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Por
Valentín Valdés
Publicado el viernes, 9 de enero del 2009 a las 16:00
Saltillo, Coahuila.- Los ladrilleros de Saltillo aseguran que no conocían los efectos de las crisis económicas hasta que vivieron la del año pasado, pues fue la primera que ellos resintieron y agudizó el declive de esta industria que desde hace siete años experimenta, pues en el pasado mes de diciembre hubo quienes no vendieron una sola pieza.
Mientras la desocupación, los despidos y los paros técnicos se concretaban en diciembre, los ladrilleros revelan que el producto no se vendió, situación opuesta a la de diciembre de 2007 cuando hasta vendieron a otros estados.
Zócalo Saltillo recorrió lo que fue la próspera y también contaminante zona ladrillera de los sectores Guayulera y Patria Nueva, un núcleo que en dos décadas anteriores logró concentrar al 75 por ciento de los 4 mil 500 ladrilleros que producían en Saltillo.
Diciembre de 2008 fue quizá el mes más difícil en la historia de este oficio, ya que tanto negocios establecidos, informales y pequeños productores coinciden en que en la venta de ladrillos, losetas y otros aditamentos no alcanzó ni el 3 por ciento.
“En 2007 hubo mejor venta, inclusive a otros estados, pero en diciembre pasado no hubo venta y y no hemos parado de producir la loseta de barro en todas las medidas, los ladrillos, la coacha, pero no nos han pedido nada”, revela Rebeca Campos, encargada de ventas de Ladrillera Rodarte, en periférico Luis Echeverría, al poniente de la ciudad.
Al lado norte del negocio con tradición de 30 años está una ladrillera abandonada, al lado sur hay dos funcionando, pero en el frente, del lado poniente y de manera improvisada, hay tres vendedores informales de ladrillo, quienes trabajan por encargos y sólo llevan alrededor de 300 ladrillos de muestra para que los clientes los vean.
“NI UN SOLO PEDIDO”
Pero la situación en las ladrilleras establecidas es similar a la de Ladrillera Rodarte, pues al menos el dueño de uno de estos negocios, quien habló, pero pidiendo el anonimato, manifiesta su preocupación y señala que la competencia desleal de informales es aceptable ante la difícil situación.
“En diciembre de 2007 tuvimos venta nacional, y nuestra principal clientela estaba en Torreón, Durango, Jalisco, pero en 2008 nada”, dice el dueño de una ladrillera, quien pide no ser identificado para no tener conflictos con la Unión de Ladrilleros de Saltillo y la Región, a la que pertenece.
¿Cómo les va con las ventas? ¿Qué efectos tiene la crisis?
“La crisis nos ha acabado, pues desde hace siete años hemos visto cómo nuestras ventas se ven más limitadas”.
¿De qué manera los ha acabado?
“Simplemente en diciembre, en el que hubo aguinaldos, que la gente trae dinero, no hubo un solo pedido, y creo que las otras ladrilleras andan igual que nosotros, uno que otro nos compra que mil ladrillos, que 2 mil ladrillos, pero no pasa de ahí”.
¿Han cerrado algunas?
“¿Algunas? Muchas, se han cerrado muchas ladrilleras, y hemos visto negocios familiares o de amigos que simplemente prefieren vender los terrenos porque ya no les conviene, porque sale más caro”.
¿El cierre es por la crisis del año pasado?
“Sí, pero ya no sólo eso, es también el cambio de combustible de hace años, cuando dejamos la llanta y nos cambiamos al aceite; en ese entonces cerraron el 80 por ciento de las ladrilleras. Ésta es la primera vez que una crisis nos afecta, porque en la de 1994 ni siquiera la sentimos ya que la exportación de nuestro producto nos sacó adelante”.
¿Ahí comenzó la debacle?
“Lo peor fue que teniendo ya el equipo que no contamina, el combustible primero nos lo dejaron a 90 centavos, pero después subió, porque lo escasearon. Entonces, pues no tenemos cómo activarlo y cada vez es más caro hacer ladrillos”.
¿Ya tocaron fondo, entonces?
“Lamentablemente hay muchos que están peor que nosotros, pues nosotros estamos aquí en el periférico, pero allá por el túnel hay unos 30 ladrilleros que sí la están viendo difícil, pues allá hay muchos sitios abandonados, lo mismo que por los basureros, allá por Altamira, en la carretera a Torreón”.
Entonces cerraron los pequeños productores, pero ¿los establecidos por qué?
“Aquí a pocos minutos estaba una ladrillera de la familia Solís, ellos dejaron el negocio el mes pasado, ya vendieron su terreno, porque nuestro fuerte era la exportación que se vino a menos cuando se cayeron las Torres Gemelas”.
¿Cuántos ladrilleros entonces siguen en activo?
“Seremos unos 300 ladrilleros entre establecidos formalmente e informales, pues nosotros sí pagamos impuestos y obligaciones, pero tenemos que aceptar que quienes no tienen los medios de asentarse y están como ‘piratas’ tienen derecho a vender. Todos tenemos necesidad y a mí no me molesta que estén haciendo su lucha”.
VENDER LO QUE SE PUEDA
Y frente a los negocios del periférico Luis Echeverría, frente a las ladrilleras establecidas y apoyadas por publicidad visual, están los que hacen su lucha instalándose de manera improvisada.
Aunque no conocen de ventas o mercadotecnia, tienen como estrategia el exhibir el producto a la vista de los conductores, por lo que mantienen apilados ladrillos a fin de atraer a los clientes.
“Tratamos de vender más barato, le sacamos poquito, pero lo importante es tener para comer y si nos piden más, entonces pues todo sobre pedido, porque así como lo hacemos, así se tiene que vender”, explica Rafael Rodríguez, quien teme ser fotografiado.
“Llega el cliente, normalmente es gente que no tiene para comprar a los ladrilleros allá enfrente en los negocios, entonces nosotros le damos un precio especial de a peso el ladrillo para que se lo lleven, así los ayudamos a ellos y nos ayudamos a nosotros”, agrega.
Admite que el cambio de combustible fue un duro revés para ellos, pero que con la crisis simplemente no ven más camino que salir de sus cocedores de ladrillo y pararse en el periférico a la espera de clientes.
“SE VENDE MUY DESPACIO”
Andrés Rivera Iracheta levanta su mirada, la cual protege con el sombrero que le ataja el intenso sol, atípico para rsta temporada invernal, y al observar el horizonte encuentra un panorama desolador dominado por cocedores abandonados, perros flacos, mucho polvo, escombro y un par de ladrilleros trabajando.
“Esto no era así, yo soy ladrillero desde 1960, y hubo un tiempo en que tuve hasta 15 trabajadores y aquí llegamos a estar 350 productores de los 4 mil 500 que estábamos en la Asociación de Ladrilleros”, relata Rivera Iracheta, quien por en diciembre y enero ha tenido que hacer labores de vigilante de su predio porque ventas no hay.
Mientras no hay venta no hacen ladrillos, pues asegura que no hay las posibilidades para hacerlo, por lo que tienen que esperar a que alguien les compre o les haga pedido y pague por adelantado, y en 2008 pasó temporadas de tres meses sin hacer un solo ladrillo.
“Se está vendiendo, pero muy despacio. Ya tenemos como siete años que las cosas se pusieron así, la venta está calmada completamente, a veces mil o 2 mil ladrillos vendo, y a peso lo vendemos, así que ganamos poquito”, y añade que no dejará su ladrillera, gracias a que cuenta con el apoyo de sus hijos que trabajan en fábricas de la localidad, quienes lo mantienen cuando no vende.
Recuerda que cuando les cambiaron de combustible, él ya tenía el aparato que le costó mil 500 pesos en Guadalajara hace 13 años, pero hace siete los ladrilleros tuvieron que comprarlo en casi 48 mil pesos, por eso un 80 por ciento dejó el oficio.
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