ESTIMADOS LECTORES Y LECTORAS:
Este tema es muy lindo, porque hablar del amor es hablar de lo más bello que existe en el mundo. El amor es lo que mueve al mundo.
En esta ocasión leí este escrito por ahí y lo guardé, porque me identifiqué mucho con su penar. Y estoy de acuerdo.
Sin embargo, ahí viene el “pero”, hay situaciones engañosas que para cuando acuerdas ya estás dentro de ese terrible círculo de la violencia, donde el hombre minimiza sus acciones violentas y misóginas, sin darnos cuenta. Ojo.
No te prohíbas vivir un amor con madurez, porque cuando llega, no lo hace como un huracán juvenil que arrasa y se va, sino como una brisa intensa que sabe a dónde soplar.
En la edad adulta, el amor se convierte en un lujo y en un privilegio, un encuentro donde la prisa ya no existe y el tiempo parece detenerse para dar espacio a lo esencial: sentir, compartir y saborear.
Ya no se ama por llenar vacíos ni por buscar aprobación, sino porque se elige, con conciencia y con el alma despierta.
El amor adulto es ese abrazo que no necesita promesas apresuradas, porque ya entendimos que el amor no se mide en palabras bonitas, sino en gestos constantes.
Es mirar a los ojos y descubrir que no se teme a la profundidad, que las cicatrices no asustan, porque cada una cuenta una historia que merece ser escuchada.
En esta etapa, la pasión no es un fuego descontrolado, sino una llama firme, capaz de calentar y encender sin destruir.
Se juega con el deseo, sí, pero con la destreza de quien conoce los caminos y sabe prolongar el placer de recorrerlos. No hay ansiedad por llegar al final, porque se entiende que el verdadero tesoro está en el trayecto, en la pausa, en los silencios que arden y en las miradas que hablan más que cualquier palabra.
Es renacer en los brazos de alguien que respeta tu libertad, que no quiere cambiarte, sino inspirarte.
Es darse la oportunidad de sentir intensamente sin miedo a perder, porque se comprende que lo que se vive con entrega nunca es pérdida, sino experiencia.
El amor maduro es un regalo que no todos reciben, y si la vida te lo pone enfrente, no lo dejes pasar.
Pero, ojo, tendría que ser ese rato tierno, comprensivo, sin violencia disfrazada de “así soy yo”, tosco, que por euforia te puede tomar de los cabellos por la nuca, diciéndote que es euforia, alegría, emoción.
Que no te confundan, que la euforia no es violencia, que la emoción no es violencia.
No te quedes ahí donde sabes que el trato es violento, no importa que sea de repente, porque ese de repente te puede llevar a algo más serio.
Hay que tener todos los sentidos abiertos, sobre todo, esos jueguitos o frases misóginos entre líneas.
Donde no te dejan hablar, donde te minimizan con comentarios egocéntricos. Ególatras.
Algunas personas se quedan porque no se dan cuenta de que ya están dentro de ese círculo de violencia que empieza con una seducción muy sutil, que te va envolviendo poco a poco sin darte cuenta.
Ya estás dentro, no importa qué ganancias puedas tener, nunca serán mejor que una vida en paz, en armonía, en tranquilidad, eso sí no es negociable… jamás.
Un abrazo fraterno.
Su amiga, mediadora y terapeuta Verónica.
Diosito por delante.
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