Espectáculos

Publicado el sábado, 24 de diciembre del 2022 a las 20:00
Ciudad de México.- A dos pasos de la calle en la que nació y donde su padre le regaló su primera guitarra, se despidió para siempre de los escenarios Joan Manuel Serrat, en un concierto memorable que cerró conmovido y feliz, “porque todo lo que empieza tiene que acabar, y si acaba bien es fantástico”.
Con estas palabras y con un recuerdo para Salvador Escamilla, Quico Sabaté y Joan Ollé, el “Nano del Poble Sec” desapareció entre las cortinas de terciopelo rojo del escenario del Palau Sant Jordi, jaleado con una larga ovación, tras dos horas de canciones cargadas de recuerdos y melodías siempre emotivas, que lo fueron más porque no volverá a entonarlas en directo.
Minutos antes de empezar el concierto, un espectador llamado Enric entraba por la puerta y confesaba: “hace muchos años que no voy a un concierto, pero a este tenía que venir porque tengo la misma edad que Serrat, le vi empezar, le vi hacerse famoso y me tengo que despedir”.
Serrat cumplirá 79 años el 27 de diciembre, y los de su quinta no le olvidan, aunque la subida a la montaña de Montjuic donde está el Palau Sant Jordi no es apta para todas las edades.
Enric hizo el esfuerzo acompañado de Anna, su hija de 50 años, y María, su nieta de 20, porque Serrat ha tejido complicidades a lo largo de su larga carrera con varias generaciones y personas de todas las edades llenaron hasta la última silla de las más de 15 mil del recinto.
Enric, Anna y Maria, anónimos seguidores del cantautor, compartieron emociones el viernes con los muchos políticos y artistas famosos que coparon la zona VIP y las primera filas.
El presidente de Gobierno, Pedro Sánchez, acudió junto a otros políticos, como el ministro de Cultura y Deportes, Miquel Iceta, y la Alcaldesa de Barcelona, Ada Colau.
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Anónimos y famosos, todos disfrutaron en el Palau Sant Jordi de una fiesta inolvidable, en la que tanto sobre el escenario como en las gradas y la platea mandaron las emociones, y unos y otros han pasado de la alegría a nostalgia y de melancolía a la euforia en cuestión de minutos.
Para su paisanos, los que nacieron como él a orillas del Mediterráneo, y para los que fueron de lejos para decirle adiós, Joan Manuel Serrat preparó un repertorio especial, con más canciones en catalán de lo que ha sido habitual en la gira de despedida “El vicio de cantar 1965-2022”, que empezó en Nueva York hace ocho meses y que llegó a su fin, después de recorrer toda España y América.
Temps era temps es la canción que abrió un viaje sentimental que empezó con imágenes de la posguerra española en la gran pantalla del escenario y un recuerdo para aquellos niños que, como él, nacieron en “una grande y libre” y se entretenía con “Metro Goldwyn Mayer” y “lo toma o lo deja”.
Luego recordño a su madre con Cançó de bressol, a su padre con El carrusel del Furo, a la calle del Poble Sec que le vio crecer en El meu carrer, a su ciudad natal con Barcelona i jo y a su querido Miquel Hernández con Nanas de la cebolla.
El público aplaudió antes y después de cada canción, y en algunas también en medio.
Pero todavía faltaba mucho material sensible: Para la libertad ha levantado al público de sus asientos, La tieta ha hecho llorar a más de uno y Mediterráneo, podría haber sido la apoteosis, pero ha tenido que disputarla con Pare, Plany al mar, Cantares, Paraules d’amor y Una güitarra, la última él solo en el escenario.
Serrat, que en todos estos años aprendió a estar en todas partes como en casa, pudo disfrutar del placer de ser profeta en su tierra.
Porque quizás, como dice Antonio Machado y él canta, nunca persiguió la gloria, ni dejar en la memoria de los hombres su canción, pero ha conseguido las dos cosas.
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