Coahuila
Hace 2 años
No existe un manual de manifestaciones ni un protocolo de actuación en caso de protesta social. De hecho, por definición, toda reivindicación en el espacio público es legítima tomando como punto de partida el derecho a la libertad de expresión sumado al derecho de reunión, establecido en el Artículo 9 de nuestra Constitución Política. Naturalmente, siempre que sean estas de carácter pacífico y tengan un objeto lícito.
Saltillo es tan tranquilo en ese sentido que cualquier expresión multitudinaria se magnifica como un suceso histórico. La huelga de Cinsa-Cifunsa de 1974, la marcha del Coahuila Digno de 2017, o el Movimiento Feminista de 2019 y 2023, en ambos años el 8 de marzo, son ejemplos de aglomeraciones reunidas en torno a un fin específico que se recuerdan debido a su alcance.
Por otro lado, y en sentido contrario, son comunes en la ciudad los plantones donde participan los mismos de siempre: no más de 60 personas identificadas por su vínculo afectivo y emocional a Morena, independientemente de las causas que se traten: lo mismo libros de texto que desaparecidos o asuntos magisteriales. Consignas idénticas y anacrónicas para tópicos diversos.
Sin embargo existe un universo de expresiones culturales que escapan al campo de acción de los partidos políticos y organizaciones de la sociedad civil. Ayer ocurrió una de ellas.
Agrupados en el lema “El Tec no es cantina”, alrededor de 2 mil estudiantes criticaron, entre otras cosas, que el frontispicio del Instituto Tecnológico de Saltillo, considerado patrimonio cultural del Estado, se haya convertido en el área VIP de la malograda Feria Saltillo 2023 (la distinción de castas en una verbena popular) y exigieron la renuncia de su directora, María Gloria Hinojosa Ruiz.
El escenario es novedoso y ha funcionado desde 2022 como alternativa céntrica para conciertos gratuitos (desplazarse hacia los terrenos de la Feria por la noche sin transporte público, para dimensionar, es en cambio una odisea). Además, la intersección de avenida Universidad y bulevar Venustiano Carranza es un punto arquitectónico inmejorable con muy buen tino visual. Evidentemente al “cochista” saltillense molesta que sus vialidades habituales, por donde circula con preferencia por encima (literalmente) del peatón o cualquier otro medio de desplazamiento, sean cortadas momentáneamente para que otros que no sean él y su coche –o dicho por orden de importancia, su coche y él– puedan disfrutar del espacio público así sea por espacio de tres horas. Nada nuevo bajo el sol: nuestra inexistente cultura vial.
Más allá de criterios moralinos acerca de lo sucedido en el evento del 14 de septiembre, que oficialmente reunió a 50 mil personas con la presentación del Grupo Frontera, o la presunta indignación que es, en realidad, intento de sacar raja política, es difícil conocer a fondo las causas que motivan a los jóvenes a manifestar su opinión.
Reunidos en torno a un tema común como coartada, en la masa existen pulsiones particulares que intervienen: hartazgo, resentimiento, o simples ganas de pasar un rato de convivencia con sus iguales fuera de las aulas. Es el desenvolvimiento de la personalidad. Lo que Salvador Allende atinadamente definió en una frase: “Ser joven y no ser revolucionario, es una contradicción hasta biológica”.
Como pocas veces ocurre, salieron de las instalaciones educativas hacia la calle, no causaron destrozos (no por lo menos al momento de redactar estas líneas) aunque sí colapsaron el tráfico por 12 horas en la principal arteria de la capital.
En la cultura norteña es usual desestimar cualquier atisbo de protesta con un “pónganse a jalar”, o “pónganse a estudiar” en el caso que nos ocupa. Que no son excluyentes entre sí, justo es decirlo, pero desembocan en el mismo punto: someter al orden y la disciplina.
Sea como sea, los actos de expresión son sanos en una democracia participativa como la que aspiramos a ser. No es más que visibilizar problemas y posicionar temas en la agenda pública. Aire fresco en una comunidad apática por excelencia.
Cortita y al pie
Ahora bien, pensar o peor aún, creer, que Morena (o el PT o cualquier cosa que se haga llamar 4T) es el vehículo para canalizar el descontento, y permitir que los abanderados de dichos emblemas lucren con las movilizaciones genuinas, es básicamente reducir a cero la validez de las mismas.
Las manifestaciones, como la ideología woke: entre más orgánicas mejor. Sin ingredientes artificiales. No infectadas por oportunistas. Para ello es ineludible aislar a los azuzadores. Excluir a quienes pretenden adjudicarse la paternidad de algo que no han gestado.
La última y nos vamos
Por lo demás cabría preguntarse si se trata de un caso aislado, o significa un fenómeno con carga viral. De ser así, ¿puede contagiar al vecino de enfrente, la Universidad Autónoma de Coahuila, de cara a la sucesión de Rectoría en 2024?
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