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Alcanza verticalidad a la muerte: ‘Ya no hay tierra… pero sí paredes’

  Por Paola Casas

Publicado el domingo, 2 de noviembre del 2025 a las 04:05


Si Saltillo ‘crece para arriba’, también perece de esta forma

Saltillo, Coah.- Más personas optan por espacios verticales en templos y panteones, una tendencia que refleja transformaciones culturales, económicas y urbanas que alcanzan incluso la forma de morir.

Fui a buscar información para velar y enterrar a mi padre. Ya está desahuciado por los médicos, quienes le dieron menos del mes de vida. Acudí con mi hermano al panteón Santo Cristo y nos dijeron que no hay terrenos, sólo nichos. Creo que será necesario cremar su cuerpo para que tenga un lugar donde descansar”, comenta Fabiola, una joven madre que, entre la tristeza y la responsabilidad, ha tenido que enfrentar una de las decisiones más duras de su vida: prever el destino del cuerpo de su padre.

Su caso, aunque íntimo, representa una realidad colectiva. Saltillo, como muchas ciudades que crecen sin pausa, se quedó sin espacio para enterrar a sus muertos. La tierra escasea y la muerte, al igual que la vivienda, se adapta a la verticalidad.

‘Solución’ ante la saturación

La falta de espacio en los cementerios tradicionales ha hecho que las funerarias y las iglesias opten por criptas y columbarios, espacios modulares donde se depositan urnas o féretros. En algunos casos caben cuerpos completos, pero la cremación es la modalidad más buscada.

A primera vista parecen muros de mármol o concreto con pequeñas placas doradas, sin embargo, detrás de cada una hay una historia familiar, una memoria y una nueva forma de concebir la muerte.
Saltillo sigue el camino de las grandes ciudades: enterrar hacia arriba, una práctica que además de práctica se vuelve simbólica. “Ya no hay tierra, pero sí paredes”, dicen algunos encargados de los templos.

Fenómeno creciente

La tendencia hacia la verticalidad no sólo afecta la vivienda. En Saltillo, donde los terrenos se han vuelto costosos y escasos, la muerte también ha tenido que economizar espacio. La lógica del crecimiento urbano se impone: si la ciudad vive hacia arriba, también se muere hacia arriba.

Aunque muchos piensan que optar por una cripta puede ser más económico, el costo sigue siendo considerable. Una velación y cremación puede sumar hasta 30 mil pesos, sin incluir el nicho.

En la iglesia de San Esteban, en el Centro Histórico, el precio de un espacio para cuatro urnas es de 18 mil pesos, y de 26 mil para ocho. No hay facilidades de pago; todo debe cubrirse de contado.

En la parroquia de Santiago Apóstol, en la colonia Los Valdés, el columbario está en expansión: se construirán 3 mil 200 nuevas criptas, además de un nuevo templo con estacionamiento. Los precios van de 18 a 24 mil pesos, dependiendo de la ubicación del nicho; las filas superiores e inferiores son las más baratas.

Mientras tanto, en el panteón Santo Cristo, los nichos cuestan 22 mil pesos con espacio para cuatro urnas, mientras que los mausoleos familiares, capaces de albergar cenizas y un ataúd, alcanzan los 56 mil pesos. Ninguno incluye el servicio funerario ni la cremación.

Una nueva forma de entender la muerte

Las criptas no solo son una alternativa espacial: son también una expresión cultural.
Durante décadas, los saltillenses se despidieron de sus muertos con velorios de cuerpo presente, cortejos y sepulturas en tierra. Hoy, esa imagen se transforma. La muerte comienza a simplificarse y adaptarse a la vida moderna, donde los tiempos, los espacios y los costos dictan las decisiones.

En templos y capillas, las paredes blancas cubiertas con placas metálicas reemplazan a las cruces de hierro y las lápidas de mármol. Desde ahí, los nombres de los difuntos parecen elevarse hacia el altar.

Es como seguir bajo la protección de Dios”, comentan los fieles. Esa idea de descanso espiritual dentro de una iglesia otorga consuelo a las familias, que prefieren este entorno cerrado y luminoso frente al paisaje melancólico de un panteón. 

‘Economía’ de la muerte

El auge de las criptas ha abierto una nueva industria funeraria, donde la muerte se organiza, se planea y se renueva. Las parroquias y funerarias ofrecen preventas, paquetes familiares y planes a largo plazo. Algunos contratos duran 20 o 30 años, con opción de renovación.

A diferencia del entierro tradicional que se concibe como “para siempre”, los columbarios implican una muerte administrada, ajustada al ritmo del mundo moderno.

Esta racionalización del duelo también refleja una mutación social profunda: la muerte deja de ser un acto solemne de comunidad para convertirse en una decisión privada, práctica y programada.

Saltillo se verticaliza… incluso en la muerte

El fenómeno tiene una raíz clara: el crecimiento urbano. Saltillo, como otras ciudades del norte, vive un proceso acelerado de densificación. Los terrenos disponibles disminuyen y los panteones más antiguos se saturan.

La respuesta ha sido una arquitectura funeraria moderna que combina diseño, espiritualidad y aprovechamiento del espacio.

El acto de “morir en altura” tiene un fuerte simbolismo. Representa descansar en muros compartidos, en el corazón de la ciudad, no en su periferia. Es una forma de permanecer dentro del tejido urbano, más cerca del hogar y de la rutina de los vivos.

Incluso desde la perspectiva estética, los nuevos columbarios se asemejan a edificios residenciales: ordenados, limpios y verticales. Una proyección del mismo modelo de ciudad que habitan los vivos.

Los simbolismos

La verticalidad funeraria también puede leerse como un reflejo de la sociedad contemporánea.

En la ciudad moderna, donde todo se organiza por niveles —vivienda, trabajo, ocio— la muerte no podía permanecer ajena. Los nichos y criptas son el equivalente arquitectónico de los departamentos: modulares, compartidos, ordenados y funcionales.

Esta nueva disposición no sólo responde a la necesidad física de espacio, sino a una visión moderna del ser humano: más independiente, más urbano, más consciente del costo del terreno y del tiempo.

Incluso la noción de “descansar en altura” evoca una espiritualidad contemporánea: menos terrenal, más simbólica, más cercana al cielo, pero también más controlada y limpia.

Sentido emocional

Más allá de lo práctico, muchas familias eligen las criptas por razones emocionales. En los panteones, el abandono y el deterioro son frecuentes. En cambio, los templos ofrecen entornos limpios, seguros y cuidados, donde las visitas se sienten más cercanas y espirituales.

Algunos templos organizan misas anuales por las almas de quienes descansan en sus muros, convirtiendo el recuerdo en un acto colectivo. Otros ofrecen planes conmemorativos, mantenimiento y ceremonias en fechas especiales. Este tipo de espacios reconfigura la experiencia del duelo, transformándola en una convivencia entre fe, memoria y administración.

Ruptura con la tradición

Saltillo, una ciudad con fuerte tradición religiosa, vive una transición silenciosa.

Las criptas no sustituyen del todo la costumbre del panteón, pero marcan una evolución inevitable.

El entierro tradicional, asociado a la familia extensa y a la tierra como símbolo de continuidad, da paso a una muerte más urbana, más íntima y menos ritual.

Hoy muchos jóvenes prefieren dejar estipulado que sus restos sean cremados. Algunos lo hacen por practicidad, otros, por convicción ambiental.

Necesidades de una ciudad vertical

Saltillo, que crece hacia arriba en viviendas, plazas y torres, también aprende a morir hacia arriba.

Las criptas no sólo resuelven la falta de espacio: simbolizan una nueva relación con la muerte, más racional y menos ritual, más práctica pero no menos espiritual.

Cada pared blanca con decenas de placas es un espejo de la ciudad que la rodea: estructurada, compacta, cambiante.

La verticalidad, más que una solución física, se ha convertido en un lenguaje que abarca todos los aspectos de la vida y ahora también, de la muerte.

Las criptas, silenciosas y verticales, son el nuevo rostro del descanso eterno: un reflejo de una sociedad que, incluso al morir, sigue buscando cómo adaptarse al espacio que le queda.

 

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