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‘Dar hasta que duela’

  Por Leticia Espinoza

Publicado el martes, 1 de marzo del 2011 a las 16:00


Para Delfina Guerrero, lo que importa es ayudar a aquellos que no tienen recursos

Saltillo, Coah.- “Dar hasta que duela y, cuando duela, dar todavía más”, es la frase de la madre Teresa de Calcuta que aplica todos los días la profesora Delfina Guerrero, quien desde hace más de ocho años se levanta pensando en la pobreza que viven las familias en La Gloria.

A sus 67 años dice que ya son casi 30 años de labor social y ocho atendiendo el comedor en la periferia de Saltillo, y poco a poco se transforma en realidad el sueño de tener un edificio fuerte para salir del tejabán que ha sido el refugio para recibir a los que tienen hambre.

“Todos los cambios de tiempos nos afectan en este tipo de comunidades por la construcción de las viviendas que son materiales, muchos son de lámina y si hace frío se mete el hielo hasta adentro, y si es el sol, pues es la misma temperatura que afuera expuestos al sol”, dice, mientras se sienta en una de las viejas bancas que son parte del mobiliario del improvisado comedor.

Cuenta que el comedor que se construye lleva 80% de avance y sólo son detalles los que faltan: “Me faltan tazas de baño, el mobiliario de cocina, estufa y mesitas con sillas; el lugar para la psicóloga está concluido, ya tiene piso y protecciones”, dice ilusionada.

Luego de que participa en la oración y en la bendición de los alimentos que lleva para repartir entre los más de 50 comensales, organiza a las mujeres que asistieron para el reparto.

Es entonces cuando se toma espacio para hablar de que el proyecto del comedor también servirá como un albergue que pueda cobijar a las familias en contingencias de lluvia o de frío.

“Dadas las condiciones que ahora tuvimos con el frío, muchas personas no se quisieron ir a los albergues, porque les costó sacrificio conseguir maderas, pues al abandonar hay gente que empieza a desmantelar sus viviendas. Entonces queremos que el comedor también sirva de albergue”, explica.

La casa podría atender a poco más de 100 personas y en un mes más podría hacerse realidad el sueño que lleva ya cuatro años construyéndose en La Gloria, sueño por el cual la profesora Delfina ha trabajado.

“Nos ha costado mucho sacrificio porque desde el inicio me ayudaron a hacer las zanjas y enterrar las castillos porque no había dinero, ni recursos para pagarle a alguien, hasta ahora, que ya estamos por concluir”, dice.

UNA VIDA MEJOR

Su tarea en el comedor es múltiple, es la consejera, la madre o a la abuela, es la profesora, la maestra que les enseña que más allá de los tejabanes hay otra forma de vivir mejor.

Así, su día inicia desde las 8:30 de la mañana para preparar la comida que formará parte del menú del comedor, sopas, arroz, algo rico y rendidor, y al mismo tiempo deja listas sus labores en su hogar.

Pasadas las 12:00 la profesora llega en taxi hasta el tejabán, donde ya la esperan niños, madres y abuelas.

“Yo les hago ver todo el valor que tienen; a las mujeres les digo que también son muy valientes porque muchas no estaríamos aquí ni ocho días, y ellas mujeres han sobrevivido aquí pese a las condiciones en que viven, porque candidatos vienen y ya no vuelven; han venido y no han hecho nada para que ellos mejoren”, comenta.

Su labor implica dedicar su vida, sus días, a esa gente, porque al partir se lleva los problemas de la comunidad a su casa.

“Y me llevo que los análisis para los niños, que la gente que necesita psicólogo, me llevo de aquí más trabajo para que los atiendan y eso lo gestiono en la tarde o en la mañana temprano”, afirma.

Los fines de semana, los domingos en las misas, se fortalece espiritualmente en una iglesia de Las Torres. “Voy a fortalecerme para poder fortalecerlas a ellas, no es sólo traerles qué comer sino alimentarlas espiritualmente, más aquí que estamos faltos de espiritualidad, de alimento, de preparación, de valores”, sostiene.

EL VALOR DEL TIEMPO

Entre el calor del tejabán y observando cómo la tierra que se levanta al caminar de la gente, la profesora Delfina respira convencida que enseñarle a la gente el valor que tiene es un trabajo de todos los días y es así como ha visto cambios en la mentalidad de cada uno.

“La gente es muy leal; por ejemplo, una señora me dice: ‘Ya no voy al comedor porque ya tengo a mis tres hijos trabajando y ahora estoy dejando lugar para los otros’. Y ahora a veces me manda una bolsita de paletitas, pero ya sus niños que antes también venían ahora son jóvenes ya la están apoyando, así la gente va saliendo adelante”, dice.

Para la maestra Delfina algo muy valioso es el tiempo de la gente, porque si bien en el comedor hay carencias de todo tipo, hacen falta maestros que les regalen las lecturas a los niños, enfermeras o doctores que los atiendan médicamente, gente que no sólo les dé cosas materiales, sino sus experiencias para formarlos en una vida mejor.

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