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El que no ama, no conoce a Dios

  Por Zócalo

Publicado el domingo, 6 de marzo del 2011 a las 16:00


No todo el que me diga: “Señor, Señor”, entrará en el reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre

Monclova, Coah.- Quizás todos los seres humanos, alguna vez, hemos tenido la tentación de manipular a Dios, de “hacer tonto” a Dios. Y hablo de todos los seres humanos, de cualquier época o de cualquier religión, sean los dioses que tengan o hayan tenido, o de las fuerzas superiores del universo que hayan experimentado. ¿Qué significa esto? Que buscamos caminos fáciles y cómodos para tener contento a Dios, le sacamos la vuelta a la cruz y a todo lo que implica un amor fraterno.

Y lo peor es que nosotros mismos nos justificamos, nos creemos nuestras trampas y vivimos muy tranquilos.

Estas manipulaciones consisten en apaciguar a Dios con oraciones, discursos, homilías, con hablar bonito del Evangelio, con consejos o bendiciones. Pretendemos reducir la fe a un mero decir, hablar, orar o a un conocimiento intelectual que puede ser muy profundo.

En vez de andar buscando cómo engañar a Dios, mejor no nos engañemos a nosotros mismos.

El que no ama, no conoce a Dios, dice S. Juan. Si nuestra fe no produce obras, está muerta, dice la carta de Santiago. Si no hacemos la voluntad del Padre, no entraremos al Reino. Y creo que todos sabemos o nos imaginamos, qué es lo que quiere Dios que hagamos. El mismo Mateo, en el conocido texto del juicio final (Mt 25), pondrá en las obras concretas de amor al necesitado, el criterio fundamental para definir la entrada en el Reino. ¿Somos coherentes entre el decir, orar y hacer? ¿0 sólo decimos: “Señor, Señor”?.

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