Internacional
Por
Notimex
Publicado el martes, 15 de marzo del 2011 a las 03:27
Oarai.- El agua, la comida y la gasolina han pasado a ser los elementos más preciados y demandados en muchos rincones de Japón, conforme se suceden los días después del terremoto de magnitud 9 y el tsunami.
Uno de esos rincones es Oarai, una ciudad de 20 mil habitantes próxima al Océano Pacífico donde no hay ni electricidad, ni gas, y donde hoy llegaron miembros del Ejército a repartir agua en camiones cisterna y grandes garrafas.
Están situados en una de las plazas más céntricas de esta ciudad, próxima al centro cultural, para que sea más fácil para los vecinos acceder a ella y tomar provisiones para las próximas horas.
Allí también pueden acudir al interior del centro, que se ha convertido en un albergue improvisado para los que se han quedado sin casa.
Una treintena de voluntarios llevaron también grandes cazuelas para cocinar sopa y arroz, que luego repartieron a la gran cantidad de vecinos que hacen fila para recibir su correspondiente ración con rebanadas de pan.
Una de las cosas que más sorprende en esta ciudad es el orden, el respeto y la educación en medio del caos que reina en el país por las grandes catástrofes naturales. Hay además espacios divididos para reciclar cartón y plástico.
Una de las voluntarias es Masake Enuma, que acude tres veces al día a servir los desayunos, las comidas y las cenas desde el sábado a unas mil personas al día.
En Oarai murieron dos personas, una como consecuencia del tsunami y otra en un incendio, explica Enuma, que apunta hacia el puerto para explicar que esa ha sido una de las zonas más devastadas por el tsunami.
Según un informe de la NASA que ilustra con fotos para que se puedan apreciar las diferencias, el terrible tsunami se comió hasta cinco kilómetros de la costa de Japón.
Allí están los vecinos limpiando la arena que se ha movido por kilos por todo el suelo de la explanada, ordenando las redes de pesca que están enredadas con restos de basura y todo lo que se ido presentado por el camino.
Miran con caras incrédulas los barcos que el fuerte oleaje ha movido hasta lo alto del espigón como si fuesen cubiletes.
Dos estudiantes universitarios pasean y hacen fotos de los restos de los barcos. Se llaman Sho Tomita y Shuji Nayaki, ambos de 19 años y son amigos desde hace años. “Es alucinante que hayan llegado hasta aquí”, se dicen el uno al otro.
Más sobre esta sección Más en Internacional
Hace 5 horas
Hace 8 horas
Hace 9 horas
Hace 10 horas
Hace 16 horas
Hace 16 horas
Hace 16 horas
Hace 16 horas
Hace 17 horas
Hace 18 horas
Hace 18 horas
Hace 19 horas