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Cristal Romo
Publicado el jueves, 3 de noviembre del 2011 a las 15:00
Monclova, Coah.- Para aquellos que depositan su fe en la descarnada figura de la Santísima Muerte, el 2 de noviembre es día de celebración, momento de agradecer mediante oraciones y pago de mandas, la protección y milagros que afirman concede la cariñosamente llamada “Flaquita”.
Flores multicolores, veladoras, incienso, fruta, globos, vasos con agua, ofrendas que con infinita devoción fueron depositadas en el altar en honor a la “Niña Blanca”, quien en su día, se ha vestido de novia en señal de compromiso eterno con sus devotos.
La noche se adentró serena en el ambiente de aquella casa, los ruidos de la calle cesaron y en segundos las manos de las fieles se sumaron para encender las veladoras que junto al incienso, desgarraron la oscuridad e iluminaron el rostro huesudo de la festejada.
Bajo la vigilancia de las cuencas donde deberían estar los ojos de este personaje, se encontraba abierta una cajita de madera, lugar en donde los creyentes, antes de iniciar la misa, depositaron sus peticiones a la Santísima Muerte en espera de un milagro.
Congregados frente al altar, el rosario dio comienzo, muy parecido al de los católicos, pues anteponen sobre todas las cosas a Dios; sólo que con pequeñas modificaciones, ya que en las oraciones se agrega el nombre de la Santísima Muerte.
“Oh Jesús mío, perdona nuestras culpas, presérvanos del fuego del infierno. Santísima Muerte lleva al cielo todas las almas, especialmente a aquellas necesitadas de la misericordia de Dios”, comenzaron los rezos mientras una de las fieles bañaba con un líquido en spray a los presentes, a la vez que rogaba por su protección.
“Oh Virgen gloriosa y Muerte bendita, rueguen por nosotros para que seamos dignos de alcanzar, las divinas gracias y promesas de nuestro Señor Jesucristo”, continuaron las súplicas de adultos e infantes, encaminadas a exterminar la violencia que se desata en la sociedad sin freno alguno.
Lucy Monreal es una de ellas; desde hace tres años es creyente de la Santa Muerte, pues aseguró, fue gracias a ella que su hermano encontró la salud y fue protegido de todo mal.
“Los tatuajes que llevo en las piernas son mandas que he cumplido, son ofendas para mi Señora por los milagros que me ha concedido. Ahora le prometí la capilla y estoy cumpliendo”, afirma la mujer con suma franqueza.
Cada una de las almas ahí dispuestas, elevaron su voz en alabanza, nada distrajo su concentración, pues para ellos el Día de Muertos es el Día Mayor de su Santa Patrona.
“Demos gracias a Dios Nuestro Señor que en este día nos ha bendecido, nos ha dado el don de poder estar cerca de la Santísima Muerte para poder pedirle, orarle, rezarle. Despidámonos de Dios Nuestro Señor. Amén”, finalizó la oración que dio paso a que las gargantas de mariachis y devotos entonaran las tradicionales Mañanitas en honor a la “Niña Blanca”, y de ahí al aquelarre.
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