Amigas y amigos, en medio de la emergencia sanitaria y la inminente recesión económica en el mundo, en México cerramos la semana con el decreto por medio del cual se instruye, a las dependencias y entidades de la Administración Pública Federal, para que lleven a cabo los procesos para extinguir o dar por terminados todos los fideicomisos públicos sin estructura orgánica y a más tardar el 15 de abril, deberán ser concentrados la totalidad de los recursos públicos federales en la Tesorería de la Federación.
El decreto establece que el propósito del Gobierno es “combatir el despilfarro de los bienes y recursos nacionales y la administración de los recursos con eficiencia, eficacia, economía, transparencia y honradez para satisfacer los objetivos a los que están destinados”.
Por lo que vale mencionar en principio, que un fideicomiso es una figura jurídica que opera en el ámbito privado como un contrato jurídico mercantil y financiero, en el que el “fideicomitente” deposita en una institución “fiduciaria” es decir, instituciones financieras y bancarias, la propiedad o titularidad de bienes o derechos, para que sean destinados, aprovechados y administrados a favor de un beneficiario, es decir del “fideicomisario”.
Bajo esta lógica se trasladó esta figura del ámbito privado, al de la Administración Pública, para la administración de recursos públicos y dar respuesta a las necesidades sociales, entre esos fideicomisos se encuentra el Fonden, uno de los más emblemáticos en nuestro país.
Es de todos conocido, que los sismos ocurridos en 1985 marcaron un parteaguas en materia de protección civil y prevención, por ello, se creó el Sistema Nacional de Protección Civil un año después, desde entonces –y al mismo tiempo– que el calentamiento global, ha traído en consecuencia el cambio climático con el creciente impacto de fenómenos naturales cada vez más violentos.
Fue así que en 1996 se creó el Fondo Nacional de Desastres Naturales, como un Programa del Ramo 23 del Presupuesto de Egresos de la Federación, evolucionando su capacidad operativa hacia 1999, con el propósito de atender de manera eficaz daños a la población e infraestructura física pública a causa de los efectos de desastres de origen natural y a lo largo de 25 años, se había venido perfeccionando como un sólido instrumento para la gestión integral del riesgo de desastres; a la fecha, el Fonden estaba integrado por dos instrumentos presupuestarios, el Programa Fonden para la Reconstrucción y el Programa Fondo para la Prevención de Desastres Naturales Fopreden y sus respectivos fideicomisos.
Cabe mencionar que la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA por sus siglas en inglés) pronostica una alta actividad de huracanes en 2020, que será aproximadamente de 140% mayor que la temporada anterior, periodo comprendido del 1 de junio al 30 de noviembre según proyecciones.
Sobra hablar del desastre ocasionado con la desaparición del Seguro Popular y la creación del Insabi, sin reglas de operación por no decir en total opacidad y la grave crisis que se ocasionó en el Sistema Nacional de Salud con la desaparición del Fondo de Protección contra Gastos Catastróficos, bajo los mismos criterios y que hoy más que nunca, nos ubica en un estado de vulnerabilidad sin precedentes para enfrentar la emergencia sanitaria ocasionada por el coronavirus.
Otra vez, se toman recursos que se venían ejerciendo bajo reglas establecidas –perfectibles sí– en todo momento, a cambio de lo que “le gustaría” al Presidente, que prefiere destinarlos a programas sociales, reactivar la economía, para apoyar a Pemex y para pagar deuda –a quien– la emergencia sanitaria con el sistema de salud diezmado, en un escenario de recesión económica, con su Gobierno que ha negado prórrogas fiscales que procuren liquidez a las empresas en el corto plazo, ha dicho que todo esto “le queda como anillo al dedo”.
El Presidente da la espalda y traiciona al Pueblo de México, sobre todo al personal médico, de enfermería, administrativo y sanitario que hoy está en la primera línea, expuesto, sin recursos, sin insumos, ni adecuada protección para enfrentar la atención de la pandemia, el Presidente a cada paso, deja ver que no está dispuesto a renunciar a su Tren Maya, su Aeropuerto, ni a su Refinería a costa de los mexicanos, esto sin duda, no será olvidado.
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