Coahuila
Hace 5 dias
Boxeador, luchador, nevero, frutero, fundador de Tortas Popeye, don Jesús Guerrero, será recordado siempre por cientos de saltillenses, con quien guardó una amistad sincera, por su carisma y condescendencia, siempre con el deseo de complacer, dar gusto y acomodarse a la voluntad del otro.
Y, vamos, que el hombre se dejaba querer y admirar desde un “modesto” puesto de madera tipo estanquillo, no mayor de dos metros cuadrados, desde donde no sólo derrochaba simpatía, sino ricas tortas calientes, de ternera, pierna de puerco, de jamón, aguacate, cebolla y jitomate y una combinación con otros productos alimenticios, todo sobre pan francés.
Don Chuy Guerrero fue líder de los comerciantes ambulantes de Saltillo y lógico es suponer que obtuvo un puesto en el callejón que conecta a Pérez Treviño, con Damián Carmona, a espaldas del Mercado Juárez, que por azares del destino cedió a otra persona y siguió con su puesto de churros y frituras en la calle de Juárez.
Casó su hijo mayor Jesús y le dejó el lugar muy bien acreditado. Él obtuvo un pequeño estanquillo de madera, en la esquina de Juárez y Matamoros, donde decide vender dulces y frituras, junto a su inseparable doña Coco Martínez para mantener a 12 vástagos.
Un día se le ocurre hacer unos lonches de aguacate y jamón para darles de comer a algunos de sus hijos pequeños. Los cortó a la mitad, coincidentemente pasaron unos niños recién terminadas las clases de la Escuela Coahuila, muy cercana al modesto negocio, y le peguntan: “¿Vende lonches, don Chuy?”. “No”, responde y les ofrece probarlos. Los chamaquitos le dieron esa magnífica idea. El señor Guerrero le dice a doña Coco: “¡Voy a vender lonches!”, y comenzó el proyecto que, por más de 40 años, se mantuvo ahí en Matamoros y Juárez. Fueron algunos de esos niños quienes le pusieron el apodo a la tortería, pues don Jesús, antiguo luchador y boxeador, creó un cuerpo musculoso que lucía en su lugar de trabajo; uno de los chiquillos, dijo: “¡Se parece a Popeye el marino!”, el de las historietas famosas.
Nació en San Pedro de las Colonias y murió en Saltillo en 2014, a los 80 años. Diez años después le siguió doña Coco, quien, junto a algunos de sus hijos, recibió la encomienda de seguir con el compromiso social de ofrecer las ricas tortas Popeye a propios y extraños. Dejaron gran descendencia, pues al momento de escribir esta nota, había 12 hijos, 67 nietos, 37 bisnietos y cuatro tataranietos.
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