Al igual que muchos, yo voté por Fox; al igual que muchos, también me decepcioné pronto.
Ese estilo aguerrido, rebelde, “ranchero”, era más una conducta aprendida que es útil con los subordinados, pero es fácilmente descifrada como falsa.
Fox no es muy inteligente, y eso lo entendieron quienes lo dejaron llegar al poder, quienes pronto tuvieron la “vacuna” para ese virus: siempre fue de menor calificación en el tema de la afiliación, y en ese ambiente político, ya sabían que una trepadora se había escabullido en sus sábanas; ladinamente, a Martha Sahagún, la mencionada trepadora, le acercaron a Elba Esther Gordillo como “asesora”, quien la apoyó en el proceso de atrapar al ya mandatario, casarse con él y desarrollar el proyecto de “ser la siguiente mandataria”.
El mismo Fox veladamente hablaba de eso.
Considerando las costumbres de la señora, eso despertó de inmediato reacciones antagónicas en panistas y demás.
Sin embargo, Fox tuvo siempre claro que tenía poderes limitados y enormes enemigos, algo que lo hizo limitarse, sabiamente, en lo que intentaba y a qué se atrevía.
Los señalamientos de actos indebidos o corruptos estuvieron siempre en el área de influencia de Martha Sahagún: compras exageradas en precio, tráfico de influencias en sus hijos, pero en el caso de Fox llamó la atención que solo se hizo grande el escándalo por la donación de un Jeep que les había prestado la empresa Chrysler, y presionó la ola de grillos para que no pudiera recibir el donativo.
Fox tuvo claro también que no tenía poder en las elecciones, con un IFE dirigido por José Woldenberg, un maestro de la UNAM, chilango, judío, socialista; era refractario a presiones. Aparte, la organización del instituto en ese momento fue el momento más transparente en la historia de esa institución.
Las instituciones en una república se establecen para limitar el atrevimiento y descaro de los funcionarios, para que el ciudadano común verifique la información y tenga seguro que están siendo respetadas su familia y lo que le rodea.
Hace unos días se publicó una foto de una mujer, poco agraciada, asoleando las piernas en una ventana abierta de Palacio Nacional; muy pronto se publicó que dicha persona era la madre de Sheinbaum. Por el lado que le busquen, todo es incorrecto: su hija trabaja ahí, no está rentando ni es propietaria del edificio; si alguien entra, aunque sea invitado, nadie espera que se asolee en calzones; finalmente, es un monumento nacional, más antiguo que México como nación.
La señora, madre de Sheinbaum, que se asoleaba, es búlgara, llegada a México antes del 60; indebidamente participó en el movimiento del 68, acompañada de su esposo, también comunista búlgaro. En ese acto, ambos debieron haber sido expulsados, primero, porque siendo empleados de la universidad, deberían estar trabajando, no estar en disturbios, y porque siendo extranjeros debieron haberles aplicado el artículo 33, que se aplica a extranjeros indeseables.
Al hablar del movimiento del 68, todos hablan de que el Estado reprimió disturbios, haciendo a un lado que eran destrucción de bienes del gobierno lo que quemaban los vándalos, y hacen a un lado que las embajadas socialistas, como la de Bulgaria, financiaban a parte de los vándalos, por ejemplo, a Pablo Gómez, hoy figura de la 4T.
Por eso, cuando la encargada de la silla presidencial, en vez de cabalmente responder a señalamientos, con absurdos razonamientos que para nada contestan lo que se le pregunta, entendemos que nunca debieron haber llegado al poder su marionetista ni ella.
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