Nacional

Publicado el domingo, 6 de marzo del 2011 a las 00:20
Querétaro, Qro.- El día en que Humberto Moreira ascendió a la dirigencia nacional del PRI, fue de formas y fondos. Fue un día en que, pese a la cercanía de la sucesión presidencial y a las encontradas aspiraciones particulares de muchos de los personajes asistentes, las “fuerzas vivas” del tricolor se entrelazaron y decidieron arropar al coahuilense con mensajes de unidad.
Estuvieron todos al lado de Moreira y de Cristina Díaz. Los hombres y mujeres más influyentes del PRI cerraron filas, levantaron el mentón y se desbordaron en aplausos cuando su líder nacional afirmó: “El PRI ganará la Presidencia de la República”.
Formas y fondos. No hubo reproches ni reclamos, menos confrontaciones. Igual se veía a Roberto Madrazo sonriendo que a Manlio Fabio Beltrones y a Enrique Peña estrecharse la mano. Fue un día de unidad priísta.
Flotaban en el ambiente los gritos de “Moreira, Moreira” y “Peña presidente, Peña presidente”. Si se midieran los aplausos por el ruido que generan, el más aplaudido fue Peña Nieto por encima de Moreira. Después del coahuilense fue Rodrigo Medina y luego Beltrones Rivera. Todos sonreían.
En medio de su fiesta, las derrotas del partido en las contiendas presidenciales de 2000 y 2006 se quedaron atrás. Ayer, nadie las recordó, pero dejaron claro que no quieren seguir en la oposición. Moreira se preparó. El jueves visitó dos veces la mole de cemento construida en la cumbre del cerro del Cimatario. Entró al salón solamente rodeado por sus cercanos. Lo vio vacío y se sentó en la tribuna más lejana.
Ayer se levantó temprano, desayunó con su esposa, sus hijos y sus hermanos, luego ensayó un poco su discurso y se fue al “Querétaro Centro de Convenciones”. Para ese momento, el recinto estaba abarrotado por 10 mil priístas adentro y 10 mil afuera, según la Dirección Protección Civil del estado.
Como la mayoría de los asistentes, Moreira tuvo que caminar un tramo de la pendiente de más de mil metros. La cantidad de priístas que llegaron de todo el país colapsaron los accesos. De traje oscuro y corbata roja, y con el sol del mediodía sobre él, finalmente entró al auditorio.
Penetró en el recinto y subió al primer piso, entró a una amplia zona VIP donde minutos antes estaban los 19 gobernadores priístas en funciones y los dos electos, los líderes del tricolor en el Senado y en la Cámara de Diputados, al pie de donde Beatriz Paredes Rangel tenía una oficina. Se encerró en un privado por unos minutos.
Desde la ventana de ese privado miró al salón ya abarrotado por una ola roja que coreaba su nombre. Los gobernadores ya estaban en el presídium y Moreira Valdés bajó con ellos.
Mientras Moreira llegaba ante el pleno, su hermano Rubén, candidato al gobierno de Coahuila, platicaba con Peña Nieto. Para ese momento, el saludo de Beltrones y Paredes se había distinguido. Los gobernadores sonreían, se abrazaban, festejaban.
Al lado de Díaz Salazar, la nueva secretaria general, Moreira Valdés rindió protesta ante Paredes Rangel. Vino el discurso, un mensaje que tuvo vertientes clave.
El reconocimiento individual a cada gobernador priísta, con énfasis en Enrique Peña Nieto, a Manlio Fabio Beltrones Rivera, a Beatriz Paredes Rangel y a Jesús Murillo Karam; siguió el recuento histórico del PRI y de su fortaleza, la crítica al gobierno federal y la embestida contra sus adversarios.
Después de 40 minutos, los hombres y mujeres fuertes del PRI comenzaron a salir del salón VIP. Algunos que buscan ser candidatos, como el nayarita Roberto Sandoval, se aferraban a tomarse la foto con el nuevo líder nacional.
Todos los VIP se fueron a comer, ahí mismo, tres pisos arriba. A las cinco de la tarde, los helicópteros estacionados en un costado del Centro de Convenciones de Querétaro comenzaron a despegar y las camionetas blindadas con sus escoltas salían del recinto a toda velocidad.
El último en irse fue Peña Nieto. Esperó varios minutos sentado en el estribo del helicóptero con el saco abierto y el celular al oído, poco después la nave se elevó. En ese momento, el día de formas y fondos terminó y la mole del Cimatario se quedó vacía.
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