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Notimex
Publicado el jueves, 21 de julio del 2011 a las 02:45
México.- La cultura de la seguridad personal en México no es la adecuada y por ello, a pesar de que muchas personas cuentan con guardaespaldas, sufren atentados, porque éstos responden a la reacción y no a la prevención, afirmó Julio César García Marín presidente de la Sociedad Mexicana de Guardaespaldas.
En entrevista el especialista en seguridad y presidente de esa organización que aglutina gremialmente a unos 10 mil guardaespaldas en todo el país sostuvo que muchas veces se menosprecia la importancia del agente de seguridad, por lo que sus resultados en ocasiones tienen un final trágico.
Explicó que el perfil de un guardaespaldas no puede ser el de una persona que sepa manejar un arma, éste debe saber conducir de manera evasiva, saber proteger a su cliente y conocer rutas y formas de escape y de seguridad para que si es necesario sin que haya disparos, poner a salvo al protegido.
Explicó que en algunos casos hay clientes que solicitan el servicio de guardaespaldas y se le da un trato como a cualquiera de los demás sirvientes de la casa, en donde ponen al agente de seguridad a lavar el carro, a cortar el césped o lo envían por las tortillas quedando al descubierto la persona protegida.
Tal es el caso, dijo García Marín, de la esposa de un empresario que pidió a su guardaespaldas que fuera por las tortillas y solamente bastaron unos minutos para que los agresores entraran a la casa y asesinaran a la mujer. Son casos reales, advirtió, en los que el resultado final es trágico.
Consideró que la relación interpersonal entre el protegido y el guardaespaldas debe ser de respeto, pues ‘nadie está tan loco para dar su vida con tal de salvar a su patrón que ni de su familia es’.
La labor del guardaespaldas, dijo, es conocer el entorno, saber las rutas y los tiempos, los movimientos de las personas y sobre todo tener la visión para mantenerse alerta y detectar cualquier riesgo, para entonces actuar de manera preventiva y no reactiva.
Dijo que no es el mejor guardaespaldas aquel que se enfrenta a tiros con un grupo agresor y sale ileso, junto con el protegido, sino el que sabe evadir la agresión sin necesidad de llegar al enfrentamiento, pero siempre con acciones preventivas.
Puntualizó que para realizar una buena cobertura de seguridad personal, se requiere de información para conocer los riesgos a que se enfrenta una persona, que se debe hacer siempre un plan de seguridad y con ello tomar medidas preventivas como es el simple cambio de rutas, que es lo que muchas veces funciona.
Explicó que siempre se debe hacer una evaluación de riesgos, que se deben tomar decisiones asertivas, pues muchas veces con el simple uso de un vehículo blindado o con un cambio temporal de domicilio, se evade el riesgo cuando hay amenazas.
Sin embargo advirtió que casos como el del niño Fernando Martí, se pueden evitar, en donde el menor fue secuestrado, debido a que el chofer se bajó del vehículo, pero de no haber sido así, podría haberse salvado su vida, ya que contaban con la protección de la propia unidad y en caso de ser agredidos actuar de manera diferente.
Incluso, dijo, hay atenuantes cuando una persona utiliza el vehículo que conduce como arma para defenderse de una agresión, pues cuando una persona se siente amenazada con un arma en muchos casos se toma la decisión de atropellar a quien se encuentra amenazando.
García Marín sostuvo que por ello, es determinante la capacitación de los guardaespaldas, porque en ello va la vida del agente de seguridad y del protegido, pero cuando se cuenta con capacitación y disciplina siempre se logran los mejores resultados.
En ese sentido, señaló que otro de los aspectos de la relación interpersonal entre los guardaespaldas y sus protegidos es la distancia que debe haber entre ambos, pues muchas veces cuando el protegido es un joven, entra en confianza con el guardaespaldas y lo lleva con él a sus fiestas o a las reuniones, como si fuera uno más de los comensales.
Esto lleva el riesgo de que el guardaespaldas beba, baile, se distraiga y entonces queda a merced de los agresores el protegido y en ocasiones reacciona tarde.
Concluyó al señalar que la mejor seguridad para una persona es la que no se ve, es la que es discreta, e incluso se hace ver como uno más de los que rodean a la persona protegida, lo que permite una cercanía física permanente para actuar frente a cualquier amenaza.
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