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Redacción
Publicado el miércoles, 12 de noviembre del 2014 a las 01:07
Saltillo, Coah.- El Cinema Palacio, ícono de la historia de Saltillo, ubicado en Victoria y Acuña, en el corazón del Centro Histórico de nuestra capital, pieza clave del entretenimiento de los saltillenses en el siglo 20, ha sido vendido por la familia Ochoa a empresarios regiomontanos que convertirán dicho inmueble en una plaza comercial, que tendrá como tienda “ancla” a una importante zapatería.
Se desconoce el monto de la negociación, misma que ya quedó finiquitada; trascendió el fin de semana en medios empresariales, y según información a la que tuvo acceso Zócalo Saltillo, que sus nuevos propietarios, una familia de apellido Villarreal, de la ciudad de Monterrey, han establecido el compromiso de respetar la fachada, y la mayor parte de los elementos del cine que sea posible conservar y que puede servir de identificación al nuevo proyecto.
Trascendió que los empresarios regios, propietarios de una cadena de zapaterías, le están apostando con todo al Centro de Saltillo, pues además del edificio que alberga al Cinema Palacio, adquirió también la familia Garza Gutiérrez la casa donde hace varios años operó el restaurante El Cisne, ubicada en la calle Victoria, metros adelante de Padre Flores.
También tienen contemplado adquirir otra propiedad ubicada en el primer cuadro de la ciudad, por lo que establecerían tres nuevas zapaterías de su acreditada cadena, y una de ellas operaría como tienda “ancla” o principal en la plaza comercial que se construirá en el predio que hasta hoy todavía ocupa el Cinema Palacio.
Se cierra el telón, se apaga la magia…
Testigo mudo de una época de fulgor, el Cinema Palacio resistió estoico los embates de una industria altamente competitiva en el género del entretenimiento, sobreviviendo a otros como el Cine Royal, el Cine Saltillo, el Cine Florida y otros más que abrirían sus puertas después y las cerrarían con premura.
El edificio ubicado en el cruce de las calles Victoria y Acuña, fue levantado donde 62 años atrás (en 1879) viera la luz de este mundo el futuro militar e historiador Vito Alessio Robles, y desde su apertura fue un punto de reunión para la comunidad saltillense, la cual, cobijada por su majestuosa arquitectura, se pudo entregar en sus butacas al ensueño propio de las historias del celuloide.
¿Cuántas personas que aún viven no lo pisaron alguna vez en su infancia o su juventud? Seguramente hay quien recuerda haberse emocionado con las grandes producciones hollywodenses de los años 50, o con las aventuras del Santo en los 60, o haberse reído a carcajada batiente con Capulina en los 70.
¿Qué decir de cuando el sorprendente E.T. cautivó al mundo? Muchos niños empezaron a amar el cine en los 80 y fue ahí, en el Palacio donde ocurrió.
LA HISTORIA
En entrevista concedida a Zócalo en 2013, el último propietario del inmueble César Augusto Morelos Ochoa. relató que el abrir un cine fue idea de su abuelo, don Gabriel Ochoa, quien deseaba tener un lugar donde la gente pudiera convivir.
“Mi abuela María, en paz descanse, era muy devota, muy católica y a mi abuelo le decía ‘haz algo, Gabriel, un lugar para que vayan muchas personas, una cosa bonita, construye algo donde la gente pueda ir a dar gracias’”, contó César Augusto. “Él tenía en mente un cine, un cine al que sí fuera mucha gente”.
Fue entonces que, el visionario hombre mandaría construir el recinto en esa esquina, que sería el lugar de refugio de los amantes del séptimo arte. Fue un arquitecto regiomontano el que eligió el estilo “streamline” (aerodinámico), muy en boga en la industria estadounidense y con toques de barroco tardío, según el juicio del historiador en arquitectura Juan José Esparza, citado por el escritor Alejandro Pérez Cervantes.
La apertura se dio el 1 de diciembre de 1941, literalmente con bombo y platillo, ya que la ceremonia fue amenizada por la Sinfónica de Saltillo, dirigida en esa ocasión por el músico Jonás Yeverino Cárdenas.
No sería el único personaje de renombre relacionado al histórico cine; en 1946, el célebre pintor estadounidense Edward Hopper, en una segunda visita a Saltillo, durante su estancia en un cuarto en la azotea del desaparecido Hotel Arizpe Sáinz, realizó tres acuarelas, en una de las cuales plasmó el histórico edificio. La obra titulada precisamente “El Palacio” forma parte del acervo del Whitney Museum of American Art, de Nueva York.
“Cuántas cosas no contaría ‘el Palacio’, porque es toda una tradición, un lugar donde se acrisolaron infinidad de historias de todo tipo de personas. Desde gobernadores, gente muy importante de la industria, público en general, de todo”, destacó en aquella entrevista Morelos Ochoa.
OCASO Y RENACIMIENTO
Golpeado por las crisis económicas y el duro impacto que representó la llegada del video casero y los videoclubes, el Palacio resistió por años viendo cómo otros sucumbían a la tentación de proyectar pornografía, y un día sin más, cerró sus puertas.
Años más tarde, a principios de la década de los 90, con una “manita de gato” de por medio, el emblemático cine se reabrió con un concepto de cinema-teatro, recuperando un poco del fulgor de antaño con grandes puestas en escena provenientes de la capital del país, como “La Dama de Negro”, con el reconocido actor Germán Robles, o la fastuosa producción de “¡Qué Tal Dolly!”, con Silvia Pinal a la cabeza.
Pero en realidad, la esencia de sala de proyección fue la que prevaleció, y sobre todo como su fundador lo soñó: que fuera un lugar netamente familiar.
“Don Gabriel quiso siempre que fuera un cine familiar y así fue. Ahora lo tuvimos rentado muchos años y todavía mi abuelo, mi madre y su servidor seguimos con la tradición, pero ya no rentamos. Optamos porque lo manejáramos nosotros”, explicó.
UN SITIO DE NOSTALGIA
Son incontables las anécdotas sobre el antiguo Cine Palacio. Desde niño, César Augusto guardó un cariño muy especial hacia este lugar.
“Me traía mi abuelo chiquillo, ‘vente, vámonos al cine’, me decía. Él se venía y me dejaba con uno de los muchachos. ‘Ahí te encargo a mi nieto, ve y cómprale un dulce’ y le daba 10 pesos. Era mucho dinero en ese entonces y me compraban el dulce y listo. ‘Quédate con el cambio’, le decía. Y cuando no me llevaba, el muchacho le preguntaba ‘oiga, don Gabriel, ¿ahora no trajo a su nieto?’”, recordó César Augusto.
El descendiente de don Gabriel platica que a veces llegan personas y le piden que los dejen pasar para recordar viejos tiempos. Entran y buscan los asientos que solían ocupar en su juventud o en la niñez. “Eso a mí me da mucha alegría, que salgan bien contentos, nombre, ¡hasta chillando!”, menciona.
“Hubo una ocasión en donde nos solicitaron que proyectáramos un video de la vida de una persona que iba a cumplir 80 años, creo. Le iban a dar una sorpresa”, relató. El festejado pidió que lo trajeran a Saltillo para recorrer sus lugares favoritos que frecuentaba en sus mocedades. Uno de ellos, claro, el Cine Palacio.
“La familia había hecho una edición de todo lo que pudieron reunir y se lo proyectaron en la pantalla, desde que era niño. Ese día había público, estaba casi lleno y les extrañó ver ese video. No, pues emocionadísimos, toda la sala aplaudiéndole al señor. Salieron todos llore y llore”.
A la par de estos conmovedores recuerdos, también en el cine han surgido historias de amor o desamor, incluso algunas experiencias extrañas, como un amigo suyo que entró al cine y se subió a la luneta alta. “De pronto un griterío que se escuchó y la gente salió muy asustada de la sala”, narra, “luego vi a mi amigo muy campante salir y decirme adiós. Lo raro fue que salió por la planta baja. ¿Cómo llegó ahí? Pues se aventó desde la luneta y cayó entre las butacas del público”. Afortunadamente nadie salió herido.
En esa entrevista, el propietario dijo que había varias personas interesadas en comprar el inmueble y se hablaba de proyectos para hacer una cineteca y programar más actividades, pero el lugar siguió funcionando normalmente hasta hace unos días. El último evento realizado ahí fue la proyección de cintas como parte del primer Foro Internacional de Cine Saltillo Kikapoo.
Requiere trabajo especial
Se desconoce qué pasará con los negocios y establecimientos que hoy operan en el complejo del cine, entre ellos la Peluquería Palacio, que por décadas ha funcionado por el lado de la calle Manuel Acuña; además de una óptica, una tienda de bolsas y otra de regalos, por la calle Victoria, y si podrían llegar a ocupar un local en la nueva plaza comercial que ahí será construida.
No hay fecha todavía para iniciar la demolición del edificio, trabajos que tendrán que realizarse bajo un proyecto muy especial, si es que en verdad se pretende conservar la fachada, el acceso original, y demás elementos que pudieran ser útiles a la comercialización y mercadotecnia de la nueva plaza comercial, a la que habrá de ceder su espacio el todavía Cinema Palacio.
La noticia provocaría un fuerte impacto en la sociedad saltillense, porque la gran cantidad de anécdotas o vivencias relacionadas con el Cinema Palacio, que durante décadas fue el cine de lujo de nuestra ciudad, y al que llegaban los principales estrenos sobre todo de las películas extranjeras, principalmente de los éxitos de Hollywood.
En su faceta como teatro, además de estrellas como Silvia PInal y Germán Robles, también se presentaron Ignacio López Tarso, Adalberto Martínez “Resortes”, Jorge Ortiz de Pinedo, y Roberto Gómez Bolaños “Chespirito”.
En el complejo también operó la oficina representativa de la Compañía Operadora de Teatros, empresa que a nivel nacional administraba todas las salas cinematográficas del estado.
Por: rd
Jesús Jiménez y Aurelio Pérez
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