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La Jornada
Publicado el sábado, 24 de enero del 2026 a las 14:50
Ciudad de México.- México enfrenta una presión que trasciende el resultado de un partido. No sólo tiene la presión de ganar, sino también de convencer a una afición molesta por los fracasos recientes. Cada convocatoria es un juicio público. Para el seleccionador nacional Javier Aguirre, la presión no es nueva, pero el margen de error parece más estrecho de los tres procesos que ha encabezado rumbo a la Copa Mundial.
Aguirre prepara el partido amistoso contra Bolivia, en la altura de Santa Cruz, a pesar del ruido y las dudas que no termina por resolver. Sabe que el torneo es su última gran batalla.
“ Estos partidos muestran el verdadero tamaño del jugador”, afirma en conferencia de prensa, cuestionado por la falta de una alineación titular. “Ya le dije al grupo que es muy complicado que jueguen los 27, pero los entrenamientos sirven. La convivencia me ha permitido conocerlos un poquito más”.
No hay temor en sus pasos, sólo ese caminar pausado de quien ya ha visto llover fuego y sale de ahí con el paraguas intacto. Su gran desafío es amalgamar la experiencia de los viejos referentes en el Tri, como Raúl Jiménez y Edson Álvarez, con la energía de la juventud que pide pista de manera urgente. Después del triunfo sobre Panamá, El Vasco planea darle un nuevo giro a los últimos meses de preparación.
“ Es mejor esto que el mal llamado micro ciclo, porque convives con el jugador, con el ser humano, con la persona, y los sometes a un ambiente diferente al que no está acostumbrado”, explica, convencido de que ningún elemento tiene cerradas las puertas del Tricolor, incluidos naturalizados y antiguos mundialistas.
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