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Acaba tragedia con sueños de familias; despiden a los muertos en el carreterazo

  Por Zócalo

Publicado el martes, 22 de julio del 2008 a las 17:30


Con la finalidad de sacar adelante a la familia y mejorar sus condiciones de vida, después de haber ser abandonada por su esposo

Cd. Acuña, Coah.- Con la finalidad de sacar adelante a la familia y mejorar sus condiciones de vida, después de haber sido abandonada por su esposo, la señora María Victoria Cruz Palacios, desde Almagres, Veracruz, llegó a Ciudad Acuña, en busca de empleo, junto con sus cinco hijos, pero el destino le cambió su suerte el domingo 20 de julio, cuando el vehículo en que viajaba se estrelló con un camión de la línea Coahuilense.

María Victoria Cruz Palacios, quien falleció a la edad de 52 años en el trágico accidente en la carretera Ribereña, junto con dos de sus hijas y seis nietos, vivía en el fraccionamiento Fundadores, en la casa marcada con el número 31 de la calle Palmito. La familia Ramírez Cruz, originaria del estado de Veracruz, llegó hace más de 10 años a Ciudad Acuña, cuando María Victoria Cruz Palacios, a los 40 años de edad, al separarse de su esposo, tomo la decisión de emigrar en busca de empleo junto con sus cinco hijos, Elaine, Aidé, Leticia, Javier y Antonio, el menor de la familia.

Llegaron a esta ciudad para radicar en la colonia Teotihuacán y encontraron empleos. La familia logró adquirir una vivienda de interés social en el Fraccionamiento Cedros, en la calle Palmito número 31 y a pesar de que cada uno de sus hijos formaron su familia, siempre la señora María Victoria Cruz Palacios logró mantenerlos unidos y motivándolos a salir adelante.

Cuando todo era alegría, el destino le hizo una jugada, nadie pensó que a su regreso de la ciudad de Piedras Negras, a donde fueron a visitar a unos familiares y a una fiesta de quince años, un fatal accidente carretero resquebrajaría la familia veracruzana. A la señora María Victoria Cruz le sobreviven su hijo menor Antonio, Elaine y Javier de la Cruz Ramírez.

NADIE QUEDÓ DE LOS GONZÁLEZ RAMÍREZ

Lamentablemente, el trágico accidente acabó también con todos los integrantes de la familia González Ramírez, integrada por el padre Abelardo González Rico, la madre Aidé Ramírez Cruz y sus tres hijos Angely, de ocho, Antonhy, de seis y Alan, de ocho meses. El pasado domingo 20 de julio a las siete de la tarde, Abelardo González Rico regresaba de Piedras Negras, de visitar a sus familiares, acompañado de su esposa, su suegra, su cuñada, tres hijos y tres sobrinos, cuando repentinamente se impactó de frente al invadir el carril contra un camión pesado de transporte foráneo.

Y en el lugar de los hechos, ocho de ellos murieron al instante prensados en el interior del vehículo y Aidé falleció minutos después en el Instituto Mexicano del Seguro Social.

Abelardo González, junto con su esposa Aidé y sus tres hijos, Angely, Antonhy y Alan, vivían en la colonia Teothihuacán, en la calle Laguna esquina con 20 de Noviembre, y dos fallecieron en el lugar de los hechos. Según informes de su vecina Domitilia González, Aidé trabajaba en la empresa maquiladora Jaropamex y tenían dos años de vivir en esta colonia y aseguran que era una familia muy unida, con poca relación con sus vecinos. Afirma que Abelardo González Rico trabajaba como chofer de taxi, con la organización Arcoiris.


UNA FAMILIA MUY UNIDA

La unidad familiar y el amor por sus hijos es lo que distinguía a los González Ramírez y Ramírez Cruz, según los testimonios de sus amigos y familiares, quienes recuerdan que la alegría y la solidaridad siempre estaban presentes. “Era muy alegre, muy pachanguero, apegado a sus abuelos”, declaró con voz entrecortada un familiar de Abelardo, quien recordó que a los 17 años vino de su natal San Buenaventura para residir en Ciudad Acuña, donde conoció a quien sería su esposa y con quien estaría hasta la muerte.

Aidé es recordada como una mujer, sencilla, dedicada al trabajo y a su hogar.

“Estaba muy emocionada con su bebé, ella amaba mucho a sus niños”, dijo Josefa Camargo, una de sus muchas compañeras de trabajo que la acompañó hasta su última morada, donde enfatizó: “Todos la queríamos, por eso estamos aquí”. Luz Mara no dejó de llorar y lamentar la muerte de los pequeños, a quienes “voy a extrañar, porque eran muy buenos y muy cariñosos”, dijo.

La afligida joven expresó que los niños llegaban a jugar con ella en su estética. “Eran juguetones y muy alegres, como sus papás. Era una familia muy unida”, concluyó.

Por Enrique González Correa, Jaime Hernández Cruz, Laura Estrada Lugo
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