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Publicado el sábado, 27 de diciembre del 2008 a las 02:45
Saltillo, Coah.- La vida lo llevó a ser uno de los mejores jugadores en su posición y, aunque tarde, pertenece a un selecto grupo de elementos que tienen el placer de decirse tetracampeones nacionales con los Borregos Salvajes del ITESM-Monterrey.
Al saltillense Héctor Emmanuel Arenas Estrada desde temprana edad le inculcaron el gusto por el futbol americano; sin embargo, sólo logró jugar dos temporadas en la categoría Infantil, sin saber que el destino le traería algo mejor con el paso del tiempo.
“Desgraciadamente nada más pude jugar una categoría Infantil por el peso, siempre me pasaba y tenía problemas y mi papá me decía ‘te van a lastimar, mejor cuídate, más grande vas a poder jugar’, y así empecé a querer jugar”, comenta Arenas Estrada.
A pesar de que no logró estar en un equipo Infantil de lleno, fue en la adolescencia cuando probó el futbol americano de verdad.
“En secundaria empecé a ir a entrenar al Ateneo, ahí me enseñaron, por eso de los 13 ó 14 años, a jugar contra gente más grande, chavos de 17-19 años. Ellos son los que realmente me empezaron a ponerme atención, me enseñaron a ponerme en tres puntos, cómo explotar; los coaches no me ponían mucha atención pero sí mis compañeros, y a partir de ahí fue un beneficio, porque como jugaba con gente más grande, con gente de mi edad, ya era más fácil enfrentarme a ellos”.
EL SALTO
Éstos serían prácticamente los primeros pasos en el deporte de las tacleadas, los cuales al final tendrían su recompensa cuando Arenas tomó una decisión: salir de los Daneses del Ateneo Fuente.
“Me fui a la Juvenil en Lobos. Decidí jugar, aunque siempre amé al Ateneo, pero decidí porque íbamos a jugar contra Prepa Tec, porque siempre fue un anhelo de niño, desde pequeño me llevaba mi papá a ver los juegos de Borregos y era una forma de que Prepa Tec me viera y me pudiera jalar”.
Fue entonces cuando las puertas se abrieron para el saltillense, porque tuvo la oportunidad de ser llamado y buscar un lugar en ese equipo, cosa que no desaprovechó.
Llegó a un tryout en el campo del ITESM, Campus Saltillo, y el salto a Monterrey se hizo latente. Ahí estuvo junto a otros 35 jugadores ofensivos y gracias a su esfuerzo se quedó con otros tres para formar parte de este equipo.
“Fue una experiencia inolvidable. De ahí me invitan formar parte de Borregos, ahí el único problema era que yo todavía no terminaba la preparatoria y estaba en el Ateneo, y me dicen, ‘hay dos vías; una, que dejes de jugar y te esperes un año a Intermedia; y otra, que te vengas a entrenar e ir y venir”, además acepté porque la Prepa iba a tener cuatro juegos en Estados Unidos y con el apoyo de mi familia fui y vine”.
SACRIFICIO
Pero no sólo era decidir acudir a Monterrey todos los días, sino sacrificar tiempo, amistades, aunque éstas nunca le dieron la espalda, al contrario, siempre le apoyaron en lo que hacía, todo con la finalidad de lograr el objetivo de pertenecer a ese grupo selecto en los Borregos Salvajes.
“Era perder tres horas de puro camino, más las dos horas de entrenamiento, fue tedioso, cansado, estaba en el Ateneo, mis amigos me acompañaban y cuando se descomponía el carro y le pedía de favor a amigos que me llevaran y me regresaran, a veces me quedaba allá, realmente sí fue un poco tediosa la ida y vuelta, pero era parte del anhelo de querer jugar allá.
Sin embargo, el esfuerzo y el empeño rindieron frutos al final del camino, porque se dio la posibilidad de subir al primer equipo, y aunque no fue titular en su primer año, lo mejor vendría después.
“No, sí jugué cinco juegos en los últimos cuartos, pero en mi primer año no fui titular, esto fue hasta el segundo año. En mi segundo año empiezo la temporada como titular hasta el tercer juego cuando me dieron la oportunidad porque se lesionó un amigo y empecé a jugar y gracias a Dios me dieron la confianza y a muchos de los compañeros, el Tec juega mucho por corrida, es su gran fuerza, la corrida.
Entonces a mis compañeros, recuerdo a Ramiro Pruneda, que juega en la NFL, me ayudó muchísimo, me decían qué hacer, cómo hacerlo, me ponían el juego y a que no me sacaran y poder seguir y a partir de ahí no he tocado la banca”.
Esto recolectó con el tiempo cuatro campeonatos en cuatro temporadas con el equipo mayor, algo que muy pocos pueden contar.
“Cada uno tiene sus sentimiento diferente. El primero no lo sentí mucho porque no jugué, aunque hicimos una jugada clave que era el gol de campo y gracias a eso ganamos el juego. Pero el del 2006 ha sido el más satisfactorio, por mantener y tener la presión de que el chavo de atrás de mí era el titular, no puedes hacer castigos, nada, porque gracias a Dios me dieron la confianza y ese año fue importante porque nunca Borregos había logrado un tricampeonato y lo teníamos que ganar en Puebla”.
Ahora, en lo que será su último año con el equipo mayor, y a dos semestres de culminar con su carrera universitaria en Ciencias Políticas, Héctor Arenas espera consolidar su paso en el futbol americano sin lesiones y con cinco títulos.
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