Espectáculos
Por
Redacción
Publicado el jueves, 1 de enero del 2009 a las 16:00
Saltillo, Coah.- Gran parte de las revoluciones políticas empiezan en el arte y la cultura, ventanas donde se advierte el descontento, las ranuras donde inician las grietas de un sistema político. El arte inspira y conspira. Luego permanece y se renueva, porque en su espíritu originario el arte tiende a la revolución.
Hoy se cumplen 50 años de la última gran revolución de nuestra América, un evento fecundo en entusiasmo para varias generaciones, impulsor de la democratización de la cultura, y a la vez perseguidor de otros tantos artistas.
Se cumple medio siglo de aquel evento histórico que inició con el asalto al cuartel Moncada, pasó por México, fue ombligo de la guerra fría y ahora atraviesa por cambios trascendentales. Este es un sumario de sus aportes culturales.
Las instituciones Más tarde, la creación del Ministerio de Cultura permitió la creación de Consejos Nacionales por disciplina artística, sin que los anteriores dejen de operar.
La sociedad con la otrora Unión Soviética privilegió el intercambio de conocimiento sobre todo en el ámbito de las artes escénicas.
A pesar de las dificultades, Cuba es un país prolífico en cuanto a producción cinematográfica, pero sobre todo destacan sus programas de cine extramuros, para llevar este arte a las zonas más difíciles con proyectores móviles. También es famosa la escuela cine que, bajo el padrinazgo de Gabriel García Márquez, se mantiene en activo.
El programa cultural más destacado de la revolución es sin duda el que desvaneció por completo el analfabetismo en Cuba, aunado a una colección de libros emblemática que se distribuyó de manera gratuita, con títulos cuyos derechos de autor son propiedad del pueblo, y cuyo primer volumen fue “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha”.
Generación luminosa El poeta Nicolás Guillén fue uno de los más arduos defensores de la revolución, lo mismo que Cintio Vitier, quien sin embargo sufrió episodios represivos por su abierta homosexualidad, hecho que no tolera la Cuba comunista.
Escritores como Virgilio Piñera, Eliseo Diego o José Lezama Lima ofrecieron episodios históricos a la literatura cubana revolucionaria. Escritores extranjeros como Ernest Hemingway, Ernesto Cardenal, Gabriel García Márquez y Julio Cortázar, entre otros, dieron su mano a la nueva república.
Brillan los nombres de Alicia Alonso y Mirta Plá en la danza; Wifredo Lamm en artes plásticas; Leo Brower, Compay Segundo, Ibrahim Ferrer, Silvio Rodríguez o Bebo Valdés en la música, donde la lista se amplía. Pero también resuenan otros nombres: Paquito D’Rivera, Reynaldo Arenas, Guillermo Cabrera Infante, Olga Guillot, la Sonora Matancera, entre otros, orillados al exilio.
Bajo esa premisa de democratizar la cultura, el gobierno revolucionario estimuló la creación artística por medio de instituciones como el Instituto Cubano de Arte y la Industria Cinematográfica, la Casa de las Américas y la Escuela Nacional de Arte, además de centros y agrupaciones semi independientes y los famosos sindicatos o uniones de artistas.
Producto de la revolución o inspirados por ella, toda una generación de artistas se cobijó en la sombra de este movimiento. Resulta natural, considerando que uno de sus ideólogos fue, a la distancia, el poeta José Martí.
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