Cd. Acuña

Publicado el viernes, 6 de abril del 2012 a las 14:00
Acuña, Coah.- Son tres los festejos que conmemora la Iglesia en estas fechas, siendo el primero de ellos la institución de la Eucaristía; el segundo el sacerdocio y la tercera de ellas el lavatorio de pies, festividad con la que revivimos la escena de nuestro Señor Jesucristo antes de ser entregado para morir por los pecados del mundo.
Así fue como lo señaló el párroco de la iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe, Sabino Gámez Pérez, en la celebración de la homilía del lavatorio de pies, que según dijo, es el signo que la Iglesia ha instituido para reflejar la caridad y la humildad, el recordar a los fieles la vocación de servicio al prójimo desde cualquier lugar.
En lo que fue la celebración de este evento participaron niños, jóvenes y adultos que representaron a los 12 apóstoles que fueron los fieles seguidores de Jesús, además se recordó lo acontecido en el capítulo conocido como la “Última Cena”, donde el Hijo de Dios compartió el pan y el vino con sus fieles seguidores antes de ser entregado por Judas Iscariote y fue ahí donde se instituyó el sacramento de la Eucaristía al señalar que el pan representaba su cuerpo y el vino su sangre, “sangre de la alianza nueva y eterna para el perdón de los pecados”.
Dentro de la ceremonia se hizo una petición especial por los nuevos sacerdotes, ya que de acuerdo con lo dicho por el párroco de la iglesia, es una vocación instituida por Jesús, por lo que nunca dejará de existir aun y cuando las acciones de la humanidad indiquen todo lo contrario.
Destacó que a diferencia del pueblo judío la celebración de la pascua para la Iglesia latina es el aceptar y proclamar de la misma manera que se hiciera hace miles de años, donde se proclamó a Jesús como Dios del universo y aceptarlo como el Mesías prometido, situación que el pueblo de Israel aún no acepta, es por ello que dentro de sus celebraciones en la mesa se deja un espacio vacío en espera de la llegada del Mesías prometido y redentor del mundo.
Fue así como el padre Sabino Gámez lavó a cada uno de los participantes los pies, los secó y después los besó en señal de humildad, para después concluir la ceremonia con la bendición del pan.
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