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Revista Saltillo
Publicado el miércoles, 4 de abril del 2012 a las 00:10
Por: Paola Aguirre Praga / Fotos: Gabriela Balleza / Ricardo Casas
Saltillo.- Revisarlo 60 veces al día, entrar en ansiedad cuando está por terminarse la batería, pasar horas y horas frente a él por las noches… todos son síntomas de adicción al celular y el miedo a dejarlo. Tiene nombre, se llama nomofobia, y cada vez más personas la padecen en Coahuila.
La adicción puede tener el mismo grado de peligro que el alcohol o cualquier otra sustancia adictiva, explica el psicoanalista y director del departamento Psicopedagógico de la Universidad del Valle de México campus Saltillo, UVM, Carlos de León Vela.
Quien manipula constantemente el teléfono y mira continuamente la pantalla, aunque no espere ninguna llamada o correo, y se siente estresado cuando se encuentra en sitios en donde debe apagar el aparato, como en algunas empresas e interior de bancos, cines o aviones, presenta los primeros indicios de un severo problema social.
Debido al aumento de personas que tienen acceso a un celular en los últimos dos años, de acuerdo con un trabajo de investigación elaborado por la Universidad de Monterrey, UDEM, con base en psicología conductual de los jóvenes en el norte del país, las personas se sienten vulnerables sin celular y sufren de ansiedad por revisar y escribir correos, mensajes de texto y comentarios en redes sociales como Twitter y Facebook.
Los usuarios se encuentran entre los 15 y 45 años de edad y han creado una dependencia emocional, mental hacia el objeto, perdiendo la atención en todos los procesos humanos, como la comunicación en el trabajo, la escuela, el hogar y con la pareja.
“La adicción al aparato va a generar alteración de las esferas de la actividad global del individuo y a la vez en procesos psicológicos muy básicos, por ejemplo, la distorsión en la cuestión social, estamos comiendo yendo al baño, y estamos utilizando el celular, revisando, mensajes, el correo, el Facebook, esto es una característica de la persona adicta”, detalla De León Vela.
El teclado de un BlackBerry, el móvil más común en la actualidad, mide aproximadamente 6 por 3 centímetros, con 35 botones, por lo que requiere mayor concentración de la vista, sentido que se ve afectado por lo diminuto del tamaño en el que está distribuido cada caracter.
“El adicto siente la necesidad de tener el BlackBerry o el iPhone, o incluso el iPad a la mano, observarlo constantemente para revisar los mensajes y estar pendiente de los sonidos que emite el aparato; si va al baño incluso hay personas que lo llevan mientras se bañan o hacen otra actividad”.
De Luna Vela precisó que otro síntoma de una dependencia al celular es la alteración del ritmo del sueño. “El hecho de estar en las noches con el aparato es grave, porque te desvelas, te vas de una notificación, el perfil de uno y de otro, el correo, el Twitter y ya te dio la una de la mañana”.
TODOS QUIEREN UN CELULAR
Blanco, negro, gris, rosa, morado, azul… la variedad de los colores son como la paleta del arcoíris. De acuerdo con el presidente del corporativo Celular Milenium, distribuidor de Telcel, Carlos Martínez, en el último año la venta de teléfonos ha crecido casi al doble, por el abaratamiento de los equipos y el servicio que se ha dado en este tiempo.
Los costos de los celulares se han disminuido, es posible adquirir un teléfono celular con tres números favoritos para llamadas libres, y un consumo mínimo anual de sólo 240 pesos. Este servicio es contratado, en 87% de los casos, a través del sistema de prepago, y sólo 13% mediante contrato preestablecido.
Pero para quienes no tienen la posibilidad de contratar un servicio de renta, el consumo del prepago permite comprar tiempo aire por sumas de 20, 40, 50, 100, 200, 300 y 500 pesos, que también ofrecen el acceso a Internet.
“En el caso del iPhone tenemos lista en espera, hay gente que se ha venido a pelear aquí porque están esperando el teléfono, ya sea porque quieren la versión más nueva o porque están esperando que les llegue el tiempo de cambiar equipo y lo piden con mucho tiempo antes”, explica Martínez.
A este costo, se suma el de los accesorios como las fundas y las aplicaciones, que tienen un costo y que permiten tener mayor comunicación a los usuarios.
“Fundas originales, de todo tipo si te cuestan más caras, pero ahorita la oferta de este tipo de accesorios es más amplia, hay costos muy baratos, una funda, un protector te puede costar 100 pesos y otras originales para Samsung, BlackBerry o iPhone te cuesta hasta 800 o mil pesos”.
MENSAJES Y REDES SOCIALES, LO MÁS UTILIZADO
Escuchando lo que explica Katia González, del distribuidor Telcel en la calle Manuel Acuña en el Centro Histórico, parecería que todos los que compran un celular iniciarán una relación dependiente del pequeño aparato.
“Buscan muchas cosas en el celular, la mayoría, por ejemplo que esté bueno, bonito y barato y en esto hay para todos, pero sí están preguntando siempre si tiene Internet inalámbrico, el Facebook, porque pues buscan algo que les dé todo”.
A las personas, muchas veces, les gusta aparentar en un celular lo que es. A otros ni les importa, sobre todo a los de la tercera edad. “Muchas personas piden que traiga Mp3, que tengan televisión, equipos variados, pero no le entienden, viene por el celular que esté de moda como la BlackBerry, que todo mundo la quiere tener”, explica Katia.
El servicio más utilizado por los clientes de la telefonía móvil es el de mensajes, por el bajo costo de los mismos y la posibilidad de estar en contacto frecuente con otras personas. En un sector grueso de la población es popular la comunicación escrita.
“Sale más barato el mensaje, si tienen el celular en el prepago, porque en plan sí te lo cobran aparte de los minutos que te dan para llamadas; por ejemplo, aquí en el centro casi todos los equipos son de prepago, le ponen tiempo aire”.
El Facebook y el Twitter son los más usados. El usuario fácilmente queda atrapado por la información que circula en estas redes.
Para el psicoanalista, Carlos de León Vela el uso constante de las redes es una forma de distracción, ante la presencia de un vacío.
CELULAR, ELEMENTO DE SEGURIDAD
La posibilidad de contactar con otro celular con sólo oprimir una tecla, ha convertido este servicio en el medio ideal para ser utilizado por personas de edad muy avanzada, enfermos, discapacitados y niños pequeños.
Se ha convertido en un elemento de seguridad para las familias, pues facilita la ubicación de los seres queridos de manera casi instantánea, además de reportar situaciones de emergencia como una enfermedad o accidente de tránsito.
ADICCIÓN A LA BLACKBERRY
De acuerdo con especialistas de la Universidad de Monterrey, el aparato crea dependencia y causa placer a quien hace uso de éste, tal y como ocurre con cualquier otra sustancia adictiva.
Al usar un Blackberry por largos periodos de tiempo se puede llegar a tener una adicción, la cual puede tener el mismo grado de peligro que el alcohol o cualquier otra sustancia adictiva, alertaron especialistas de la Universidad de Monterrey (UDEM)
La catedrática de Evaluación Clínica de la UDEM, Hermelinda Leal Treviño, explica que la falta de seguridad en sí mismo, dependencia, incapacidad para relacionarse con otros, la ansiedad y estrés, son posibles características que puede desarrollar una persona adicta al Blackberry.
“Cuando se siente la necesidad de estar comunicado e interactuar con otros, el ser humano genera una inquietud que empieza a reaccionar a nivel orgánico, el cual afecta el sistema simpático que evita la tensión, generando estrés en la persona”, expresó.
Este trabajo de investigación fue elaborado por colaboradores de la Agencia Informativa UDEM, con base en una recopilación de opiniones de expertos en psicología conductual de los jóvenes.
La especialista en adicciones de la institución privada, Minerva Cázares Escalera, señaló que “cuando no tienes señal, se acaba la pila, o por alguna razón se pierde el Blackberry, empieza un síndrome de abstinencia con cierta ansiedad y las personas pueden llegar a desesperarse”.
“Así como cualquier sustancia adictiva, el Blackberry crea una dependencia, ya que resulta atractivo y causa un placer a quien hace uso de éste”, añadió.
El médico familiar de la UDEM, Anuar Canavati Assaf, advirtió que “el exceso de uso de esta tecnología, además del costo económico, puede ocasionar dolor de cabeza, problemas de visión, artritis, déficit de atención y hasta trastornos de sueño”.
“El adicto siente la necesidad de tener el Blackberry a la mano, observarlo constantemente para revisar los mensajes y estar pendiente de los sonidos que emite el aparato”.
Precisa que alguien ve la pantalla del dispositivo para darse cuenta de que hace dos minutos no ha llegado ningún mensaje, y si por algún motivo no lo encuentra, empieza a generar estrés y ansiedad.
El consultor de aplicación de datos de la empresa Nextel, Juan Vivanco González, dice que “la tendencia está muy enfocada a los jóvenes dentro de un rango de 18 a 28 años, ya que les atrae el Blackberry Messenger, utilizando también el Internet y otras redes sociales”.
De 10 mil aplicaciones que tiene el smartphone, la más utilizada por los jóvenes, en 77%, es el Blackberry Messenger, siendo la razón de su popularidad, de acuerdo con una encuesta realizada, con un margen de error de 5%, a 100 estudiantes de la UDEM.
La encuesta que fue aplicada del 15 al 19 de noviembre de 2010 obtuvo como resultado que 64% utiliza su teléfono todo el tiempo y únicamente 21% podría pasar más de una día sin tenerlo a la mano.
Una persona tiene 53 amigos en los contactos, sólo habla con 26 y, como lo muestra la encuesta, los usuarios del teléfono inteligente suelen conversar con la mitad o menos de sus amigos, resaltando aún más el mal uso que se le da al celular creado como herramienta empresarial.
Es así como la familia Blackberry se posicionó de manera adictiva en los usuarios de teléfonos celulares, para convertirse en el favorito de los jóvenes y adultos, señala la investigación de la Agencia Informativa UDEM.
“No puedo vivir sin él”
Abrí los ojos, y lo primero que hice fue buscar mi teléfono. Apenas me estaba quitando las lagañas y busqué en el buró mi BlackBerry. La curiosidad de ver el Facebook, mi correo y el Twitter me asalta siempre por la mañana.
Tardé poco más de 5 minutos en dejarlo, debo bañarme, pero antes, vuelvo a revisar las notificaciones, me río de algunos estados de mis amigos que son muy graciosos, rápido veo unas fotos y aprovecho para enviar un tuit. “Buenos días Saltillo, yo ya me levanté!”.
No me quiero poner de mal humor por quedarme a media mañana sin batería, por eso conecto mi BB al cargador y me meto al baño. La verdad es que no tengo una explicación sobre esta manía insoportable.
Salgo de la ducha y antes de secarme reviso otra vez el celular, a ver si alguien me regresó el saludo en el Twitter o tal vez me llegó un mensaje directo. Abro la aplicación del BlackBerry Messenger, el chat que es gratuito para los que tienen este aparato. Le escribo a mi compañero de trabajo, con el que coqueteo desde que estoy soltera.
Me saluda después de unos minutos y le contesto, pongo una carita feliz y me apuro para secarme el cabello con la secadora, me visto y comienzo a maquillarme un poco, para no verme recién despierta.
Corretean montones de palabras en los muros. Acabo de escribir un mensaje en mi muro de Facebook, con ansias espero que den un like y me hagan algún comentario. ¿Me estarán leyendo? ¿Pensarán mis amigos que estoy bien o que estoy mal? Algunos dicen que quiero llamar la atención, pero no es así. Sólo busco pasar un rato en mi celular.
Llego al trabajo y en la oficina enciendo la computadora, sigo cuentas de Internet, estoy pensando qué foto poner en mi perfil. Empiezo con el trabajo en la oficina, muchas cuentas que atender y facturas que poner en orden.
Estoy al pendiente de mi BlackBerry. Volteo seguido a ver si prende el foco rojo que me indique una notificación. Tomo otra vez el teléfono y empiezo a platicar con mi amiga, la vi ayer, pero quiero tener contacto. Me pregunta si vi la foto que puso mi ex en el Facebook, le digo que no y no puedo evitar las ganas de ver y voy a revisar su perfil.
Siento una punzada en el estómago, pero ni modo, terminamos hace más de un mes. Para no ponerme peor, le escribo a mi compañero de trabajo y empezamos a coquetaer, la verdad es que lo tengo a unos metros, pero prefiero hablarle por el chat.
Aunque puedo revisar el Internet desde mi computadora en el trabajo prefiero mi celular, porque ahí tengo las redes sociales y la verdad ya me acostumbré a tenerlo en mis manos.
No lo puedo dejar, en todas las actividades que hago en el día me acompañan, parece una extensión de mí misma, me decía mi ex. Ni modo, él se fue, pero mi BlackBerry se quedó.
Carolina Rodríguez, estudiante de Ciencias de la Educación, de la UAdeC.
24 HORAS
Una noche, Pablo Martínez preparaba un trabajo final para su clase de inglés, en la sala de su casa. Tomó el teléfono y le envió un mensaje por el chat del celular a su esposa. Ella estaba en el segundo piso de la vivienda, le hubiera tomado menos de un minuto subir las escaleras y hablarle cara a cara.
“La verdad sí soy adicto, bueno no sé si adicto pero sí dependo de mi iPhone, antes tenía la BlackBerry y extraño el PIN para el chat, porque ahí tenía unos contactos que me sirven para mi trabajo”, relata entre risas.
No sabe por qué, pero no puede dejar de revisar cada cinco minutos si tiene notificaciones de las redes sociales o correo electrónicos. Incluso cuando come está al pendiente del celular, cuando se mete a bañar se desespera y lo primero que hace al salir es, otra vez, revisar el móvil.
¿Qué decir de las madrugadas? Mucho. A Pablo le pasan las horas viendo videos en YouTube o jugando el famoso Angry Birds, aplicación popular entre los usuarios del iPhone y se divierte. Aunque también dedica tiempo a revisar los periódicos a través de sus cuentas en Twitter y Facebook: El Norte, Zócalo Saltillo, El Universal.
Fue hace cinco años cuando se presentó su adicción a los celulares. Tiempo atrás, cuando no existían las versiones móviles de redes sociales, a Pablo le entró el gusto por los tonos. “Me la pasaba bajando tonos, gastando dinero, porque no son gratis y cualquier canción que me gustaba la buscaba en tono para el celular”.
Aunque el iPhone le es útil para su trabajo como comerciante, él sabe que depende de ese aparato negro marca Apple por muchas razones, incluso en su familia se ha vuelto un elemento de unión. Su hijo, de 8 años, comparte videos con él y se divierte jugando el famoso Angry Birds.
“Le dimos un celular, están al pendiente de los videos, pero sí les digo que no debe de pasarse mucho tiempo jugando”.
Pablo no se conforma con su móvil. También tiene una tableta PlayBook y un Nextel BlackBerry, y que todos sus equipos se queden sin batería le atemoriza y le enoja.
Entre risas, pero apenado, relata que un día olvidó su celular. “Me sentía desnudo, te juro que hasta sudé”. Estuvo media hora sin él y fue a buscarlo a su casa. Cuando lo encontró y lo tuvo en sus manos suspiró. Tenía 10 llamadas perdidas, las regresó todas de inmediato.
La adicción está en puerta cuando:
*Se presentan bajos niveles de desempeño.
*Se pasa más tiempo en el aparato que en aspectos de la vida social.
*Las demás personas advierten la dependencia al celular.
*Las personas caen en desesperación cuando no pueden comunicarse a través del aparato.
*En Coahuila no se tiene estudio sobre la adicción al celular: nomofobia
*Durante 2010 el número de usuarios de Internet en México sumó la cifra de 34.9 millones de personas, de los cuales 68% se conectan a la red a través de PC, 67% con una computadora portátil y 26% ingresa a través de un teléfono inteligente.
*Tener un celular con redes sociales puede costar de 100 hasta mil pesos, en prepago o plan de renta por el servicio.
*Los equipos que tienen acceso a Facebook, Twitter y correo electrónico tienen un costo de mil 500 hasta 10 mil pesos.




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