Internacional

Publicado el martes, 16 de diciembre del 2008 a las 19:48
Actualmente los estadounidenses tienen más acceso que nunca a información relacionada con estilos de vida más saludables y nutrición. Sin embargo, el número de gente con sobrepeso es más alto que nunca y la epidemia de obesidad parece no disminuir. Así que si la información no está dando resultados ¿qué sí podría funcionar?.
Un estudio reciente dado a conocer en la revista de la Asociación Médica Estadounidense (AMA, por sus siglas en inglés) ofrece una respuesta: quienes están a dieta pierden más peso en menos tiempo cuando tienen incentivos a corto plazo- un premio económico, en este caso- que los motivan.
El estudio en economía conductual estuvo a cargo de George Loewenstein- profesor en economía y psicología de la Universidad Carnegie Mellon- y Kevin Volpp, profesor adjunto de medicina y manejo de cuidado médico en la Universidad de Pennsylvania.
Los investigadores diseñaron tres grupos en los cuales asignaron, de manera aleatoria, a 57 adultos participantes.
Las personas de un grupo entraron a una especie de lotería diaria y ganaban dinero si lograban alcanzar su objetivo en cuanto a la pérdida de peso. Los del segundo grupo invirtieron su propio dinero pero perdían si no lograban su objetivo. Y un grupo de control sólo fue monitoreado de manera mensual.
El objetivo a alcanzar fue el mismo para todos: 7 kilos en 16 semanas. El resultado: quienes estuvieron en los grupos con incentivos perdieron mucho más peso.
El grupo de la lotería ganó en promedio 272 dólares y perdió una media de 5.89 kilos; en este grupo sólo la mitad logró perder los 7 kilos fijados como meta. El grupo que invirtió su propio dinero obtuvo 378 dólares y perdió en promedio 6.35 kilos, y menos de la mitad alcanzaron la meta. Sin embargo, el grupo de control- que no ganó nada- perdió en promedio sólo 1.72 kilos y apenas el 10.5% alcanzó el objetivo.
Los autores del estudio señalan que los enfoques a largo plazo para perder peso con frecuencia pasan por alto las gratificaciones inmediatas. “Las personas pueden estar extremadamente motivadas para perder peso y aún así no lograrlo”, indicó Loewenstein, quien estudia las distintas aplicaciones de la psicología en economía, leyes y, en este caso, la medicina.
“Lo que concluimos es que si se cuenta con un programa de incentivos y retroalimentación a corto plazo existen mayores probabilidades de tener éxito donde los incentivos a largo plazo fracasan”. Esto no necesariamente tiene que ver con dinero, enfatizó. Pesarse diario, como en los grupos con incentivos, y no por semana o mes también otorga una retribución a corto plazo.
“El mensaje para las personas que quieren perder peso es que deben pensar en el día a día. Tienen que pesarse todos los días. Si pierden peso a la semana se sentirán libres y optimistas los primeros tres o cuatro días y tratarán de recompesarlo los últimos días, lo cual deja de funcionar”, indicó.
Otro incentivo tiene que ver con elegir el camino de menos resistencia. Loewenstein y dos estudiantes graduados están descubriendo que si se logra que la comida saludable sea más accesible, la gente puede cambiar sus elecciones de manera dramática y dirigirlas hacia una comida más sana. Con respecto al estudio, Loewenstein mencionó: “no es que creamos de manera ciega en los incentivos económicos pero si vamos a tratar de cambiar nuestro comportamiento, podríamos hacerlo de una manera más efectiva y lograrlo por dinero”.
“Deberíamos buscar facilitar el acceso a botanas sanas y dificultar el acceso a comida poco saludable”, dijo. También señaló que los alimentos saben mejor cuando se tiene hambre, de modo que una cena saludable se antojará más si antes no se ha comido alimentos chatarra.
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