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Matan a su familia; tragedias parecidas

  Por Sipse

Publicado el lunes, 8 de agosto del 2011 a las 18:55


El múltiple crimen cometido el pasado lunes 1 de agosto en el fraccionamiento San José Tzal es uno de los más cruentos

Mérida, Yuc.- El múltiple crimen cometido el pasado lunes 1 de agosto en el fraccionamiento San José Tzal es uno de los más cruentos en la historia delictiva del Estado, pero no es el único en su género, ya que en anteriores ocasiones se registraron asesinatos en los que hubo varias víctimas.

Un caso similar al ocurrido recientemente es el que se registró hace poco menos de dos décadas, cuando un policía de la entonces Secretaría de Protección y Vialidad (SPV), que estaba a cargo de Federico Cuesy Adrián (actual director de la PMM), asesinó a balazos a su esposa y a sus dos pequeños hijos y luego se suicidió, en un trágico hecho ocurrido en un predio del fraccionamiento Serapio Rendón, al sur-oriente de la ciudad.

El jueves 2 de enero de 1992 el policía Audomaro Espadas Sánchez, de 39 años de edad, bajo los influjos del alcohol y por celos, dio muerte a su esposa Rosa María Quintal González, de 30 años, y a sus vástagos Manuel Jesús y Claudia del Carmen, de 9 y 7 años, respectivamente. Los hechos sangrientos tuvieron lugar en el predio No. 156 de la calle 129 por 44 y 46 de esa zona habitacional.

El homicida dejó una carta póstuma, en la que señaló que “siempre tuve problemas con mi esposa debido a que ella quería vivir con su madre. Que Dios me perdone y sólo pido que nos entierren juntos”.

La SPV informó que los cuerpos fueron encontrados horas después del triple crimen y suicidio, a las 5 de la tarde del viernes 3 de enero, cuando agentes de la SPV se presentaron en el domicilio de Espadas Sánchez después que una vecina del rumbo avisó que “algo había sucedido”, pues en todo el día no había visto a esa familia.

Vecinos del rumbo manifestaron que el jueves en la noche Espadas Sánchez llegó en estado de ebriedad y metió a la casa a sus hijos que jugaban en la calle.

Dijeron que durante la noche escucharon ruidos de discusiones y objetos que se rompían dentro de ese predio y alrededor de las 6 de la mañana del día siguiente, viernes 3, escucharon detonaciones como de “petardos”, pero al salir a la calle a ver no encontraron a nadie y la mayoría de los colonos del rumbo no le dio importancia.

Indicaron que una vecina de nombre Lupe fue quien avisó a la Policía, ya que aseguraba que esas explosiones fueron dentro de la casa del agente de la SPV.

El multihomicida y suicida era suboficial y estaba destacado como guardia del hangar del Gobierno del Estado y se encontraba de descanso el día de los trágicos hechos.

El policía debió presentarse a trabajar el viernes 3, pero como no lo hizo, otros agentes fueron a buscarlo a su casa, alrededor de las 9 de la mañana, para pedirle una pistola calibre .38 especial, propiedad de la SPV, que tenía en su poder y que debió entregar cuando salió franco. Sin embargo, encontraron la casa cerrada y tras llamar varias veces y no tener respuesta, se retiraron.

Poco después, a las 3 de la tarde de ese mismo viernes, los policías regresaron al lugar, pero tampoco nadie respondió a sus llamados y se fueron de nueva cuenta. No obstante, minutos más tarde recibieron el aviso de la vecina sobre que sospechaba que “algo raro” había sucedido, pues no había visto a ningún miembro de esa familia, cuando siempre estaban los niños en la calle jugando o la señora iba a comprar en la tienda cercana.

Entonces agentes de la corporación, acompañados por un pariente del occiso, forzaron una ventana, entraron al predio y hallaron un espeluznante cuadro: la mujer tirada en la sala en medio de un charco de sangre y el agente Audomaro Espadas, sentado en un sillón, con un balazo en la sien derecha. El arma estaba en el suelo.

Pero mayor fue el horror para los policías cuando entraron a una de las habitaciones, al encontrar a los dos niños, Jesús Manuel y Claudia del Carmen Espadas Quintal, también muertos a balazos, En la cama estaba el cadáver del niño, que presentaba tres disparos en la espalda, y en una hamaca, el cuerpo de la niña, con un tiro en el pecho.

Las víctimas fueron identificadas por una hermana de la occisa, Irene Quintal.

Posteriormente los cadáveres fueron levantados y llevados al cementerio de Xoclán para la autopsia correspondiente.

Al día siguiente del macabro hallazgo, se pudo averiguar que a pesar de lo que se señalaba en la carta póstuma del agente suicida, el motivo principal del multihomicidio fueron los celos, ya que Audomaro sospechaba que su mujer lo engañaba.

El policía era un bebedor y los niños le temían. Además, la mujer tenía que trabajar porque el sueldo del policía no alcanzaba para los gastos familiares. Eso molestaba a Espadas Sánchez, que celaba mucho a su mujer.

Los vecinos calificaron al policía como “huraño y parco”, que calificaba a sus hijos como “rebeldes” y que mostraba unos celos desmedidos hacia Rosa María, que era enfermera en el Seguro Social. El siempre le reclamaba que ella “se andaba” con los doctores.

Una vecina, de nombre Aureliana May de Mis, dijo que esa noche, del jueves 2, escuchó unos balazos y que oyó que el niño Jesús Manuel dijo “papito, ¿por qué le hiciste eso a mamita?”.

Según el peritaje de la entonces Policía Judicial, Audomaro asesinó a Rosa María en la noche del jueves tras discutir con ésta, y después, ya amaneciendo, inmoló a sus dos hijos cuando éstos dormían, pero al parecer el niño vio a su mamá tirada, y fue que cuestionó a su progenitor.

El entonces secretario de la SPV, Cuesy Adrián, explicó que el multiasesino y suicida Audomaro Espadas era un policía con un historial limpio y cumplido y puntual en su trabajo, y fue por eso que les extrañó que no se presentara a trabajar el viernes 3 sin avisar. Llevaba 12 años de servicio y siempre aprobó los exámenes toxicológicos y psicológicos, aunque los vecinos aseguraron que era “muy bebedor”. Sus compañeros de trabajo, sin embargo, señalaron que él se quejaba mucho de su esposa.

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