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En ‘La Casita’, alimentan y dan fe a familiares de enfermos

  Por Leticia Espinoza

Publicado el sábado, 19 de marzo del 2011 a las 15:00


Los miembros de las parroquias más pobres de la Diócesis dan una lección de amor

Saltillo, Coah.- ¿Dónde está tu hermano?, ¿enfermo en la cama de un hospital?, ¿caminando preocupado en los pasillos?, ¿maldurmiendo en las baquetas esperando la salud de sus hermanos?… y es hasta estos lugares a donde llegan decenas de laicos por las noches para ofrecerles el alimento físico y espiritual que necesitan en medio de la enfermedad.

Se trata de un proyecto sostenido y organizado por laicos de la Iglesia católica, que cumplirá cuatro años atendiendo las necesidades de familias que pasan largas temporadas esperando la recuperación de sus enfermos en la Clínica 1.

La Casita, como en un principio se le conocía, se convirtió en el proyecto ¿Dónde Está tu Hermano? en el que se integran todos los representantes de las nueve parroquias de la Vicaría Suroeste de la Diócesis de Saltillo para atender la situación de abandono, tanto de los enfermos como de los familiares de la Clínica 1 del Seguro Social.

“A los enfermos se les lleva el consuelo, la oración, los sacramentos, pero sobre todo el cariño y la solidaridad de la comunión para que no se sientan abandonados, pero como la mayoría de ellos son gente muy pobre, atendemos a sus familiares, mucha gente no ha comido en días, y no hay quién los supla para cuidar a su enfermo. Entonces, esta casa del proyecto ¿Dónde Está tu Hermano? es para que ellos vengan a tomar sus alimentos dignamente”, comenta el padre Pedro Pantoja.

El comedor, frente a las escalinatas de Santa Anita, sirve para que los familiares de los enfermos descansen y se les dé una palabra de aliento ante el momento adverso que sufren, y abre sus puertas desde las seis de la tarde hasta las nueve y media de la noche.

Laicos de las parroquias de San José, Nuestra Señora de San Juan de los Lagos, el Santísimo Cristo del Ojo de Agua, Cristo Rey, la rectoría del Refugio, la rectoría de la Santa Cruz, Nuestra Señora de Shostan y Santo Niño participan en la labor, que implica una reunión mensual para organizarse.

“Es una cosa admirable porque somos la vicaría de las parroquias más humildes, más pobres, y sin embargo tienen un gran sentido de solidaridad, de entrega y se les atiende todas las noches”, dice el padre Pantoja.

El 11 de abril cumplirán cuatro años de servir a la gente de la Clínica 1, en enero de este año inauguraron las instalaciones donde actualmente prestan servicio, gestión realizada por el sacerdote Juan Manuel Ledezma, coordinador de la Comisión Diocesana de Enfermos.

ALIMENTO ESPIRITUAL

Para Jorge Cambers, acudir el tiempo que le toca dentro del rol de organización es una gran satisfacción, porque su solidaridad emana desde lo más profundo de su ser, y hacer oración por “los enfermos es un gozo que espiritualmente no tiene palabras para explicarse”.

“Me ha llamado mucho la atención, la humildad y servicio de nuestros sacerdotes, van a ver a los moribundos que necesitan su consuelo. Me llama mucho la atención cómo ellos (los enfermos), cuando se sienten muy agotados, piden que llamemos al sacerdote para que dé la confesión o unción de enfermos”, dice Jorge Cambers, quien brinda su apostolado en la iglesia de San Juan de los Lagos.

“Es fantástico espiritualmente, nuestra labor ayuda a la recuperación porque a veces piensan que es su final, pero con el auxilio espiritual salen de su enfermedad”, dice con gusto Cambers, quien a su vez es encargado de la economía de la casa y combina su apostolado con su labor como carpintero.

“Vemos que a veces ya no están en sus camas y es cuando sanan, de otra manera a veces acuden al llamado de Dios. Nos da gusto porque se quitan de sufrir por las condiciones en que los vemos; se satisface uno porque llevó oración y reconfortamiento para ellos antes de su despedida”, añade el señor Roberto Martínez, quien también coordina el comedor.

Los llama cariñosamente “enfermitos” y se conmueve al recordar los rostros que ha visto en las salas del hospital porque realmente cree que el proyecto ¿Dónde Está tu Hermano? es una necesidad.

“Uno ve en qué estado se encuentra la gente y esto nos provoca seguir adelante, vemos que hacemos falta en este camino para ayudar a los familiares, para que tengan esa fe que se necesita para seguir adelante”, porque finalmente cuando yo acabo de dar mi servicio pienso que son muchas bendiciones las que recibimos por parte de la gente”, dice el señor Roberto, quien se desempeña como ministro de la comunión en la parroquia de Cristo Rey.

FE Y AMOR, EL INGREDIENTE ESPECIAL

La fe en Dios y el amor al prójimo son quizá los ingredientes especiales de la cena que diariamente se prepara para los casi 80 familiares de pacientes que yacen en las camas de la Clínica 1 del IMSS, quizá por eso tienen una sazón especial.

“El menú es muy variado, es raro que repitamos platillos porque nos toca casi cada dos meses a todas las parroquias, se hacen cosas diferentes, y si es temporada de Navidad, traemos tamales o champurrado”, explica la señora Fabiola Ramírez Salas, laica de la rectoría de la Santa Cruz.

Servir la cena diariamente es un esfuerzo de muchos católicos comprometidos, pero algo que es importante es que cada equipo, conformado por 10 o más personas, se coopera voluntariamente para hacer los guisos cueste lo que cueste, así llegan a cocinar entre 4 y 6 kilos de guisos o 2 kilos de sopa.

ESPERAR LOS LUNES

“El lunes es el día más padre que nos toca, porque hay algunas personas que vienen y desde el viernes, el sábado y el domingo que no prueban nada, quizá se comen unas galletas o un refresco, pero a nosotras nos tocan personas que llegan con bastante hambre y que incluso si ven que traemos suficiente nos piden algo para llevárselo y comer durante la noche o en la mañana del día siguiente”, relata la señora Fabiola.

Mientras muestra el arroz rojo y el pollo en salsa verde que probarán los familiares de los enfermos a los que se les otorgaron vales, dice que los lunes para ella son sagrados y sólo los compromete para el comedor. Se quedan en su casa sus hijos y su esposo.

Su experiencia le ha permitido conocer las historias de personas de todo el estado, de Múzquiz, Monclova e incluso de Laredo, de distantes lugares que al final se cruzan en los pasillos y las afueras del nosocomio.

“En una ocasión nos tocó un señor que su esposa duró dos meses internada por diabetes; ella perdió sus piernas y él era el único que la cuidaba. Gente que tiene personas con cáncer, con enfermedades de los riñones o la vesícula, que tienen complicaciones muy fuertes y tienen que estar internados mucho tiempo”, comenta.

Al final del día el comedor, donde también hay una pequeña capilla para orar, es la esperanza de llevarse un bocado al estómago y también un mensaje de aliento.

MIRAR HACIA EL FUTURO

En una casita a punto del colapso, en la calle Luis Gutiérrez y Doblado, inició el proyecto ¿Dónde Está tu Hermano? y ahora en las nuevas instalaciones en la calzada Narro el plan es llegar dar las “tres comidas diarias y dar servicio de albergue”.

“La gente no tiene suficiente para transporte ni para comida; ellos esperan la noche para comer y nos dicen que por qué no lo hacemos todo el día, pero es un plan a futuro, porque estas instalaciones están preparadas con habitaciones de descanso”, sostiene Emilia Vallejo, coordinadora de Ministros de Comunión.

Dice que a mediano plazo habrá personal de guardia que ofrezca un café a la gente y los dormitorios estarán abiertos para aquellas mamás que llevan a sus niños porque no tienen dónde dejarlos, y desgraciadamente ahora duermen en el suelo.

La tarea es seguir preguntando ¿dónde está tu hermano? e ir hasta ellos, porque al final la misma gente agradece y nunca ha faltado quien se ha propuesto a ayudar con alimentos o material desechable para que otros sigan alimentándose física y espiritualmente, para recobrar las fuerzas en medio del sufrimiento que conlleva ver a sus seres queridos abatidos por la enfermedad.

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