Monclova
Por
Mario Valdés
Publicado el lunes, 29 de septiembre del 2025 a las 04:00
Monclova, Coah.- Rogelio Martínez Ponce, un maestro de educación física de 53 años, enfrenta una dura batalla tras haber superado el síndrome de Guillain-Barré, una enfermedad que lo llevó a sufrir graves secuelas al grado de quedar prácticamente inmóvil; a pesar de contar con un documento que respalda su incapacidad para poder trabajar, fue obligado a regresar a su puesto, lo que pone en riesgo su salud e integridad, acusando una negligente evaluación por una doctora del ISSSTE.
Martínez Ponce fue diagnosticado con Guillain-Barré hace más de un año, y aunque el 9 de junio de este año la doctora Lilia Guadalupe Hernández Salinas, quien tras una mala evaluación dictaminó negligentemente que estaba recuperado al cien por ciento, por lo que fue obligado a regresar a trabajar como maestro de educación física, asegurando que él aún experimenta fatiga extrema y otros problemas de salud.
“Me están mandando a trabajar, pero puedo caer y sufrir algún tipo de daño; la doctora solamente me tomó la temperatura, me dijo que levantara las manos y sin más ni más dijo que ya estaba recuperado, me quitó mis incapacidades y el trabajo que ya tenía para pensionarme derivado del diagnóstico del síndrome de Guillain-Barré “, explica.
Sin apoyo sindical
Rogelio Martínez Ponce ha intentado hacer valer sus derechos a través de su sindicato, pero hasta ahora no ha recibido respuesta.
“Me han dicho que enviaron mis documentos a México, pero no tengo noticias; esta situación me ha llevado a presentar una nota ante la prensa”, señala.
Según Martínez, la evaluación realizada por una doctora fue negligente, ya que omitió considerar las capacidades residuales que podrían afectar su desempeño laboral. “No sólo se trata de estar curado, es necesario evaluar cómo me afecta mi condición física actual”, añadió.
El maestro también critica la atención que recibió en su localidad, donde asegura que no se le tomó en serio en sus primeros intentos de búsqueda de ayuda médica.
“Fui a urgencias varias veces y me decían que no era importante, que si no me dolía nada no tenía nada o que a lo mejor andaba borracho, fue sólo en Saltillo donde recibí la atención que necesitaba”, recordó.
Con 31 años de trayectoria docente, Martínez Ponce busca una pensión que le permita vivir dignamente, pero teme que el tiempo se le acabe.
“Este proceso puede durar años y si me mandan a hacer nuevos estudios podría perder todo lo que he luchado”, concluyó preocupado por su salud y desgastado por su diagnóstico aún más que la instancia de salud que debería respaldarlo es quien lo está obligando a trabajar bajo el riesgo de trabajo.
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