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Coahuila

Algo que no sabías del Teatro García Carrillo

Por Carlos Gaytán Dávila

Hace 1 año

El edificio del Teatro Antonio García Carrillo de Saltillo, que por la gracia de Dios aún se conserva, fue terminado de construir en 1910, al inicio de la Revolución Mexicana.

El uno de diciembre de 1910 se dio la exhibición de 2 mil 300 metros de películas en función corrida y por tandas. El costo: 15 centavos en galería y 40 centavos en luneta y anfiteatro.

Este recinto del arte fue uno de los más importantes de la provincia mexicana y construido por los ingenieros Teodoro Sam Abbott y Severino García Cárdenas.

Abbott explicaba que la parte que ocuparía el público frente al foro era circular, que las paredes eran dobles, de ladrillo, —paralelas, unidas una a la otra en varias partes, para reforzar la edificación—, “formando un conjunto perfectamente sólido y seguro”. Las galerías estaban amarradas por gruesas viguetas de hierro.

En 1906, el gobernador Miguel Cárdenas, firmó un contrato con la empresa constructora del señor Antonio Dávila Ramos, quien se compromete a la edificación en un lapso de dos años.

Para realizar el diseño de la obra, el empresario contrató al inglés Henry Windon, quien había construido la residencia de los señores Purcell de la calle de Hidalgo.

El 27 de julio de 1910 fue cuando se inauguró el entonces moderno edificio. El señor García Carrillo y su familia atendieron a los invitados a quienes ofreció puros y cigarrillos, como un presente muy especial de inició de las actividades de la sala.

Dieron una explicación o recorrido para apreciar las instalaciones desde las lunetas y plateas, las decoraciones que se presentaron sucesivamente en el escenario, lo mismo que los tonos de luces suaves y la completa iluminación eléctrica, todo un prodigio de modernidad en esa época.

El historiador Arturo Villarreal Reyes en su libro Teatro García Carrillo, crónica de un incendio, editado en 1998, patrocinado por el ayuntamiento de Saltillo, describe parte de la ceremonia inaugural:

“El miércoles 27 de julio de 1910, del año del centenario del inicio de la guerra por la independencia de México, el Teatro García Carrillo está listo para su inauguración. Eran las seis de la tarde cuando se dieron cita las autoridades encabezadas por el gobernador Jesús de Valle.

La comitiva fue recibida por el señor Antonio Dávila Ramos, junto a su esposa Doña Prudencia Ramos. Invitados y autoridades pasaron al hall del teatro para brindar con una copa de champagne.

Enseguida, el Gobernador de Valle declaró inaugurado el nuevo teatro, considerándolo “un templo de las artes”.

El nombre que lleva el teatro Antonio García Carrillo es en honor de un distinguido abogado, sabio y probo Gobernador, además de literato y buen ciudadano.

La Revista La Voz de Coahuila incluye que la “erudición del señor García Carrillo no termina donde termina todo lo terrenal”, sino que la transmitió a su primogénito, don José García Rodríguez, escritor de renombre en la ciudad y director por muchos años del centenario Ateneo Fuente de Saltillo.

Diez años después se presenta la tragedia que casi lo destruye.

La noche del 3 de septiembre de 1920, con la presentación de la obra teatral El loco Dios, el teatro sucumbiría a consecuencia de un feroz incendio y con tan solo 10 años de existir se convertiría en una leyenda. Únicamente quedó su acceso frontal, el salón de fumadores y los camerinos en la parte alta, elementos correspondientes a la fachada y la primera instancia.

Todo el interior quedó convertido en cenizas, aunque su estructura resistió al fuego, de tal suerte que, al no ponerle mano en su rehabilitación, sus dueños decidieron poner en renta algunas de sus instalaciones que quedaron en buen estado. Ahí vivieron algunos personajes importantes de la ciudad y se ocuparon las habitaciones del segundo piso que eran los vestidores los artistas, donde vivieron varias familias, hubo una fabrica de ropa y un ala sirvió de famoso y popular billar.

El Teatro García Carrillo es un monumento digno de la ciudad, representativo de las postrimerías de Gobierno del dictador Presidente de la República, Porfirio Díaz Mori, con el estilo clásico forjado por la cantera y de un estilo muy europeo que le imprime carácter a la ciudad.

Adquirido por el Ayuntamiento a cargo de Óscar Pimentel González, el espacio fue reinaugurado como Centro Cultural a finales de 1999.

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