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Publicado el lunes, 7 de marzo del 2011 a las 04:09
Piedras Negras, Coah.- Con la intención de que el bienestar de personas con cáncer no quede en buenos deseos, sino genere una red solidaria que ayude a mejorar su calidad de vida, surge en la ciudad un grupo de voluntarias que buscando sensibilizar a la comunidad se suman a la labor del G.A.C.
Es así como nace el proyecto “Tejiendo vidas con esperanza”, con la finalidad de resaltar entre los habitantes de Piedras Negras y la región el valor de la generosidad hacia pacientes que atraviesan además de la penosa enfermedad, necesidades materiales urgentes.
La historia de José Domingo Salazar Villaseñor, un joven de 22 años al que se le detectó un tumor cerebral, es la primera de varias entregas que preparan Periódico Zócalo y Radio Zócalo para compartir con la sociedad el ejemplo de fortaleza de personas que como él, luchan día a día por sobrevivir en medio de la adversidad.
A través de “Tejiendo vidas con esperanza” un grupo de personas altruistas conjuntamente con el G.A.C, contemplan extender una red de donativos en especie o efectivo, que destinados íntegramente logren cubrir en el corto plazo alguna necesidad apremiante de las personas que serán beneficiadas.
Testimonios como el del joven José Domingo Salazar, serán presentados por este rotativo el día domingo de cada semana, invitando a la comunidad a sumarse a esta causa que tiene como principal objetivo ayudar a quien más lo necesita.
Su cerebro muere lento; Lucha contra tumor
Su rostro aunque parece otro, es capaz de esbozar la sonrisa que lo caracterizó como el joven sano, alegre, lleno de ilusiones, dispuesto siempre a ayudar a su madre y sacar adelante a la familia.
José Domingo Salazar Villaseñor, Pepe, como lo llaman en su casa, cumplió 22 años el pasado 25 de febrero y por designios de Dios y del destino, le ha tocado enfrentar en los dos últimos años, su mayor reto: El cáncer. A la edad de 20 años cuando ponía todo su empeño por convertirse en enfermero cursando el primer grado en la Facultad Fausto Z. Martínez, como su hermana Verónica, sobrevino el primer signo de su enfermedad. Fue así como, ante la necesidad económica del hogar consiguió trabajo como operador en una maquiladora, su periodo en la empresa fue corto; dos meses después el problema de la vista se agudizó.
“Entró a Macoelmex en donde trabajan con cables de colores, empezó a tener problemas para distinguirlos, me dijo, mamá me voy a salir; me presionan porque me equivoco mucho”, recordó Elizabeth Villaseñor Ríos, madre del joven. “Apenas tenía una semana trabajando con ellos cuando de repente cayó enfermo, lo mandé a la óptica Aguirre para saber si necesitaba lentes; nos dijeron que su problema era algo más delicado porque sólo veía hacia adelante y no podía ver lo que estaba para los lados”.
A fines de octubre de 2009 en el Seguro Social le indicaron que podría tratarse de un tumor cerebral que no era tratable en la clínica de Piedras Negras, y lo enviaron a la clínica 25 del IMSS en Monterrey.
Tras manifestar una inflamación anormal de la cabeza debido a la retención de líquido y ser revisado por resonancia magnética la sospecha se confirmó: El diagnóstico indicaba un tumor entre la silla turca del cráneo y el hipotálamo.
“El 26 de diciembre de 2009 los especialistas deciden operarlo, asegurándonos que era una cirugía muy riesgosa, dijeron que estaba completamente invadido en su cabeza porque es un tumor germinal que como las raíces de las plantas, se ramifica, y estaba afectando las glándulas más importantes hasta infiltrarse en un ojo y perder la vista”.
“Despertó a finales de marzo, los médicos no se explican cómo; piensan que tal vez su juventud y sus ganas de vivir lo mantienen, sólo Dios sabe por qué le hicieron resonancias, quimioterapia y lograron que caminara otra vez”. Un médico de la Unidad de Medicina Familiar Número 79 del IMSS lo visita en su domicilio ubicado en la calle Ombú 732 del fraccionamiento Acoros, para valorarlo y ver su evolución. Ejemplo de Fortaleza Durante muchos años trabajó como operaria en diferentes fábricas de esta ciudad, la última fue Macoelmex, en donde dedicó ocho años de su vida productiva y que le permitió con esfuerzo conseguir el crédito de su vivienda para dar un techo digno a sus hijos.
Sin embargo, la enfermedad de José Domingo le impidió continuar trabajando, ya que dedica el 100 por ciento del tiempo en su cuidado, por los constante viajes que realiza a Monterrey para recibir tratamiento. “Mis hijas dejaron sus estudios, Verónica consiguió entrar a Fujikura, en donde gana 500 pesos por semana, es la única entrada de la casa, de ahí guardamos para la luz, el agua y el gas… hay gente buena que nos hecha la mano”, mencionó con un semblante que no logra esconder su tristeza.
“He sido una persona que siempre ha trabajado, mis hijos la mayor parte del tiempo estaban solitos, siempre he procurado protegerlos y me cuesta mucho recibir ayuda de la gente, me da mucha pena”, señaló mientras las palabras se quebraban en su voz.
Conocer la noticia de la enfermedad del mayor de sus hijos fue devastador, más difícil aún no poder proveer lo que necesita.
“Siempre fue un buen hijo, muy trabajador, a los 14 años empezó en la Hielería Fronteriza, ahí estuvo cinco años y todo lo que ganaba me lo daba para la casa, nada más me pedía para sus fritos”.
Ahora por su estado de salud, José Domingo ya no controla sus necesidades, la dependencia de su mamá es total.
“Actualmente necesita un colchón, porque debido a su problema se orina mucho; nos regalaron uno de buena fe, pero como tiene sus defensas muy bajas agarró una infección en la piel porque tenía chinches”.
Los médicos recomiendan tenerlo en un lugar adecuado, pero esto es lo que tenemos, estas casas son muy frías en el invierno y muy calientes en verano.
La madre del joven cuida además por temporadas a una hermana que padece de sus facultades mentales, Domingo Salazar, padre de sus hijos, radica en San Luis, Potosí y tiene pocas noticias de él. Por otra parte, algunos parientes no los visitan porque “tienen la creencia que el cáncer se contagia”.
“Siempre hice lo posible por ser el hombre de la casa, mi mayor sueño es poder aliviarme para ayudar a mi mamá y a mis hermanas, porque batallan mucho”.
El joven señala sentirse “poquillo mejor”, salvo los insoportables dolores que le dan en ocasiones en la espalda baja.
“En el seguro me han tratado bien, aunque soy un poco difícil con la comida porque no me gusta el huevo, a pesar de eso soy buen cocinero”, expresó con humor antes de finalizar.
G.A.C. es un organismo no gubernamental sin fines de lucro, que desde los años 90 por medio de un grupo de sobrevivientes de cáncer, comenzó a informar y visitar a personas diagnosticadas, sabiendo que nadie puede entender mejor sus sentimientos que alguien que lo vivió o lo está viviendo.
Teniendo como meta atacar el problema de cáncer desde la raíz, lo que significa informar a través de pláticas y conferencias educativas acerca de los métodos de detección oportuna de esta enfermedad, mejorando con esto la calidad de vida de la población y fomentar cambios en sus hábitos.
!Detección oportuna significa vida! Los grupos de autoayuda son de gran importancia para mantenerse en la lucha y que ningún paciente diagnosticado de cáncer se sienta solo, con miedo o abandonado.
!Estamos para luchar contigo y por ti! “Queremos que nuestros servicios te ayuden a sentirte mejor”.
“Nuestro enemigo es el cáncer, nuestra arma la oración y en la información la fuerza”.
G.A.C de Piedras Negras es una organización dedicada 100% a la lucha contra el cáncer.
Miembros del G.A.C dejando huella en la comunidad a través de sus acciones.
Cómo apareció y por qué, es una pregunta sin respuesta, lo cierto es que un tumor en su cerebro llegó para transformar su vida y la de sus seres queridos.
La dificultad para distinguir las letras del pizarrón cuando asistía a la escuela lo llevó a tomar la decisión de suspender sus estudios.
Más tarde consiguió un empleo como intendente en la negociación Almacenes de Piedras Negras en el sector La Concha.
En medio de la necesidad
Inesperadamente, en febrero de 2010 el muchacho entró en estado de coma; así permaneció hasta fines de marzo de ese año, contra todas las fuerzas de la naturaleza, José Domingo logró restablecerse a pesar de que en ese tiempo únicamente le funcionaron el corazón y los pulmones.
El pronóstico actual de su estado de salud es reservado, fue declarado como paciente terminal desde el momento que fue diagnosticado luego que el tumor se expandiera. Comenzó a olvidar el presente, el pasado lo recuerda, pero lo que vive ahora lo olvida con facilidad.
En la estancia de su casa dividida por una sábana que simula un dormitorio, pasa los días José Domingo, algunas ocasiones su entusiasmo le permite caminar unos pasos, otros días sumergido en la depresión, llora tratando de encontrar una explicación al sufrimiento que invade su entorno.
Elizabeth Villaseñor Ríos, madre de José Domingo, Verónica y Pamela, de 19 y 18 años de edad, es el pilar de su hogar desde que se divorció del padre de sus hijos hace 15 años.
En un tiempo subsistieron de la ayuda de personas benefactoras, del municipio reciben una despensa mensual y del DIF otra.
Su mayor sueño
José Domingo está consciente de su enfermedad, asegura sentirse impotente porque le han pasado tantas cosas y no puede hacer nada por ayudar a su mamá.
Nuestra misión, brindar ayuda emocional, moral y económica a personas de escasos recursos económicos que son diagnosticadas, con una visión de un Piedras Negras ampliamente informado sobre esta enfermedad.
Generando alianzas estratégicas de largo plazo entre los sectores públicos, privado y sociedad en general, creando una conciencia de ayuda a pacientes con cáncer, para que la unión de esfuerzos tenga un impacto positivo en el seguimiento de su recuperación.
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