del sol, los días de libertad los aprovechaba para volver a delinquir, con tan mala suerte que sólo en México fue procesado y sentenciado en al menos ocho ocasiones, una de ellas por homicidio.
Castillo Chávez recuerda con nostalgia los años pasados, no tiene una explicación o un motivo para justificar su conducta, sólo recuerda los malos momentos que pasó y las oportunidades que se fueron para no volver.
“Caí por diferentes delitos y se me fueron acumulando, hasta un homicidio en el que participé en la cárcel preventiva”.
Ese día, -recuerda-, los guardias alteraron el curso del procedimiento de ingreso con un detenido, Presentación Galindo había sido llevado en estado de ebriedad, pero no lo condujeron hasta la celda que le correspondía.
“Yo estaba en la cárcel preventiva castigado por Bobby Garza, el director del penal que era luchador, nos mandaban por mucho tiempo y a mí me tocaba recibir a los de nuevo ingreso”, afirma “La Tocha”.
En estado de ebriedad y afuera de la celda, Galindo se negaba a ingresar y se les informó a los guardias de la situación. Corría el año de 1976 y “La Tocha” contaba apenas con 21 años de edad cuando ya tenía en su historial su primer cargo por homicidio.
“El que verdaderamente lo mató fue ‘La Coca’, porque fue el que más lo golpeó”, asegura.
Los hechos ocurrieron en las celdas de la Policía Preventiva, en la calle Zaragoza, antes de llegar a Abasolo, a espaldas de la antigua Presidencia Municipal.
La función de “La Tocha” era recibir a los internos y ubicarlos en sus celdas, pero ese día se alteró el proceso con nefastas consecuencias.
“Yo no lo recibí, estaba recibiendo a los infractores para conducirlos a ‘La Chona’, pero en ese caso no llegué personalmente, por eso pasó lo que pasó”.
En los años siguientes siguió carrera delictiva y a su paso por los penales de Piedras Negras conoció a muchas personas, algunas inocentes y otras culpables.
“Hay muchos inocentes ahí adentro, y afuera hay muchos que están encerrados en las propias cárceles de su vida”, reflexiona.
Entre 1982 y 86 cumplió setencias por robo y por seguridad fue trasladado al Centro de Readaptación Social de Saltillo, y fue en 1987 cuando se vio involucrado en un nuevo homicidio por el que pasaría más de 10 años encerrado.
En medio de un motín en el Cereso de Piedras Negras murió Pedro de Hoyos “El Perico”, a quien se le contabilizaron más de 75 lesiones con arma blanca.
Una riña entre dos grupos rivales dejó como saldo esta muerte, la cual se le achacó a “La Tocha” aún y cuando él mismo también estuvo a punto de ser lichado por la turba.
La noticia del motín llegó a la prensa nacional, y una fotografía de “La Tocha” fue publicada con el encabezado “este interno se defendió como gato boca-arriba”.
“Se amotinó la gente, yo intervine y calificaron mal, como si fuera la cabecilla principal, pero eran otras personas las que querían hacerme algo”.
El expediente 71/987 consigna el homicidio, por el cual comenzó su sentencia el 25 de junio de 1987 y compurgó el 10 de mayo de 1996, mediante un beneficio otorgado por el entonces gobernador del estado Rogelio Montemayor Seguy.
“Le dieron una golpiza y muchas puñaladas, decían que molestaba mucho a las visitas y abusaba de ellas, al igual que de los internos”.
A sus 53 años “La Tocha” cumplió sentencias en el centro de internamiento para menores, el penal viejo, la cárcel preventiva así como los ceresos de Piedras Negras y Saltillo.
La tentación y la necesidad lo orillaron también a cruzar un cargamento de droga a lo
“Ellos me dijeron ‘mételo como sea’ y cumplimos con la orden”, afirma.
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