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Zócalo
Publicado el jueves, 25 de diciembre del 2008 a las 16:00
Ramos Arizpe.- Ayer, 24 de diciembre, se cumplieron 5 años del accidente en motocicleta que puso al borde de la muerte a Jesús Osvaldo Aguirre Farías. Durante este lustro, “Chubalo”, como se le conoce de cariño, es un ejemplo de fortaleza, entusiasmo y perseverancia porque nunca se ha rendido ante la adversidad.
Sus padres, hermanas y tías, quienes en todo momento han apoyado al joven de 26 años, no pueden contener las lágrimas al recordar aquel lamentable acontecimiento y con satisfacción y orgullo hablan de los avances que ha logrado Jesús Osvaldo: hoy puede caminar, hacerse entender y pronunciar las primeros sonidos, cuando el pronóstico era que su vida sería como la de un vegetal.
Conocer a “Chubalo” resulta una experiencia enriquecedora, está lleno de energía, atento a la plática, participa con ademanes en la conversación y constantemente se ríe o hace muecas de desaprobación si algo no le parece.
Fue el 24 de diciembre de 2003, cuando “Chubalo”, un joven con mucho porvenir, abordó como pasajero la motocicleta de un amigo para ir a comprar los regalos de Navidad, intempestivamente, en la Alameda de esta ciudad un vehículo los embistió y Jesús Osvaldo salió proyectado 15 metros.
Desde entonces comenzó su lucha contra la muerte, nunca se venció, sus ganas de vivir fueron superiores y soportó 11 operaciones quirúrgicas. Contra todos los pronósticos desalentadores, hoy, cinco años después, Jesús Osvaldo espera la fiesta de Navidad para recibir regalos y bailar, que es algo que disfruta mucho.
A Su padre, Jesús Ángel Martínez, todavía le duele el destino de su único hijo varón, no poder verlo desarrollarse como cualquier otro joven, sin embargo, asegura: “si alguien no cree en los milagros, mi hijo es un ejemplo de que existen”.
Después de cinco años de terapias, entre ellas con caballos y delfines además de instituciones de rehabilitación, la esperanza de la familia es poder suministrarle sus propias células madre a Jesús Osvaldo, una alternativa para regenerar las células en el cerebro que se dañaron con el accidente y con ello poder lograr una mayor recuperación en su cuerpo y movimiento.
“La abuela de “Chubalo” murió seis meses después del accidente, ella estaba bien y lo que yo quiero pensar es que dio su vida por salvar la de mi hijo”, dijo la señora Elisa Flores, quien después de este lapso, no duda en decir que su hijo es un ángel que se ha quedado en este mundo para cumplir un cometido especial.
Hoy, la familia Aguirre Farías es testimonio de cómo con amor, fortaleza y esperanza, se pueden superar todas las adversidades, por difíciles que sean.
EN BREVE
» A pesar de sus limitaciones físicas, “Chubalo” es un joven entusiasta y posa como todo un galán.
» Su hermana menor, su madre y tía solamente hablan de los esfuerzos que ha realizado Chubalo para salir adelante.
» A Chubalo le gusta bailar, oír música y ver el futbol, su equipo favorito es el Atlas.
» Conocer a Chubalo es una experiencia enriquecedora de superación y esfuerzo.
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