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Publicado el jueves, 24 de marzo del 2011 a las 15:00
Piedras Negras, Coah.- Con mucho esfuerzo va, tomando energía de esa enorme fortaleza, don Salvador, gira las ruedas de su silla que le ayuda a desplazarse. Y es que la silla de ruedas ya es casi obsoleta, pero no queda de otra que aguantar, precisa el hombre de 66 años de edad. Es la única forma de no quedarse en casa a morir de hambre.
Cuatro perros fieles lo acompañan y se detienen mientras su dueño descansa por unos momentos, mientras don Salvador limpia el sudor de su frente.
Sus perros se han convertido en su única familia, pues jamás se casó y no tiene hijos.
“Mi papá me decía que me casara, que la vida era muy dura de viejo”, recuerda las palabras de su padre con un dejo tristeza.
Salvador Murillo Díaz, es artesano, anteriormente curtía cueros, disecaba animales, siendo él uno de los mejores en su tipo.
Sin embargo, debido a que por su diabetes, sus dos extremidades inferiores tuvieron que ser amputadas y a su imposibilidad por un tiempo de laborar, ya no tiene clientela.
Además de que tuvo que cambiarse de casa, ahora vive en la calle Galeana 704A en el centro y muy poca gente a la que le hacía trabajos sabe donde radica ahora.
Ahora no le queda otra que salir a pedir dinero, a donde sea, para comer o para poder comprar sus medicinas, las cuales tiene que comprar una vez al mes.
“Son pastillas de 200 pesos, tengo diabetes tipo I, y gracias a Dios hasta ahora he podido comprármelas”, indica.
Pero, el ahorrar para sus pastillas, le hace que economice en otras cosas, como en las comidas.
“Sólo como una vez, si me va bien, como dos, no lo sufro porque como soy diabético no como mucho”, justifica mientras limpia el sudor de su rostro curtido por el sol.
LO ACOMPAÑAN SUS PERROS Don Salvador, no se siente solo, pues tiene a sus cuatro fieles caninos que le acompañan a donde él vaya, jamás le dejan solo.
Además, a diferencia de personas que no dejan de lamentarse cuando tienen la mitad de sus años y pueden caminar, el hombre esboza bellas sonrisas que denotan su ánimo, su amor por la vida y su fortaleza.
Precisa que su prioridad en estos momento es conseguir una silla de ruedas con la que pueda desplazarse bien.
Al hombre no le importa si la silla de ruedas es nueva o bonita, sólo que funcione bien para poder desplazarse para buscar a diario su comida y dinero para sus medicinas, así como para la renta y servicios.
Habita un pequeño cuartito por el cual paga 500 pesos de renta y a eso hay que agregarle los servicios.
A veces, acepta que se torna muy difícil la situación, porque en ocasiones muy a duras penas puede pagar, pero no se aflige, pues tiene esperanza en que esto cambiará y su vida será mejor.
“Yo lo que quiero es tener una buena silla de ruedas y empezar a buscar a mis clientes para poder trabajar y tener dinero para mis necesidades”, precisa.
Y es que don Salvador, asegura que cuenta con todo su equipo para realizar su trabajo como artesano, sólo requiere que alguien le dé trabajo para volver a comenzar y dejar de pedir dinero.
“No me gusta pedir dinero, tomo lo que la gente me da, pero por necesidad, sólo por eso, si yo tuviera trabajo, no lo aceptaría”, resalta.
El descanso ha terminado para don Salvador, quien emprende nuevamente su camino hacia su casa, donde descansará un rato, mientras los fuertes rayos del sol “dan calor” a la ciudad.
Y luego volverá a salir de su hogar para buscar más dinero para completar sus medicinas.
Las ruedas de su silla están duras, y por momentos tiene que detenerse, pues se torna muy difícil el seguir avanzando.
Pudiera pensarse que don Salvador ante tanta adversidad es un hombre triste y solitario. No es así.
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