Cd. Acuña

Publicado el domingo, 4 de marzo del 2012 a las 16:00
Acuña, Coah.- El hecho de haber pisado la cárcel o el vivir la separación de sus padres, son acontecimientos que han marcado para siempre la vida de los menores que se han integrado a lo que son las actividades del programa denominado “Jóvenes DIFerentes”, que está a cargo del psicólogo Efraín Galindo Jiménez.
Para Maximino, Hernán y Brisa la vida les cambió en un segundo, ya que pasaron de vivir en el “mundo de juguete” para de tajo enfrentar la realidad, ya que como ellos mismos lo reconocen, el coraje, la indignación, una mala decisión y el querer comerse el mundo como si fuera un caramelo, los hizo tomar decisiones de las cuales hoy se encuentran arrepentidos.
En el caso de Maximino, un jovencito de 13 años, señaló que el “correrse la venada” para no entrar a clase e ir a parar a una negociación para jugar maquinitas, fue la causa por la que fue a parar tras los barrotes de la cárcel pública municipal, donde pasó ocho horas que según dijo fueron eternas, donde la angustia le hacía sentir que se asfixiaba, esperando que de un momento a otro sus progenitores fueran a pagar la multa y para recuperar lo más preciado que tiene el hombre, su libertad.
Para Hernán el hecho de tomar una mala decisión tras seguir el consejo de un “amigo” para entrar a robar a la vivienda de la vecina, fue la causa para que sus progenitores tomaran la determinación de solicitar la ayuda del DIF, haciéndole ver que de no aceptar este hecho estaban decididos a internarlo en un tutelar de menores a fin de corregirlo, por lo que presa de pánico decidió optar por lo sano y acudir a las terapias que se imparten dentro de la dependencia, antes que pisar la cárcel.
El caso de Brisa es una situación a la que en las últimas fechas se han enfrentado miles de jóvenes hoy en día, ya que tras sufrir la separación de sus padres, el coraje, resentimiento y el estrés se fueron acumulando en su interior y todo este cúmulo de sentimientos se hicieron estallar tras sufrir una discusión con una compañera de escuela en la cual descargó su furia, por lo que hoy vive presa de un sentimiento de culpa y miedo, sin embargo ha comprendido que hay estancias que están dispuestas a brindar ayuda a jóvenes que al igual que ella atraviesan por una difícil situación.
Para estos tres jovencitos la vida les cambió en un segundo, por lo que la experiencia los llevó a enfrentar una dura realidad, pero también a darse cuenta que hay autoridades y dependencias dispuestas a prestarles la ayuda que requieren, “porque el mundo no es de color de rosa” y hoy ellos dan este testimonio en espera de que otros jóvenes comprendan que “no hay que quererse comer al mundo en un instante, ya que la vida les puede cambiar en tan sólo un segundo para bien o para mal”.
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