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Publicado el domingo, 21 de diciembre del 2008 a las 16:00
Piedras Negras, Coah. – Para Guadalupe Gutiérrez Sánchez, de ocho años de edad, la mejor bendición es contar con el cariño y protección de sus familiares, sobretodo de sus padres.
En ellos encuentra la comprensión y el cariño que la convierten, a pesar de su discapacidad, en una niña en donde la felicidad es la palabra clave de su vida. Irma Elia Sánchez Esparza, es una joven de 23 años de edad que vive la experiencia de ser madre de dos niñas con hipoacusia severa, asociada a la dificultad para oír por alteraciones del oído externo y que impiden la transmisión normal del sonido.
Aunque para Irma las conductas de Lupita, la mayor de sus hijas, y Vanessa, de cinco años, son normales; sus ojos no ocultan el dolor por el que ha atravesado desde que detectó la incapacidad para escuchar de sus hijas.
Su voz se apaga durante la entrevista… se detiene un momento, mientras dos lágrimas ruedan por sus mejillas, son lágrimas de impotencia, de incertidumbre, ante esta experiencia que le toca vivir a su familia.
“Cuando Lupita tenía seis meses de edad, un día, mientras estaba en el andador, le hablé, pero me di cuenta que no volteaba; la llevé con el pediatra, quien le ordenó unos estudios a través del IMSS y fue como nos dimos cuenta de su problema al año seis meses de nacida”.
El diagnóstico, un término que parece incomprensible para el lenguaje común, resultó ser hipoacusia severa, un problema que en el caso de las dos pequeñas hermanas podría ser genético, de acuerdo a opiniones de especialistas.
“Mi esposo y yo tenemos el mismo tipo de sangre; los doctores nos dijeron que tal vez eso tuvo que ver”. Irma además es madre de dos pequeñas más. Esto ameritó que desde su nacimiento un marcapasos la acompañe de manera permanece para darle más fortaleza a su corazón. Las ilusiones de Lupita son alimentadas por sus padres de que un día esperan comunicarse con ella y pueda llevar una vida normal, junto a su hermana, como el resto de los niños.
Para ello han buscado apoyo con el propósito de hacer realidad el sueño de la pequeña, llevando a cabo actividades para recaudar fondos y poder pagar un implante coclear que le permita escuchar.
“Hace tres años empezamos a hacer loterías; fuimos a la televisión para reunir la cantidad para el implante; con apoyo del Club de Leones le pudieron hacer un estudio, pero no ha sido suficiente”.
La familia necesita reunir la cantidad de 40 mil pesos para el implante coclear de Lupita y una cantidad igual para Vanessa, a quien por falta de recursos no le han realizado el examen que requiere para conocer exactamente el grado de su problema.
Integrantes del Club Misión Piedras Negras ya dieron el primer paso al elegir a Lupita entre otros niños como candidatos para un examen de audiometría en la Clínica México; esto la haría acreedora a un aparato auditivo.
Sin embargo ante la severidad de la hipoacusia de Lupita, el audífono no es suficiente para lograr la audición, por ello su familia espera encontrar el apoyo de algún organismo o fundación que les ayude a accesar más pronto al implante de la niña y posteriormente de su hermana Vanessa. En el Centro de Atención Múltiple número 23 Lupita ha encontrado un espacio que le ha permitido adaptarse, pese a su situación, a un entorno cada vez más familiar, el que viven, al igual que ella, otros niños con necesidades educativas especiales.
Mientras en su hogar trata de comunicarse con los suyos con términos vocales concretos como mamá, papá, o gestos que le resuelvan problemas de comunicación básicos como comer, bañarse, etc.
De acuerdo al diagnóstico de la hipoacusia, la mayoría de los niños presentan un nivel de inteligencia normal y no tienen dificultad para comprender lo que ocurre a su alrededor.
En la escuela de educación especial, el aprendizaje de los niños es fortalecido por medio de técnicas de lenguaje y comunicación a través de la mímica para lograr una adecuada integración social, señaló la directora de la institución, Aída Nohemí García.
Para Lupita y para Vanessa el mejor regalo de Navidad será poder experimentar el amor de sus padres y familiares, precisamente la Nochebuena la pasarán en casa de su abuela materna y sus hermanitas menores Lizbeth e Irma Alejandra.
Lupita, como la llama de cariño su familia, vive su niñez con ilusiones, las propias de una niña que en estas fechas esperará su ansiado regalo de Navidad; para ella el mejor sería poder escuchar como las personas que la rodean.
El padecimiento de Lupita no llegó solo, cuando nació, siendo sólo de siete meses, debido a una complicación de su mamá que tuvo que ser operada por cesárea, los médicos detectaron que su ritmo cardiaco era más lento de lo normal.
La historia se repitió con Vanessa, que al igual que su hermana, también lleva un marcapasos por similares circunstancias.
El primer paso
El CAM 23
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