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Salud en familia: ¿Usted los etiqueta?

  Por Mónica Ceballos

Publicado el lunes, 28 de febrero del 2011 a las 16:00


Límites, ¿cuántas veces ha escuchado hablar de los límites que deben tener los niños de las nuevas generaciones?

Saltillo, Coah.- Límites, ¿cuántas veces ha escuchado hablar de los límites que deben tener los niños de las nuevas generaciones?

Quizá muchas, las etiquetas que se cuelgan de los niños desde sus primeros años de vida también son consideradas como límites, pero negativos.

Se trata de casillas en las cuales deben caber e incluso amoldarse a ellas para “satisfacer” el deseo de alguien más de verlos así: “travieso”, “incontrolable”, “grosero”, “presumido”, “hiperactivo”.

Aparentemente son descripciones neutras y la mayoría de las veces inconscientes, pero con ellas puede hacerlos avanzar correctamente o de plano cerrarles la puerta al cambio y al aprendizaje.

Los expertos en psicología y educación aseguran que los mensajes que enviamos a los hijos cuando nos fijamos sólo en sus errores o en sus fracasos les transmiten la idea de que no sirven para nada, o de que difícilmente lograrán superar cualquier problema que se les presente.

¿Hace cuánto que no le dice a su hijo que hizo algo bien? Lo más seguro es que su comportamiento esté también determinado porque nadie le ha explicado para lo que es bueno y en lo que debe esforzarse más.

Muchas veces los padres buscan tener hijos perfectos de acuerdo con los cánones de sabiduría y comportamiento que establece la sociedad como algo “normal”, sin embargo, cada ser humano tiene características propias y distintivas que deben desarrollar conforme crece para lograr ser la persona que desea y lo haga feliz a sí mismo, no a los demás.

Cuando se tilda a un hijo de “vago”, “despistado” o “fracasado” está haciendo mella profunda en el concepto que tiene él de sí mismo provocándole un sentimiento de inseguridad no sólo de sus capacidades, sino de su propio valor como persona porque, como los padres son sus modelos, ellos concluyen “si mis padres dicen que siempre me olvido de todo, debe ser verdad” y así cierran su posibilidad de cambio y mejora, que puede ponerlos en el camino de resolver sus problemas y convertirse en personas productivas y felices, seguros de sí mismos.

Etiquetas psiquiátricas

Tildar a un niño con base en sus características de personalidad y comportamiento se ha convertido en algo más que un apodo. En los últimos años, se les ha diagnosticado con padecimientos como el Déficit de Atención o Hiperactividad para justificar que no ponen atención en clase, que ignoran a un maestro o que no pueden estar 10 minutos sentados.

En Estados Unidos hay una corriente desde hace algunos años que busca explicar que la mayoría de las veces un diagnóstico de este tipo se hace en tan sólo unos minutos, sin hacer estudios profundos a los niños, a quienes inmediatamente se les prescriben medicamentos que resultan ser más adictivos que la mariguana sin importar su edad.

El número de niños y adolescentes diagnosticados con estas enfermedades se ha incrementado exponencialmente hasta alcanzar 6 millones tan sólo en Estados Unidos, sin embargo, diversas investigaciones señalan que el aumento indiscriminado de los “enfermos” se debe más bien a un plan de control social encabezado por el Gobierno estadounidense desde los años 50 y diversas empresas de salud internacionales; quienes apoyan esta teoría afirman que los precursores prefieren tener a las escuelas como centros de salud que como instituciones de aprendizaje.

Más allá de que puede ser real que los niños tengan alguna deficiencia en su aprendizaje, lo que se está provocando es que las nuevas generaciones se conviertan en adictos que, cuando consuman sus medicamentos, sean capaces de hacer cosas que “en sus cinco sentidos” no harían.

Recientemente se ha lanzado una campaña que busca eliminar esas etiquetas y hacer consciente a la sociedad y a los padres de familia que personas brillantes como Thomas Edison eran en su época lo que hoy podría considerarse un niño hiperactivo y que por iniciativa de su madre, el niño se convirtió en un genio inventor.

La campaña se centra en descubrir cuáles son las verdaderas cualidades de los niños que los hacen ser distintos a los demás, que los hacen verse como “rebeldes” en medio de un ambiente determinado por las reglas sociales. ¿El suyo qué es? ¿Soñador, artista, músico, filósofo, sanador, humanitario, líder, activista, inventor, revolucionario o simplemente niño? Déjelos que escojan sus propias etiquetas.

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