Coahuila
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Grupo Zócalo
Publicado el domingo, 3 de mayo del 2026 a las 06:00
Saltillo, Coah.- Dentro de la Escuela Normal de Profesores en Saltillo, existe un espacio poco conocido incluso para muchos habitantes de la ciudad, pero que resguarda millones de años de historia: el Museo de Paleontología. No es un museo convencional.
Aquí no sólo se exhiben fósiles; se cuenta, pieza por pieza, cómo era Coahuila cuando estaba cubierto por mares, habitado por reptiles gigantes y atravesado por ecosistemas que hoy parecen imposibles en el desierto.
La exposición principal, Coahuila Cretácica: juegos que reconstruyen el pasado, parte de una incógnita por parte de turistas como de los mismos coahuilenses: ¿por qué en Coahuila sí hay fósiles y en otros estados cercanos no en la misma cantidad? La respuesta está en el movimiento de la misma tierra.
Un mar de diversidad
Belinda Espinoza, historiadora del museo, recuerda que hace millones de años, los continentes formaban un solo bloque conocido como Pangea: con el paso del tiempo, ese supercontinente comenzó a fragmentarse, dando origen a la configuración actual del planeta.
Durante el periodo cretácico, entre hace aproximadamente 65 y 73 millones de años, la región donde hoy se encuentra Coahuila estaba ubicada en una zona costera, un límite entre mar y tierra; una vez que el territorio se tornó desértico y se unió con el resto del continente americano, lo cambió todo.
“Por eso aquí encontramos fósiles marinos, terrestres y de playa; no es sólo que hubiera dinosaurios, había una diversidad enorme de vida”, explicó Belinda.
Partiendo con algunos de los elementos más importantes del museo, aunque a simple vista parezca modesto, son los amonites, organismos marinos con conchas en espiral que hoy están extintos. Para los paleontólogos, no son sólo fósiles; estos funcionan como herramientas.
Cada capa de roca representa un momento específico en la historia de la Tierra. En esas capas quedaron atrapados restos de organismos que vivieron bajo ciertas condiciones de temperatura, clima y ecosistema. Los amonites, que existieron durante millones de años antes de extinguirse junto con los dinosaurios.
A través de las líneas de crecimiento en sus conchas, llamadas suturas, los especialistas pueden determinar la edad de las rocas y ubicar temporalmente otros fósiles encontrados en el mismo estrato.
En Coahuila, estos organismos aparecen en tamaños sorprendentes que parten desde ejemplares diminutos hasta otros que alcanzan dimensiones comparables con una llanta de tractor. Muchos de ellos fueron recolectados antes incluso de que existieran museos formales en la región, como lo es el Museo del Desierto.
“Había piezas en casas particulares. Era algo que la gente tenía, pero no se dimensionaba su valor”, expresó Espinoza.
Uno de los aspectos más claros que el recorrido mantiene a la vista es que el paisaje actual de Coahuila es engañoso. Donde hoy hay cerros áridos, alguna vez hubo playas ricas en numerosas especies similares a las del Caribe.

Tomando el camino hacia el mundo de los corales, estos organismos son clave para reconstruir el pasado porque sólo viven en condiciones muy específicas que denotan que existían en aguas limpias, temperaturas estables y poca agitación. Su presencia y de otras especies indican que, durante el Cretácico, esta región tenía mares tranquilos, claros y llenos de vida.
A su alrededor coexistían erizos de mar, moluscos, caracoles y crustáceos. Muchos de estos organismos tienen equivalentes actuales, lo que permite establecer comparaciones directas entre pasado y presente.
En algunas rocas, lo que se conserva no es el organismo en sí, sino su huella: la marca que dejó al desaparecer. En otras, se pueden observar acumulaciones completas que permiten inferir incluso la dirección de las corrientes marinas.
“Un fósil no siempre es el cuerpo. A veces es la evidencia de que algo estuvo ahí”, explica la guía.
Entre las piezas más llamativas, para los más pequeños, están los dientes de tiburón. A diferencia de los huesos, que rara vez se conservan por estar formados de cartílago, los dientes sí se fosilizan con facilidad. Esto se debe a que los tiburones mudan constantemente sus dientes a lo largo de su vida lo cual permitió que se pudieran prevalecer al día de hoy.
En el museo se pueden observar ejemplares de distintos tamaños y formas, demostrando principalmente que, a través de la evolución, fueron tomando esa forma en pico que los caracteriza, estos registros se tienen ya qué fueron adaptados a dietas específicas como triturar moluscos.
Algunas de las piezas más valiosas son indirectas: galerías excavadas por cangrejos, ahora rellenas de sedimento o incluso excremento fosilizado. Este último, lejos de ser un elemento curioso, permite a los paleontológos reconstruir dietas, enfermedades y hábitos de los organismos.

“De cualquier organismo que pudiéramos encontrar las heces, pudiéramos determinar la dieta, ya ves cuando nos enfermamos, nos hacen análisis y ahí te sale todo, qué es igual aquí”, señaló Espinoza.
En la sala terrestre, el visitante se encuentra con uno de los hallazgos más importantes del museo, que son huellas fosilizadas de aves del Cretácico que, aunque son sutiles, estas marcas permiten reconstruir escenas completas del pasado. No sólo indican la presencia de animales, sino cómo se movían: si caminaban, corrían, o incluso si lo hacían en grupo.

Construyen el pasado
En el municipio de Ramos Arizpe se han encontrado rastros con una diversidad comparable a sólo otro sitio en el mundo, ubicado en China. Este tipo de registros coloca a la región en un mapa paleontológico de relevancia internacional.
El punto culminante del recorrido es el esqueleto de un adrosaurio, conocido como dinosaurio “pico de pato”, montado con huesos originales.
Fue descubierto en 1996 por un equipo de la propia institución y montado un año después. Al considerarlo por su gran altura de siete metros de largo, este no corresponde a un ejemplar adulto.
Su importancia no radica sólo en su tamaño, sino en el proceso detrás de su recuperación. Cada hueso fue extraído cuidadosamente del campo, protegido con yeso, trasladado al laboratorio y restaurado pieza por pieza.
“El trabajo de campo es lo más pequeño, todo el mundo tiene la idea de que el paleóntologo se la pasa en el campo, escarbando y ya, pero hay huesos rotos, hay que pegarlos, hay que estudiarlos, ver que le falta; es como si tuviéramos un rompecabezas”, explicó Espinoza.

La paleontología moderna no se limita a identificar especies. También busca entender cómo vivían, cómo murieron y qué ocurrió con sus restos hasta ser descubiertos. Este enfoque integral se conoce como tafonomía.
El museo también forma parte de investigaciones que han dado a conocer especies nuevas para la ciencia.
Uno de los casos más recientes es Paraxenisaurus normalensis, un dinosaurio identificado a partir de restos encontrados en la región. Otro más reciente es Mexidracon longimanus, presentado en 2025, cuyo nombre hace referencia a sus extremidades delanteras inusualmente largas.
Por explorar

El recorrido no se limita a la paleontología…
También incluye áreas de arqueología y actividades en laboratorio, donde los visitantes pueden interactuar con herramientas científicas.
A pesar de su riqueza, el museo sigue siendo poco conocido. Su historia se remonta a las décadas de 1970 y 1980, cuando comenzó como un espacio pequeño que integraba distintas áreas del conocimiento.
Gracias al trabajo de docentes, estudiantes e investigadores, se ha consolidado como un punto clave para el estudio del pasado en la región.
Hoy, mientras otras instituciones concentran la atención mediática, este museo continúa operando como un espacio de formación, investigación y divulgación.
Aprenden del tiempo

Estos descubrimientos no son resultado de hallazgos rápidos…
Sólo el proceso de limpieza de algunos fósiles puede tomar años, seguido de estudios detallados y colaboraciones con especialistas nacionales e internacionales.
A diferencia de otros espacios, el Museo de Paleontología de la Normal mantiene un enfoque profundamente educativo.
Está pensado especialmente para estudiantes, desde nivel básico hasta universitario que han presentado sus proyectos de tésis en la institución.
Las explicaciones se adaptan según la edad del público, utilizando más imágenes que texto y recurriendo a comparaciones con elementos actuales para facilitar la comprensión.
Además, el acceso es gratuito, lo que permite que escuelas de zonas periféricas puedan visitarlo sin las limitaciones económicas que implican otros recintos.
Con información de Alondra Martínez.
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