Espectáculos
Por
@Frank Estrada
Publicado el martes, 29 de julio del 2008 a las 16:47
Este verso de Villaurrutia expresa el espíritu de la cantante coahuilense: una voz intensa, que emociona; y una artista que se declara en aprendizaje.
Saltillo, Coah.- El instrumento musical primigenio es la voz. Tal vez no con los alcances de un piano y un violín, pero sí con la posibilidad única de la articulación que da paso a una fusión fundamental: la de la música y la poesía. Por ello entre los helénicos se decía que los poetas cantan.
La ejecución de un instrumento puede revelarnos la pasión de un músico, pero en la voz basta una inflexión o un ligero cambio para irradiar de pasión una obra.
Pero eso mismo implica el riesgo de arruinar una melodía. La voz es también, pues, el instrumento más delicado. El que requiere la mayor perfección. La voz es un Stradivarius tallado por Dios.
Una de las depositarias del don de la voz es la nigropetense Adriana Dávila, quien se presenta hoy en una gala individual en el Teatro de la Ciudad Fernando Soler.
SIN PRETENSIONES
Su currículum es impresionante: licenciatura en la Escuela Superior de Música de la UAdeC; el encuentro operístico del Institute of Vocal Arts de Nueva York, realizado en Chiari, Italia; visitante regular del encuentro operístico de verano en Saltillo.
Aun así, Adriana opta por la modestia y nos resume su trayectoria en unas cuantas líneas, sin citar nombres ni academias. También sin pretensiones, nos cuenta las sencillas motivaciones que la llevaron a este ámbito:
“Desde niña siempre me gustó cantar, pero entonces no con la idea de cantar clásico, siempre con los artistas populares del momento. Pero siempre tuve la inquietud de cantar y quería ser artista.
“Actualmente llevo cuatro años estudiando con una maestra en la Universidad de Houston”, asegura con modestia, pero su maestra es nada menos que Katherine Ciesinsky, directora del programa de ópera de la Universidad de Houston, Texas.
VOZ Y PERSONALIDAD
Su registro es el de Soprano Coloratura, tesitura que —nos explica— implica notas muy agudas, voz ligera, con registro de silbido para tonos sobreagudos.
“Las obras que me ponen o que elijo son arias que tienen esas cualidades: son altas y ligeras, que se acomodan a mi voz. Según las cualidades de la voz escoges al compositor y el tipo de repertorio con el que vas a trabajar. Hay música escrita para muchos tipos de voces y hay que escoger la adecuada para que la música no vaya a afectarse”, afirma.
El registro es también un ámbito de personalidad. Una gran voz no puede cantarlo todo. Pero cada tesitura, con sus características, ofrece una idea de personalidad y pone al descubierto un sentimiento.
“Entre las arias que voy a cantar mañana hay algunas que se acoplan muy bien a mi voz y al estilo del personaje. A veces hay canciones muy alegres o muy tristes con las que no te acomodas mucho. Por ejemplo el Ach Ich Fhúl’s de Mozart, sí me identifico un poquito más con el personaje”, nos adelanta.
Asimismo, dado que la ópera incluye a la actuación (entre muchas otras artes), la idea de “interpretar” adquiere dimensiones mucho más profundas.
“Tienes que estar cambiando de actitud y estar súper concentrada en darle la interpretación propicia, en sentir lo adecuado para transmitirlo. Es un espacio estricto. Tienes que conocer bien al personaje, muy a fondo.
“No es darle lo que yo siento. Esa flexibilidad no aplica. Cuando hacemos los análisis de las óperas tenemos que profundizar mucho en el personaje para poder darle la interpretación adecuada y no salirte”, afirma Adriana Dávila con una sonrisa.
Adriana comenta que el ámbito de la ópera es muy estricto: se puede imprimir emoción, pero sólo la que la obra permite o requiere.
No obstante, ella es flexible en cuanto a sus simpatías musicales. Es claro: los músicos nacen con oídos privilegiados y eso les permite escuchar de todo, siempre con talente crítico, pero con apertura y curiosidad. Así talentos como Yo-Yo Ma, Carlos Prieto o Astor Piazzola se han acercado a clásicos y a la música popular por igual.
Por ello, Adriana está de acuerdo con esas nuevas modas que acercan el ámbito operístico al gran público, aunque sea con un formato “light”, digerible o de plano comercial.
“Creo que está bien que lo hagan. Por ejemplo a mí me gusta lo que hace Sara Brightman, que en sus conciertos mete arias de ópera con arreglos, aunque la critican mucho. Hay otros cantantes como los divos estos de Il Divo. Yo creo que es una forma de llegarle a la gente y de interesarla en el repertorio de la música clásica.
“Mucha gente que no sabe nada ni en su vida ha escuchado ópera de repente me dice: ‘Hay una canción que me gusta mucho’ y no saben que es una aria de ópera y empiezan a buscar las fuentes originarias y creo que está muy bien”, afirma convencida, pero demuestra sus reservas, sobre todo porque estas manifestaci
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