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Por
Maricela Jiménez
Publicado el martes, 22 de julio del 2008 a las 14:00
Saltillo, Coah.- Don Agustín tiene 63 años, es padre de familia, esposo y abuelo de tres nietos. Anteriormente trabajaba como soldador con algunos contratistas que confiaban en sus capacidades. Hoy, jubilado, labora cuatro horas diarias como empacador voluntario de un centro comercial, pues a su edad es difícil encontrar mejores oportunidades de empleo.
Originario de Zacapu, un pueblo agricultor de Michoacán, Agustín Correjo Morales emigró de su pueblo a los 13 años, solo y “sin miedo”, pues asegura, en aquel tiempo la escasez de trabajo y la falta de dinero para comer, no le permitían vivir temeroso.
Aunque trabajó en distintos oficios, como agricultor y pizcador, don Agustín se define como soldador, oficio que aprendió a los 20 años, después de trabajar en obras de construcción de algunas empresas importantes.
Hoy, a tres años de haberse jubilado, sobrevive gracias a su lucha diaria, pues además del ingreso económico que percibe por sus más de 40 años de trabajo, trabaja como empacador voluntario en un centro comercial.
En un día “bueno” como empacador, gana hasta 150 pesos, sin embargo, también hay días malos, en los que solamente junta 50 pesos, por lo que debe buscar formas alternas de ganar dinero, por lo que todas las mañanas, Don Agustín recorre a pie su colonia, en busca de cartón, plástico y aluminio que pueda vender a empresas recicladoras, para ganarse dinero extra.
“También voy en las noches, cuando me quedan ganas, pero es muy mal pagado, a uno se lo pagan muy mal, pero ellos doblan el precio”, señala.
Dadas las pocas oportunidades de trabajo que existen para las personas mayores, desde los 50 se batalla, pues los empleadores ya no quieren gente grande.
“A los 50 empieza uno a batallar, ya no lo quieren, uno si quiere trabajar, pero no le dan empleo a uno. Sí hay oportunidad, pero son cosas en las que uno no siempre puede”, explica.
Una de las veces que estuvo desempleado, relata, acudió al Instituto Estatal del Empleo, sin embargo, su perfil no fue el adecuado para ninguno de los puestos vacantes, por lo que la búsqueda de trabajo se prolongó.
“Nada más llené la solicitud y dijeron que me hablaban, pero no me hablaron, después publicaron listas, pero no había nada para mí. No había para gente de mi edad”, finaliza.
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