Sociedad
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Zócalo
Publicado el domingo, 22 de abril del 2012 a las 14:00
Monclova, Coah.-“Dicho esto, les mostró las manos y los pies”.
Lucas 24:37 Jesús resucitado se presenta a sus discípulos mostrándoles sus manos y pies de crucificado.
Esto quiere decir que tenemos que buscar la fuerza salvadora de Dios, no en cualquier hombre, sino en éste que ha sido víctima del rechazo y la violencia de todos.
Jesús ha sido “sólo víctima” de la violencia y nunca su inspirador o generador, y se convierte así en la única fuente de esperanza para la humanidad.
Ese círculo infernal de opresión represión, violencia y contra violencia que envuelve y ahoga a la humanidad con su fuerza destructora, se rompe precisamente en Jesús, modelo del “hombre nuevo” que se niega a crear nueva violencia y opresión, aun a costa de terminar crucificado.
Sólo desde Jesús crucificado y resucitado por Dios se puede pasar por encima de la triste historia de odios, venganzas, violencias y se nos abre el camino hacia una humanidad nueva, capaz de otro tipo de relaciones.
Antes que nada, hay que decir que nuestro Dios (Jesucristo) es un Dios que en el interior de las relaciones violentas de los hombres, se identifica siempre con la víctima y no con el opresor.
Desfiguramos, distorsionamos o presentamos un rostro falso de Dios cuando lo presentamos como indiferente a los crucificados del mundo.
Dios nos obligará siempre a preguntarnos si estamos de parte de los que crucifican o de parte de los crucificados.
Nuestra conversión pascual sólo es posible cuando nos volvemos hacia aquellos que son nuestras víctimas para reconocer las llagas que vamos produciendo en sus vidas.
Experimentaremos la novedad y transformación de la Resurrección de Cristo si aprendemos a curar en vez de herir, ayudar en vez de dañar.
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