Espectáculos
Por
Cyntia Moncada
Publicado el jueves, 2 de octubre del 2008 a las 14:00
Monterrey, N.L.- Un piano, su guitarra, una mesita de cantina y champagne. Serrat no necesita más. Con una sonrisa entró al escenario y desde el principio se entregó en cada canción: las clásicas y las nuevas, las de amor y las de pobreza, las que hablan de sus orígenes y las universales.
México es, desde hace tiempo, una de las paradas obligadas de Joan Manuel Serrat y esta vez no fue la excepción. La gira “100 x 100” inició exitosamente en Monterrey, donde hizo vibrar al Auditorio Luis Elizondo con sus inmortales canciones.
Mientras el público casi llenaba la sala, Serrat subió al escenario contento de volver, e interpretó una de sus canciones que se ha convertido en un himno para todas las generaciones: “Cantares”.
A poco tiempo de iniciar, el concierto se convirtió en tertulia, una plática de la que todos fueron parte. Y así, entre charlando, cantando y bebiendo un poco, Serrat llevó a su público a recorrer casi toda su carrera discografía.
La noche se fue escurriendo entre las notas de “Algo Personal” y “Me Gusta Todo de Ti (Pero tú No)”. Reconociendo ese toque de coquetería y reviviendo momentos con “Tu Nombre me Sabe a Hierba”.
Serrat dejó ir entre voz y guitarra la pasión y el gusto que le deja ser cantante con frases como: “Es fantástico esto de ser cantante” y “Tengo más de 40 años haciendo lo que me da la gana y me aplauden y me pagan”.
Pero no todo podía ser solemne y entre canción y canción divirtió al público con sus proverbios orientales como “Hay que vivir intensamente, vivir cada día como si fuera el último, algún día acertarás”.
Con “Benito” siguió la interpretación y el cantante se animó a dar unos cuantos pasos de baile, luego el ambiente se llenó de melancolía con “Esos Locos Bajitos” y un padre mira en el asiento a su lado a su hijo que corea, también, la canción.
Un concierto de Serrat no acaba, porque su repertorio es tal, que uno siempre se queda con ganas de escuchar muchas canciones, pero el autor complació a casi todos los gustos con “La Mala Racha”, “Hoy Puede ser un Gran Día”, “Pequeñas Cosas”, Mediterráneo”, “Lucía” y “Para la Libertad”.
Al final el evento se extendió más de lo planeado, pero Serrat no dejaba de cantar y el público coreó hasta el final cada una de sus canciones.
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