Nacional

Publicado el miércoles, 2 de noviembre del 2011 a las 22:42
México.- Una de las tradiciones más arraigadas en los mexicanos es la celebración del “Día de Muertos”, que se basa en la creencia de que las puertas del inframundo se abren durante el 1 y 2 de noviembre, permitiendo a los espíritus visitar a sus familiares y disfrutar los manjares colocados en cientos de ofrendas en las que se recuerdan a aquellas personas que “se nos adelantaron en e camino”.
Debido a esto, desde el pasado fin de semana, miles de familias del estado de México comenzaron a visitar las tumbas de sus seres queridos a fin de alistar todo para su llegada.
Sin embargo, el dolor de la pérdida de los seres amados permanece. Tal es el caso de la familia Huerta, que vio perder a uno de pequeños hijos.
Para Felipe Huerta, “siempre será difícil recordar que nuestro pequeño “Pepe” ahora está descansando con Dios, luego de un agresivo tratamiento contra la leucemia que al final, terminó con su vida. Mi hijo tenía 13 años cuando perdió la batalla contra esta enfermedad”.
Sin embargo, a dos años de su muerte, Felipe asegura estar en paz, asegurando que pese a sufrir uno de los peores dolores que ha sentido en su vida, ahora sé que mi hijo no sigue sufriendo, hubiera sido muy egoísta de mi parte el seguir teniéndolo aquí a pesar de ver cómo la tristeza se apoderaba de su mirada al no poder jugar con sus amiguitos”.
Por lo que desde hace tres años, Felipe y su familia acuden desde el 31 de octubre al Panteón Jardín Guadalupano, ubicado en la colonia Ciudad Azteca, en Ecatepec, a fin de limpiar el sepulcro de ‘Pepe’ y colocar una pequeña ofrenda de flores, “para que nunca olvide que los queremos y lo extrañamos mucho”.
“La delincuencia me arrebató a mi esposo”
“Aún no puedo creer que ya no esté conmigo. Arturo no tenía por qué morir en ese asalto por no entregar sus pertenencias en el momento que se los pidieron esos malnacidos, dejando a sus hijas sin padre y a mí sin una de las personas que más he amado en la vida”, recuerda Andrea Herrera, con el rostro lleno de lágrimas, mientras limpia la tumba de su esposo a menos de un año de su muerte.
De acuerdo a Andrea, su esposo salía todos los días de casa a las 5:30 de la mañana “para evitar que la combi o el camión que abordaba para llegar al paradero de Indios Verdes se quedara ‘estacionado’ en la Vía Morelos por más de una hora, sin embargo, jamás pensó que una llamada de la policía municipal de Ecatepec para notificarle que su esposo había muerto cambiaría por completo su vida.
“Lo único que me dijeron algunos de los pasajeros que iban en el camión fue que ni siquiera se negó a entregar sus cosas a los delincuentes, pero como no lo hizo en el momento que se lo exigieron, le dieron un balazo que terminaría con su vida. Ahora, pese al dolor de perderlo, no puedo derrumbarme, mis hijas me necesitan y sé que el estará conmigo en todo momento”, puntualizó.
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